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Mentiras, Mitos, Misterios Sin Resolver, Creepy Pasta, etc

cuatico el caso de la madre canibal :naster:
vere la pelicula de la huerfana ,si saben de mas peliculas como de ese tipo ambientadas en weas reales se agradeceria :vale:
noche de terror :vale:


¿ cual caso de madre caníbal ?
que película es esa o es caso real ?
 
Antroneros, como acotación.. cuando citen un post y sea muy largo, apliquen spoiler po ctm :lol2:, es tedioso bajar y bajar la pagina.

No se donde rechucha esta el boton "spoiler" o no existe, asi que seleccionen el post y cambian "manualmente"(?) el "[ Q U O T E ] [ / Q U O T E ] por [ s p o i l e r ] [/ s p o i l e r ]"

:buenaonda:



si no te gusta entonces no lo leas
o pasa de largo, a mi no me molesta, déjenlo no mas, está bien así.

Sobre lo que pasó en las montañas con esos montañistas, entonces, saben ... creo que fue un experiemto miltar ruso con algún tipo de animal modificado, algún animal creado en laboratorio, clonado, para guarras,, como arma, lo probaron con esta gente en la montaña, por eso las luces donde los milicos se avisaban del punto a ir a buscar, atrapar el animal, etc. Creo que eso mismo, es lo que hacen con el chupacabras.

Alguien piensa similar ?
 
si no te gusta entonces no lo leas
o pasa de largo, a mi no me molesta, déjenlo no mas, está bien así.

Sobre lo que pasó en las montañas con esos montañistas, entonces, saben ... creo que fue un experiemto miltar ruso con algún tipo de animal modificado, algún animal creado en laboratorio, clonado, para guarras,, como arma, lo probaron con esta gente en la montaña, por eso las luces donde los milicos se avisaban del punto a ir a buscar, atrapar el animal, etc. Creo que eso mismo, es lo que hacen con el chupacabras.

Alguien piensa similar ?

Viste Devil's pass?, deje el link unos post más atrás.

Enviado desde mi XT1058 usando Tapatalk 4
 
Son ucranianos, ya hablamos de esa wea y el posible snuff.

