nayibdonoso
Pendejit@
- Registrado
- 2004/08/05
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Un hombre le relataba a otro porqué había despedido a su secretaria; dos semanas atrás, contaba él, fué mi cumpleaños número 37 y no me sentía nada bien cuando me levanté esa mañana.
Fuí a desayunar sabiendo que mi esposa estaría contenta y me diría "Felíz Cumpleaños", y quizás tuviera un regalo para mí, pero ella ni siquiera me dió los buenos días.
Yo dije para mis adentros... "Bueno, quizás mis hijos se acuerden". Los niños vinieron a desayunar y no dijeron una sola palabra.
Cuando me fui a mi oficina me sentía totalmente deprimido, y para mis adentros pensé "Ni siquiera el perro se mostró agradecido, valiente chiste este de celebrar un cumpleaños más. A toda mi familia le importó poco".
Al entrar en mi despacho, mi bella secretaria, María, me dijo:
"Buenos días Don Roberto, quiero decirle que le deseo un felíz cumpleaños!".
Ahí me empecé a sentir un poco mejor, por lo menos ella sí se acordaba. Después de innumerables reuniones y telefonazos, ya cerca de las dos de la tarde, entró María y me dijo:
"Sabes, hace un día precioso y además es tu cumpleaños, ¿que tal si vamos a comer los dos solos, tú y yo?".
Y yo me dije: "Esta es la mejor cosa que he oido en todo el día", asi que tomé mi saco y salimos, en vez de ir a comer al lugar acostumbrado, fuimos a un sitio "seguro", en el campo, un lugar mucho más privado. Comimos y nos tomamos varios martinis, la comida estuvo deliciosa, nos divertimos bastante.
De regreso a la oficina, ella dijo "Sabes, ¿para qué desperdiciar este ambiente?, mejor no regresemos a la oficina; en vez de regresar, te invito a mi departamento en donde te podré preparar unos deliciosos martinis o lo que tú quieras."
Una vez dentro del departamento, puso música suave (por cierto una de mis preferidas), la luz tenue y me dijo de manera prometedora "Si no te molesta, creo que voy a mi recamara a cambiarme de ropa y ponerme algo mas cómodo, ahora regreso".
Yo la dejé ir... no me molestaba eso. Ella entró en su habitación, cerrando la puerta a su paso, y a los seis minutos regresó cargando un gran pastel de cumpleaños... seguida de mi esposa, hijos y algunos compañeros de oficina, todos ellos cantando "Cumpleaños Feliz".
Y allí estaba yo, en pelotas y con los puros calcetines puestos. :matrix_99 :matrix_99
Fuí a desayunar sabiendo que mi esposa estaría contenta y me diría "Felíz Cumpleaños", y quizás tuviera un regalo para mí, pero ella ni siquiera me dió los buenos días.
Yo dije para mis adentros... "Bueno, quizás mis hijos se acuerden". Los niños vinieron a desayunar y no dijeron una sola palabra.
Cuando me fui a mi oficina me sentía totalmente deprimido, y para mis adentros pensé "Ni siquiera el perro se mostró agradecido, valiente chiste este de celebrar un cumpleaños más. A toda mi familia le importó poco".
Al entrar en mi despacho, mi bella secretaria, María, me dijo:
"Buenos días Don Roberto, quiero decirle que le deseo un felíz cumpleaños!".
Ahí me empecé a sentir un poco mejor, por lo menos ella sí se acordaba. Después de innumerables reuniones y telefonazos, ya cerca de las dos de la tarde, entró María y me dijo:
"Sabes, hace un día precioso y además es tu cumpleaños, ¿que tal si vamos a comer los dos solos, tú y yo?".
Y yo me dije: "Esta es la mejor cosa que he oido en todo el día", asi que tomé mi saco y salimos, en vez de ir a comer al lugar acostumbrado, fuimos a un sitio "seguro", en el campo, un lugar mucho más privado. Comimos y nos tomamos varios martinis, la comida estuvo deliciosa, nos divertimos bastante.
De regreso a la oficina, ella dijo "Sabes, ¿para qué desperdiciar este ambiente?, mejor no regresemos a la oficina; en vez de regresar, te invito a mi departamento en donde te podré preparar unos deliciosos martinis o lo que tú quieras."
Una vez dentro del departamento, puso música suave (por cierto una de mis preferidas), la luz tenue y me dijo de manera prometedora "Si no te molesta, creo que voy a mi recamara a cambiarme de ropa y ponerme algo mas cómodo, ahora regreso".
Yo la dejé ir... no me molestaba eso. Ella entró en su habitación, cerrando la puerta a su paso, y a los seis minutos regresó cargando un gran pastel de cumpleaños... seguida de mi esposa, hijos y algunos compañeros de oficina, todos ellos cantando "Cumpleaños Feliz".
Y allí estaba yo, en pelotas y con los puros calcetines puestos. :matrix_99 :matrix_99


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