kaporal98
Animal
- Registrado
- 2023/09/07
- Mensajes
- 2.254
- Sexo

A mi me parece que ahora existe una obsesión por demostrar desapego emocional. Mientras más frío, más indiferente y más cínico uno aparente ser, más “maduro” te consideran, acá el foro esta plagado de ejemplos, pero convengamos que todos o la mayoría acá somos weones dañados.
Hablan como si tratar a las personas con distancia fuera una señal de inteligencia emocional, cuando también puede ser una forma elegante de estar cagado de miedo de mostrarse y de abrirse, e intentar camuflarlo.
Todo se interpreta desde la lógica de la utilidad; las amistades sirven cuándo som útiles, las parejas tienen que ser útiles; "las minas son pasar el rato y ganar experiencia nomás, amachate pendejo culiao". y todas las personas son totalmente reemplazables. Incluso el afecto y las relaciones parecen pasar por filtros de rendimiento, conveniencia y desgaste. Y cualquiera que todavía crea en vínculos profundos cómo uno, termina siendo tratado de aweonao, ingenuo o infantil, o de: te falta sexo.
Lo irónico es que este supuesto realismo y madurez, también nace de heridas emocionales no resueltas. Gente que fue traicionada, abandonada, humillada o decepcionada y que terminó convirtiendo su dolor en una filosofía completa sobre la naturaleza humana: “todos son reemplazables”, “las personas van y vienen”, etc. Todas estas frases dichas con una seguridad y un orgullo... como si anestesiarse emocionalmente fuera evolución personal.
Yo digo que aprender a no sentir demasiado no es necesariamente madurar, esto también debería implicar conservar la empatía sin volverse ingenuo. Claro, pudiendo reconocer la imperfección de la gente pero sin convertir cada vínculo en una transacción emocional. Entender que las personas pueden decepcionarte sin por eso reducirlas automáticamente a objetos de consumo. Porque cuando todo se mira desde el descarte, la utilidad y la autosuficiencia extrema, las relaciones humanas empiezan a parecer mercados y no vínculos.
No niegp que existe superficialidad, interés, egoísmo, niuna de esas weás, pero reducir toda experiencia humana a eso también es una forma de simplificación infantil, aunque la intenten disfrazar de lucidez. Y se siente mas como si no estuvieran defendiendo una verdad incómoda, sino protegiéndose desesperadamente de mostrarse o ser vulnerable. Como si necesitar a alguien fuera humillante. Como si encariñarse demasiado fuera perder en la vida. Con razón cada vez estamos mas cagados, todo parece desechable.
Es mas triste para mi vivir sin poder conectar profundamente con otros, que arriesgarse a sufrir alguna vez.
Hablan como si tratar a las personas con distancia fuera una señal de inteligencia emocional, cuando también puede ser una forma elegante de estar cagado de miedo de mostrarse y de abrirse, e intentar camuflarlo.
Todo se interpreta desde la lógica de la utilidad; las amistades sirven cuándo som útiles, las parejas tienen que ser útiles; "las minas son pasar el rato y ganar experiencia nomás, amachate pendejo culiao". y todas las personas son totalmente reemplazables. Incluso el afecto y las relaciones parecen pasar por filtros de rendimiento, conveniencia y desgaste. Y cualquiera que todavía crea en vínculos profundos cómo uno, termina siendo tratado de aweonao, ingenuo o infantil, o de: te falta sexo.
Lo irónico es que este supuesto realismo y madurez, también nace de heridas emocionales no resueltas. Gente que fue traicionada, abandonada, humillada o decepcionada y que terminó convirtiendo su dolor en una filosofía completa sobre la naturaleza humana: “todos son reemplazables”, “las personas van y vienen”, etc. Todas estas frases dichas con una seguridad y un orgullo... como si anestesiarse emocionalmente fuera evolución personal.
Yo digo que aprender a no sentir demasiado no es necesariamente madurar, esto también debería implicar conservar la empatía sin volverse ingenuo. Claro, pudiendo reconocer la imperfección de la gente pero sin convertir cada vínculo en una transacción emocional. Entender que las personas pueden decepcionarte sin por eso reducirlas automáticamente a objetos de consumo. Porque cuando todo se mira desde el descarte, la utilidad y la autosuficiencia extrema, las relaciones humanas empiezan a parecer mercados y no vínculos.
No niegp que existe superficialidad, interés, egoísmo, niuna de esas weás, pero reducir toda experiencia humana a eso también es una forma de simplificación infantil, aunque la intenten disfrazar de lucidez. Y se siente mas como si no estuvieran defendiendo una verdad incómoda, sino protegiéndose desesperadamente de mostrarse o ser vulnerable. Como si necesitar a alguien fuera humillante. Como si encariñarse demasiado fuera perder en la vida. Con razón cada vez estamos mas cagados, todo parece desechable.
Es mas triste para mi vivir sin poder conectar profundamente con otros, que arriesgarse a sufrir alguna vez.