El usuario g00gle_240394 Parte 1

Tenía yo dieciséis años cuando comencé a trabajar. Mi primer trabajo fue en un cibercafé en el cual trabajaba un amigo, gracias a él entré a ese lugar. Él estuvo enseñándome todo lo que debía saber por algunas semanas; después de ese lapso de tiempo dejó el trabajo y me quedé solo por casi dos meses. En ese transcurso de tiempo recuerdo un día muy peculiar, cuando conocí a un usuario llamado g00gle_240394. El nombre me extrañó un tanto, pues llevaba la palabra Google escrito con dos ceros sustituyendo las o, pero supuse que sólo era alguien aburrido, porque lo primero que me dijo fue, «¿Qué estás haciendo?».
Antes de contestar miré a mi alrededor, pues el chat por el cual me comenzó a hablar era el que controlaba los ordenadores en el cibercafé. Los usuarios del servicio usaban ese chat casi nunca, sólo lo ocupaban algunos tímidos para enviar mensajes como «¿Puedo mandarte a imprimir?» o «¿Me permites usar tu baño?». Normalmente, el chat lo ocupábamos los que estuviéramos de encargados para avisarles que íbamos a cerrar o alguna cosa por el estilo. El local estaba casi lleno, pero el mensaje fue enviado desde una máquina que el PC del administrador (es decir, yo) no reconocía. La ventana del chat se veía algo así:
Cyber Chat: Admin 02 PC: 00
g00gle_240394: ¿Qué estás haciendo?
Supuse que algún tipo listo había cambiado la configuración de su ordenador. Si ese mismo tipo había logrado cambiar el nombre predeterminado del usuario, el cual debería ser en el chat algo como «Usuario PC 01», pues entonces también era capaz de cambiar la configuración predeterminada de su máquina. Para asegurarme, le contesté:
«Veo q cambiaste la configuración de tu maquina, pero quien es tan tonto como para enviar un mensaje al administrador después de hacer algo así, gracias a esto ya lo note, pon todo en orden por favor, gracias».
Tardó un par de segundos en contestar, pero al hacerlo sólo se disculpó y no volvió a escribir. No supe quién había sido, pues luego revisé todas las máquinas por medio de la mía y no vi ningún mensaje enviado. Tal vez fue alguien robándose la señal, de todas formas sólo era el encargado del local, así que no podía hacer mucho. Cuando estuve con el dueño, antes de cerrar, le comenté lo sucedido, y él me dijo que lo revisaría y me retiré. Al día siguiente mi jefe me dijo que no había ningún interceptor en la señal, pues la única forma de conectarse era por medio del cable de Ethernet; me refrescó la memoria diciendo que habíamos desactivado la señal wi-fi porque varios negocios de la cuadra la utilizaban y eso ralentizaba la red. No respondí nada, pero me quedé con la duda.
Pasaron un par de días y ya me había olvidado de lo sucedido, pero ese usuario volvió un día por la tarde, haciendo la misma pregunta. Esta vez no le contesté y decidí mostrarle a mi patrón el mensaje para así poder saber de dónde provenía. Transcurrieron aproximadamente unos 20 minutos hasta que apareciera en el chat que el usuario g00gle_240394 estaba desconectado. En ese momento mi jefe entró al lugar y le dije que viera a la pantalla; lo que le mostré fue una ventana de chat sin PC seleccionada y en blanco, totalmente en blanco. Me preguntó la razón por la que le había mostrado eso, pero me limité a decir, «Vaya que soy descuidado, creo que lo cerré, olvídelo, no era nada…».
Ese día me sentí como un tonto y pensé que lo mejor era que yo mismo descubriera a ese sujeto. Llegué a mi casa y descargué un programa para localizar ordenadores alrededor del mundo. Pasaron muchos días sin que apareciera, casi dos semanas. Había instalado el programa en la máquina del cibercafé.
Entonces llegó el día, g00gle_240394 volvió con su pregunta. Inmediatamente busqué el programa y me di cuenta de que no estaba en donde lo había dejado, sin acceso directo o archivos en disco; mas no me detuve ahí —pensé que mi jefe pudo haberlo borrado, pues cada vez que descargaba algo sin una explicación, él solía borrar los archivos sin dar previo aviso—. Busqué de nuevo el programa, pero al estar descargándolo ese sujeto se desconectó… sólo que esta vez me dijo lo siguiente antes de retirarse:
«Si querías saber de dónde soy, ¿por qué no lo preguntaste?».
Al parecer él sabía, de alguna manera, que lo quería localizar. El archivo se descargó y comencé a rastrear la procedencia del mensaje, pero casi al finalizar la ventana volvió a ponerse en blanco como la vez pasada y el programa marcó «error». No me di por vencido y lo guardé en una USB, de esta forma no correría el riesgo de perder el programa de nuevo.
Él volvió a escribirme justo al día siguiente. Sabía cómo funcionaba el programa, así que decidí entretenerlo mientras terminaba de buscar. Hizo la misma pregunta:
«¿Qué estás haciendo?».
«Trabajo, q me dices tú???».
«Interesante, ¿acaso trabajas en un cibercafé?».
«Como lo sabes???».
«Tienes internet, estás conectado todo el día. Si estuvieras en una oficina o algo similar, no podrías tener acceso a la red tan constantemente. ¿Acaso crees que te estoy espiando?».
«Nada d eso, simple curiosidad, tu q me cuentas, aun no me respondes».
El programa estaba por terminar, cuando él dijo lo siguiente:
«Nada… Oye, lo siento. Me tengo que ir. Pero por si te aburres, o quieres saber en dónde estoy aún, revisa este enlace: http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394».
