ClonqueClonazo
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uta los weones apurones...la idea era mañana jajaja







El domingo 9, un día muy especial para mi hija menor, se efectuaron las actividades de costumbre con que celebrábamos su cumpleaños. En la tarde llegaron a mi hogar varias visitas que nadie podía calificar de complotadores, pues venían con motivo del cumpleaños de mi hija.
A la hora del té vino el Comandante en Jefe de la FACH, General Gustavo Leigh, con quien pasé al escritorio so pretexto de mostrarle un mapa recientemente adquirido. Allí podía exponerme ahora lo que no había podido hacer días antes. En esa ocasión me dijo que las cuatro Instituciones unidas podrían derrocar al Gobierno marxista, que se nombraría una Junta de Gobierno, cuyo Presidente sería yo, pese a que él era dos días más antiguo, a lo que repliqué que esa afirmación era un error de su parte, pues los Comandantes en Jefe representan a sus Instituciones en el orden Ejército, Armada y FACH. Como aceptó lo que yo le exponía y no era momento de discusiones, luego me limité a escucharlo y decirle que el Ejército no tenía problemas para actuar. Estábamos en ese lugar conversando sobre nuestra resolución, cuando llegaron a la casa dos altos Jefes de la Armada, a quienes mí esposa los hizo pasar al escritorio donde nos encontrábamos con el Comandante en Jefe de la FACH. Allí manifestaron que ellos eran portadores de un documento del Almirante Merino, Jefe de la 1 Zona Naval.
Todo se terminó de gestar en el cumpleaños de su hija po wn
Mi mayor satisfacción era la forma como habíamos mantenido el secreto de la operación, ya que nada se había filtrado, y cuando hubo sospechas, éstas habían sido disipadas por el propio Allende. Ahora, cualquier indiscreción, al aumentar el número de los participantes, podía anular lo que con tanto cuidado se había planificado. Por tal razón, me preocupé especialmente al término de la reunión de recalcar a los visitantes que todo debía desenvolverse en forma normal y en el mayor secreto, pues cualquiera indiscreción, filtración o infidencia no sólo nos costaría la vida, sino que haría fracasar la acción. Insistí que ante el menor antecedente que captaran los agentes del Gobierno, que tenían una excelente red de espionaje, todo estaba perdido. Los visitantes se retiraron, sin aceptar la taza de té que les ofrecí, y la vida continuó bajo la apariencia de la más absoluta tranquilidad. El cumpleaños de mi hija Jacqueline se continuó celebrando en un ambiente familiar y de amistad, como siempre lo hemos hecho con nuestros hijos. Cuando regresé al living, no faltó quien me preguntara por tanta visita militar, a lo que respondí que mi hija estaba muy regalada ese día. Mi apariencia tranquila y la celebración de su cumpleaños dejaba afuera toda sospecha. Creo que nadie se pudo imaginar que allí, en aquella casa, hacía pocos minutos, se había resuelto una acción cuya honda trascendencia cambiaría el destino de Chile.

1974

