
EEUU: China tiene que pagar
La
Comisión de Derecho Internacional ha
estipulado que los Estados que incurren en "hechos internacionalmente ilícitos" (
internationally wrongful acts) como los perpetrados por el chino en esta crisis colosal han de reparar el daño causado por vía de restitución, compensación, satisfacción y
garantización (de que nunca más volverán a provocarlo), explica Kraska. Y agrega que los Estados damnificados pueden adoptar contramedidas para obligar al malhechor a hacer lo que debe; contramedidas que hasta podrían comprender actuaciones que en circunstancias no extraordinarias serían consideradas violaciones de la legalidad internacional.
Los Estados agraviados no pueden amenazar, recurrir al uso de la fuerza o atentar contra los derechos humanos de los ciudadanos del Estado agraviador, abunda Kraska; pero sí dejar de atenerse a las obligaciones contraídas con él, actuar en comandita y presionarle a modo hasta que se avenga a restituir o compensar y en todo caso a dar garantías de que nunca más volverá a causar un destrozo igual.
Kraska pone ejemplos concretos de cómo forzar a China a que se haga cargo del tremendo daño causado por el coronavirus: se puede revocar su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC); se le puede despojar de la dirección de las
cuatro agencias de la ONU que actualmente controla, entre las que se cuentan la FAO y la Organización de Aviación Civil Internacional; por cierto, también se pueden prohibir los vuelos a China incluso durante años; y hasta se puede incurrir en actos de desestabilización doméstica del régimen comunista como el sabotaje del cortafuegos cibernético que impide a los súbditos de Xi Jinping acceder libremente a internet.
Ya puestos a concretar, y a ir con todo contra la China criminalmente negligente y temeraria, los también profesores de Derecho John Yoo (Berkeley) y Robert Delahunty (St. Thomas)
abogan no sólo por imponer sanciones económicas a los funcionarios chinos implicados en el estrago y a las compañías chinas que están sacando tajada de la pandemia, sino por gravar sustancialmente las importaciones chinas, restringir las inversiones chinas, expropiar propiedades chinas y, ¡no va más!, cancelar la deuda norteamericana con el gigante comunista (1,7 billones de dólares), a fin de crear un fideicomiso para resarcir a los estadounidenses más perjudicados por la hecatombe. (Con lo que ya de paso, apuntan estos juristas, Washington ajustaría cuentas con Pekín por la cancelación de deuda que dictó el carnicero Mao en cuanto se hizo con el poder en 1949).
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