El programa marcó error de nuevo, pero, al parecer, el sujeto era o torpe o quería jugar conmigo, tal vez confundirme. Entré al enlace por curiosidad, y porque supuse que mis intentos por localizarlo seguirían fallando. Mi sorpresa no fue mucha, pues el enlace conducía a una foto de la calle en donde se encontraba el cibercafé, sólo que ésta se veía distinta. Creí que él la pudo modificar o que era la misma calle antes de que yo la conociera. Cuando mi jefe llegó para cerrar, pensé en mostrarle la imagen, pero no pude ubicarla; busqué en el historial sin ningún éxito. Mi jefe no dijo nada, sólo me miró extrañado por mi comportamiento.
Al otro día, luego de que mi jefe se había ido, g00gle_240394 comenzó a chatear conmigo. Esta vez intenté sacarle alguna respuesta.
«Hola amigo, ¿qué tal tu día?».
«Pues apenas empieza, en donde estamos, según tu foto de ayer, apenas son las…», antes de que terminara de escribir, él mandó un mensaje:
«9».
«¿?», le escribí.
«Son las 9, 9:03 a.m., para ser exactos».
«Bueno mi reloj dice q son las 9:00 a.m. pero son solo minutos d diferencia».
«¿Y qué tal si fuera más que eso?».
«A q t refieres???».
«¿Recuerdas la foto? Creo que no podrás seguir trabajando aquí por mucho».
«Quieres decir q vienes del futuro o algo así???».
«Podemos decirlo así».
«Cual es tu nombre real???».
«Google».
«Aha y yo me llamo Wikipedia Jajajajaja», le respondí sínicamente.
«No, tu nombre real es Guillermo, pero prefieres que la gente te llame Dracko».
En ese momento no me asusté, pues si el tipo era un gran informático (algo de lo que no me cabía la menor duda) pudo averiguar todo eso gracias a la infinidad de redes sociales y otros sitios a los que me he registrado. Entonces le dije:
«Veo q eres bueno para esto, debes ser un Hacker, si es así, por q sigues a alguien como yo y no a la CIA o el FBI, no sé, podrías cambiar las acciones d FaceBook a tu favor, por q me sigues a mi???».
«Sencillo, porque el dinero no me es útil; ¿para qué quiero eso si no lo necesito? En cambio, si logro encontrar a alguien que me ayude, como tú, eso podría servirme más que el dinero.
«Quieres decir q necesitas a alguien… Para???».
«Una página, una que pueda ser constantemente visitada. Tal vez varias páginas. Creo que me serviría alguien como tú para esto, tienes el tiempo libre suficiente como para ayudarme, aparte de que busco a alguien en particular, y tú lo localizarás más rápido que yo».
«Paginas, solo eso, por q no hackeas una ya existente???».
«Porque ya son mías, cualquier página que te llegue a la mente; y no sólo eso, los dueños de estas páginas son personas como tú, a las que también contacté y las volví ricas y poderosas. Digamos que soy el dueño de estos seres».
«Acaso estas Trolleandome??? Q sigue, dirás q eres el diablo y estas consumiendo almas, por eso FB y YouTube son tan conocidos, por q los creadores vendieron sus almas y ahora tienen lo q querían…».
«No lo mal interpretes, no tengo nada que ver con algo sobrenatural. Te lo dije antes, soy Google, ¿acaso eso no te suena familiar?».
«Demuéstralo viejo…».
«http://google.com.mx».
«Vaya, se nota q eres google ¬¬…».
«Sé tus contraseñas, las biografías de tus páginas, con todas las modificaciones que les has hecho. Sé todo lo que has llegado a registrar entrando en mí, tu historial, incluso el eliminado. Mira esto, incrédulo… http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394».
Entré al enlace y éste llevaba a la misma imagen del día anterior, lo que no demostraba absolutamente nada; aún seguía creyendo que era un hacker troll sin nada más que hacer, pero mi curiosidad era grande, así que continúe la conversación:
«Bien “Google” y q es lo q hare por ti???».
«Sencillo, revisa esto: http://hiawfgfhjy518ss1ffg4d5f121fd8g7s».
Era un enlace que llevaba a una página vacía de fondo negro, nada especial. Entonces le pregunté:
«Q con esto???».
«Necesita algo relevante, ¿no lo crees? Tal vez una imagen, algo como esas ventanas emergentes. Puede ser un enlace troll como Ooskar o Goatse.cx, algo que haga que la audiencia trabaje por sí sola.
«Por q no subes tu imagen alterada, la d esta calle???».
«Buena idea, pero no puedo usar el registro de esa imagen hasta que suceda».
«Suceda???», pregunté algo impactado. «Q debe suceder???».
«Lo que ves en la foto, su registro será el día miércoles de la semana que viene. De hecho, a la imagen la subirán desde tu cibercafé; es una fotografía tomada con un Sony Ericsson W580. Ésta será tu prueba, así verás que yo soy Google, mientras tanto, me retiro. Pasado este suceso te contactaré, exactamente a las 4:22 p.m., para acordar lo que se subirá a nuestro sitio».
Mi amigo navegador se desconectó y me dejó pensando. La curiosidad de saber qué pasaría era grande en mí, así que esperé a ese miércoles.
