Los hebreos, antes de ser denominados como tales, eran una tribu de comerciantes nómadas de origen mesopotámico hace aproximadamente 3.800 años, o, para quienes prefieran la terminología romano-cristiana, hacia el año 1800 a.C.
Los actuales hebreos provienen exactamente de la antigua ciudad de Ur en Mesopotamia, relativamente lejos de Palestina. En algún momento de la historia, estos grupos nómadas de la mano de Abrahán, llegaron al territorio que sus escrituras denominan Canaán, una importante franja territorial del Oriente Medio. En esta región se desarrollaron ciudades como Jericó, Ugarit, Tiro, Sidón y Biblos, y actualmente comprende zonas donde se encuentran Jerusalén, Damasco, Cisjordania y Gaza.
Los aún no denominados hebreos llegaron a esta zona y simplemente se asentaron en ella. Canaán era una región próspera ubicada entre el Mediterráneo y el río Jordán. Con el tiempo, se enfrentaron a varios de los pueblos que ya habitaban el sector desde mucho antes, entre ellos amorreos, jebuseos, hicsos, fenicios, arameos y filisteos. Precisamente de estos últimos derivarían los palestinos según determinadas interpretaciones históricas y hasta etimológicas.
En cuanto a lo de entrar en conflicto con estos grupos que ya habitaban ¿Han escuchado hablar de las "Murallas de Jericó"? Se trata de relatos hebreos que posteriormente pasaron a la Biblia cristiana y que describen una importante victoria militar de este pueblo.
Fueron los actuales hebreos quienes ocuparon y despojaron de sus tierras a cada uno de estos pueblos para tomar posesión de la tierra que su Dios les había prometido. Hasta aquí ya estamos hablando de una parte de la historia que muchos judíos actuales no suelen mencionar, pues acostumbran resaltar los acontecimientos desde Moisés en adelante, dejando de lado siglos de ocupación, conflictos y disputas territoriales.
Años más tarde, esta tribu, que ya tenía cierta fama en la región, emigró de Canaán debido a una sequía que provocó tiempos de hambruna. Algunos hebreos se trasladaron a Egipto, donde, gracias a que José, hijo de Jacob, gozaba del favor del faraón, fueron inicialmente bien recibidos y establecidos en ese territorio.
Con el paso del tiempo, esta tribu comenzó a aumentar considerablemente su población, hasta convertirse, según los relatos tradicionales, en una preocupación para las autoridades egipcias. Fue entonces cuando estas adoptaron una serie de medidas para mantenerlos bajo control. Ya en tiempos de Ramsés II, se les obligó a trabajar para el Estado egipcio a cambio de permanecer en el territorio. Sin embargo, ellos consideraron esta situación una forma de esclavitud.
De ahí provendría el término egipcio antiguo "Ibrú", que significaría esclavo, palabra que más tarde habría derivado en "hebreo". A partir de ese momento, la historia se vuelve más conocida: los hebreos se sublevaron y abandonaron Egipto bajo el liderazgo de Moisés, dando inicio al relato que posteriormente se convertiría en uno de los pilares de su identidad histórica y religiosa, así como de la narrativa sobre su presencia en la región y la llamada tierra prometida.