Walter Nelson
Berto 2022
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Científicos del CERN consiguieron hacer realidad uno de los sueños más antiguos de la humanidad: transformar plomo en oro. Sin embargo, el experimento tiene una condición sorprendente. El oro aparece… pero no dura lo suficiente para recogerlo.
El laboratorio ya no está hecho de piedra, sino de acero y superconductores. El experimento ALICE, dentro del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, consiguió lo que generaciones enteras solo imaginaron: transformar núcleos de plomo en núcleos de oro.¿Cómo lo lograron? Mediante colisiones ultrarrápidas entre átomos de plomo lanzados en direcciones opuestas a velocidades cercanas a la luz. En ese roce microscópico, los campos electromagnéticos arrancan uno, dos o incluso tres protones del núcleo. Si el plomo (que tiene 82 protones) pierde tres, se convierte en oro (que tiene 79). Un paso más, y la transmutación soñada es real.Para detectar este fenómeno casi fantasmal, se utilizaron detectores de altísima precisión, llamados calorímetros de cero grados, diseñados por el Instituto Nacional de Física Nuclear de Italia. Entre 2015 y 2018, se contabilizaron más de 86.000 millones de núcleos de oro formados… aunque esa cifra puede engañar.
El proceso, aunque fascinante, es tan costoso y fugaz que no servirá para fabricar joyas, ni monedas, ni lingotes. Pero deja algo más profundo: una prueba de que los alquimistas no estaban tan equivocados. Convertir una sustancia en otra sí es posible. Solo necesitaban un acelerador de partículas, no una piedra mágica.
La gran trampa de este milagro científico es el tiempo. El oro creado no dura. En menos de una fracción de segundo, esos núcleos colisionan nuevamente o se desintegran en protones, neutrones y otras partículas menores. En total, todo ese oro reunido equivale a apenas 29 millonésimas de millonésima de gramo. Imposible de recuperar, imposible de utilizar.
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El laboratorio ya no está hecho de piedra, sino de acero y superconductores. El experimento ALICE, dentro del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, consiguió lo que generaciones enteras solo imaginaron: transformar núcleos de plomo en núcleos de oro.¿Cómo lo lograron? Mediante colisiones ultrarrápidas entre átomos de plomo lanzados en direcciones opuestas a velocidades cercanas a la luz. En ese roce microscópico, los campos electromagnéticos arrancan uno, dos o incluso tres protones del núcleo. Si el plomo (que tiene 82 protones) pierde tres, se convierte en oro (que tiene 79). Un paso más, y la transmutación soñada es real.Para detectar este fenómeno casi fantasmal, se utilizaron detectores de altísima precisión, llamados calorímetros de cero grados, diseñados por el Instituto Nacional de Física Nuclear de Italia. Entre 2015 y 2018, se contabilizaron más de 86.000 millones de núcleos de oro formados… aunque esa cifra puede engañar.
El proceso, aunque fascinante, es tan costoso y fugaz que no servirá para fabricar joyas, ni monedas, ni lingotes. Pero deja algo más profundo: una prueba de que los alquimistas no estaban tan equivocados. Convertir una sustancia en otra sí es posible. Solo necesitaban un acelerador de partículas, no una piedra mágica.
La gran trampa de este milagro científico es el tiempo. El oro creado no dura. En menos de una fracción de segundo, esos núcleos colisionan nuevamente o se desintegran en protones, neutrones y otras partículas menores. En total, todo ese oro reunido equivale a apenas 29 millonésimas de millonésima de gramo. Imposible de recuperar, imposible de utilizar.
El oro imposible: La ciencia logra la mítica transmutación del plomo, pero con una trampa inesperada
Científicos del CERN consiguieron hacer realidad uno de los sueños más antiguos de la humanidad: transformar plomo en oro. Sin embargo, el experimento tiene una condición sorprendente. El oro aparece… pero no dura lo suficiente para recogerlo.
Las 4 alas de mercurio.
Creer que la wea es literal.