Habíamos cambiado la ubicación del cibercafé hace dos o tres días, apenas comenzábamos a trabajar de nuevo cuando llegó mi jefe a mostrarme algo; era la foto de la que había hablado con g00gle_240394. Mi jefe me contó que tuvimos mucha suerte, pues hace un par de horas, un accidente sucedió en la calle en la que anteriormente trabajábamos. Un tráiler de combustible se volcó y esto ocasionó una fuerte explosión. Mi jefe, emocionado, me pidió que me moviera de la máquina; vi lo que estaba haciendo y él estaba subiendo la foto, para después publicarla en sus redes sociales contando lo sucedido y la suerte que tuvo al irse de ahí. Eran las 4:20 p.m. y mi jefe seguía en la máquina, y pensé que él al fin lograría ver a g00gle_240394. Esto me alegró, pero de un momento a otro recibió una llamada, desconectó su teléfono del ordenador, el cual era exactamente un Sony Ericsson W580, y atendió la llamada. Colgando me dijo que ya se iba. Faltaba sólo un minuto, por lo que le pedí que esperara, pero me contestó que no podía, que se tenía que ir urgentemente, y luego de que abandonó el establecimiento, el mensaje llegó. Le grité y le pedí que volviera, pero me dijo que fuera lo que fuera, tendría que esperar.
Miré el mensaje, era de g00gle_240394, y decía:
«Hola de nuevo. El gran día llegó».
A decir verdad, me pareció extraño que lograra localizarme, tal vez la subida de la imagen fue lo que delató mi ubicación, pero eso era lo de menos. Él había acertado en cuanto a lo que sucedió, la fotografía era exactamente como la recordaba. Al ver que tardaba en responder, mandó otro mensaje.
«¿Acaso no te alegras de conversar conmigo de nuevo?».
«No es eso», le dije. «Es solo que no me lo esperaba, bueno, tal vez en algún sentido lo esperaba, mas no estaba seguro de que volveríamos a estar en contacto…».
«Entonces, ¿estás listo?».
«Supongo, d q se trata?».
«¿Sabes lo que significa el término snuff?».
«Si, eso, lo paranormal y el gore son muy famosos en la red, claro después d la porno…».
«Sí, eso pensé. Sé que has llegado a curiosear sobre todos esos términos, así que espero que estés listo para lo siguiente: http://hdakdfuyrkfisd2654gsaafd1f5dfsdfds5fds4fdf4ds5f4d5f4d5f».
Entré al enlace, pero esta vez era algo más fuerte, pues esta vez me sorprendió ver al que parecía ser mi jefe, muerto; pero no sólo había sido asesinado como en cualquier homicidio, ésa parecía la obra de un psicópata sanguinario. No pude mirar la imagen por mucho tiempo, la cerré casi de inmediato y le exigí que me diera una explicación.
«Es lo que quiero en nuestra página…».
«No entiendo, debo fotografiar a un muerto y subir la imagen???».
«Algo así, pero no es tan sencillo…».
«No entiendo…».
«Tú eres quien debe asesinarlo».
«COMO?!?!?!».
«No hay más explicaciones, sé que lo harás».
«Y q si me niego???».
«No hay vuelta atrás, pues ya sabes de lo que se trata. Tu cuenta está hecha, y ahora debes hacerlo si no quieres que tu registro sea dado de baja, o que nuestra página tenga algo así, como… ¡TÚ en el lugar de ese cadáver!».
«Jajajajaja… Esto es estúpido, no se por q t sigo el juego, vete al diablo!!! .l.».
Cerré la conversación y llamé a mi jefe. Le dije que teníamos problemas con la luz, que se había ido y no volvía, a lo que él respondió que cerrara en veinte minutos si no regresaba. Entonces cerré y me fui de ahí, no esperé que el tiempo pasara, sólo esperé los veinte minutos una vez fuera para poder marcarle y decirle que iba a cerrar.
Estaba en mi casa y aún pensaba en la imagen y en esas tan extrañas conversaciones… Por la noche no pude dormir.
Al día siguiente llegué al trabajo algo tarde, pues estaba desvelado y aún seguía un poco asustado por lo sucedido. Hablé con mi jefe para informarle que no podía seguir trabajando ahí; me preguntó por qué, pero sólo le mentí, diciendo que era por mis estudios. Aceptó, pero me pidió que me quedara un par de días más para así encontrar a alguien que me reemplazara. Sin más remedio me quedé. Él estuvo conmigo todo el día, así que no supe nada de g00gle_240394 en el transcurso de éste.
Pasaron dos días más sin saber nada de g00gle_240394, pero aún seguía teniendo insomnio y terrores nocturnos, sentía que me volvía paranoico, en especial cuando mi jefe salía o me dejaba solo.
Ese día llegó una chica que venía por el empleo, era una chica linda, simpática y amistosa; jamás olvidaré cómo era ella antes, ese día que la conocí. Se llamaba Victoria, pero le gustaba que le dijeran Vicky. El mismo día le enseñé lo que debía hacer, pero no podía dejar de actuar como un maldito loco, me desconcentraba con facilidad y no podía hablarle tranquilamente. Me sentía nervioso, sentía que algún mensaje llegaría. Eso me hizo recordar que cuando comencé a trabajar en el cibercafé, mi amigo, que estaba en el puesto antes que yo, actuaba de una manera semejante, quizá porque él también había sido acosado por Google, le pidió hacer algo que no quería y mi amigo abandonó el lugar.
Cuando terminó nuestra jornada laboral nos fuimos juntos, y esta chica, algo preocupada, me preguntó si yo estaba bien, a lo que sólo le advertí:
—¡Nunca, nunca…! ¡Escúchame con atención, jamás hables con alguien que no conozcas por chat, no lo hagas; Google te buscará y, una vez dentro, no habrá salida!
Una vez que dije eso, salí corriendo y me dirigí a mi casa. Estando ahí traté de localizar a mi amigo, comencé vía internet, pero no encontré sus antiguas cuentas en redes sociales, páginas de juegos ni correo electrónico; era un fantasma en la red. Mientras me encontraba buscándolo, pasó lo esperado. Un mensaje llegó, pero esta vez sólo dijo algo y se desconectó. Lo que decía el mensaje era:
«Más vale que lo hagas, no corras el mismo destino que g00gle_010692.
http://archive/g00gle_010692/fg1f5g4fgfd5g4sd8f4eq65f78ef4».
 
