China se convirtió en los últimos meses en el mayor productor y exportador de protectores médicos. Ya son alrededor de
20 mil las fábricas, la mayoría instaladas luego de que se expandiera el virus nacido en
Wuhan, China, en noviembre pasado.
De aquellas, solo 1.500 están certificadas para realizar máscaras faciales de calidad médica.
Sin embargo, a medida que aumenta la demanda las preocupaciones por la calidad de los productos también crece de manera preocupante, sobre todo porque
la mayoría de los nuevos jugadores de la industria no están certificados para la Unión Europea o los Estados Unidos. Otros mercados, más laxos en sus controles, permitirían su ingreso.
Las máscaras que están produciendo las flamantes empresas de la salud chinas
son KN95, similares pero no idénticas a las N95 
que son las recomendadas para uso medicinal, ya que los protege del virus
SARS-CoV-2 que produce el
COVID-19. Las producidas en China también filtra el 95 por ciento de las partículas en el aire, pero no están clasificadas como de grado médico. “
Las compañías que solían producir lámparas hicieron una rápida renovación de sus talleres y comenzaron a hacer máscaras. ¿Crees que la calidad está garantizada?”, dijo un hombre de negocios de
Hangzhou. Tampoco quiso hacer pública su identidad:
nadie en China quiere ser reprendido por el régimen por dar malas noticias.
Algunos de los nuevos empresarios de insumos de la salud incluso falsifican certificados para poder exportar, bajo la posible complicidad de algunos funcionarios del régimen.