El usuario g00gle_240394 Parte 2
Mi curiosidad me llevó a una respuesta. El enlace me condujo a una clase de perfil de mi amigo. Anoté el número de su celular y apagué el equipo, pues no pensaba quedarme a esperar a que otro mensaje llegara. Marqué el número un par de veces, sin respuesta. Justo cuando dejé de marcar y estaba a punto de irme a la cama, una llamada entró. Contesté y era mi amigo, el cual me preguntó sólo una cosa:
—Dracko, ¿eres tú?
—Sí, soy yo viejo.
No sé cómo supo que era yo, pero no dudé en preguntarle si nos podíamos ver. Él acepto y acordamos un punto.
Al día siguiente me encontré con mi amigo, el cual lucía tranquilo, transmitiéndome la idea de que no pudo pasarle nada de lo que a mí me estaba pasando. Él comenzó la charla.
—Cuánto tiempo, vaya, apenas y me acordaba de ti. ¿Cómo has estado?
—Bien, yo… —No quise hacer más rodeos y fui al grano—. Viejo, ¿qué sabes de un usuario llamado google guion bajo 24, 03, 94?
Su cara se puso pálida, y sólo me dijo:
—Me tengo que ir, fue un error venir a verte, tengo que trabajar…
—No, espera, necesito respuestas. Ese usuario me está acosando, amenazando y, por lo visto, lo conoces. Dime qué es lo que sabes.
Él estaba a punto de retirarse, estaba de espaldas, y me contestó con lo siguiente:
—No sé por qué olvidé mencionar eso cuando tomaste mi empleo, pero ahora lo siento, en serio, por segunda vez… Por ti…
—¿A qué te refieres? —pregunté curioso.
—Lo siento, pero creo que para remediarlo puedo terminar lo que empecé ese día, antes de que ellos vuelvan…
Una mirada psicópata y una sonrisa demoníaca se dibujaron en su rostro. Entonces se lanzó hacia mí gritando que en serio lo sentía. No supe qué hacer, sólo intenté defenderme; pero cuando él estaba sobre mí y yo estaba en el suelo, un extraño sujeto encapuchado se acercó a nosotros y golpeó fuertemente a mi amigo, quitándomelo de encima. Lo escuche decir:
—Tu tiempo se acabó, es hora de cerrar sesión.
Una vez que estuve libre intenté escapar, pero escuché un tremendo grito desgarrador y, al voltear, vi a mi amigo pidiéndome ayuda; el sujeto encapuchado lo había atravesado con un fierro, con el cual después lo golpeó frenéticamente. Sólo fui capaz de seguir corriendo, pero cuando comencé a correr, un mensaje llegó a mi celular. Era Google nuevamente, me había enviado un mensaje, que decía:
«Vuelve y tómale una fotografía, sólo eso. Te he facilitado el trabajo, ¿no lo crees?».
No recuerdo bien qué fue lo siguiente que hice ese día, pero al día siguiente, al lograr reaccionar, estaba en la ducha. Salí y un mensaje estaba en mi celular, éste tenía un número que, según decía, era una cuenta bancaria en donde podría cobrar lo ganado por la fotografía. Decidí ignorarlo y apagué el celular… sólo quería olvidarlo todo.

Pasó un año, pensé que ya había acabado para mí, pero sólo lo había ignorado por un largo tiempo. Había dejado de utilizar teléfono celular con cualquier servicio de internet, borré mis cuentas de cualquier servicio en línea y me alejé de la web en cualquier aspecto desde ese día. No había olvidado por completo lo sucedido, pero al menos intentaba no recordarlo. Un día, sin embargo, en mi nuevo trabajo, el cual era en un supermercado, en uno de esos que abren las veinticuatro horas del día, vi a Vicky. Eran alrededor de las dos de la madrugada. Sabía que era ella, jamás olvidaría a nadie involucrado en ese maldito evento. Vicky se veía más demacrada y muy alterada, no era la chica que yo recordaba. Entró al lugar y me miró fijamente, para luego decir:
—Al fin te encuentro…
Su cara estaba pálida, tenía unas ojeras tremendas y simplemente se veía devastada; su voz sonaba entrecortada y débil. Preocupado, le pregunté:
—¿Qué sucede, por qué me buscabas?
No entendí bien lo siguiente que dijo, pues se desplomó en el piso, desmayada. Lo que creí entender fue… «Google»…
La llevé a mi auto y la recosté ahí, y pedí permiso para irme. Llegué a casa, recosté a Vicky en mi cama y yo me recosté en el sofá. No podía conciliar el sueño, pues todas esas memorias llegaban a mi mente una y otra vez de nuevo, sin dejarme en paz. Decidí leer algo para ignorarlo, desde que me había alejado del internet solía leer, normalmente novelas de misterio y cosas de detectives; me gustaba distraerme con eso, pues con los libros me sentía seguro. Apenas comenzaba a leer cuando escuché a Vicky gritar. Corrí a mi habitación y miré a todos lados; ella estaba sola, pero me dijo con voz débil que necesitaba mi ayuda. Aún tenía dudas sobre por qué me estaba buscando, así que le pregunté:
—¿Por qué dices que me buscabas?
—Ellos vendrán por mí. Me dio curiosidad saber quién era ese sujeto que me hablaba por chat… debí haberte hecho caso. Él me dijo que ahora no habría salida.
—¿Salida de qué?
—Ahora… debo asesinarte, o ellos me mataran a mí.
—Dime que tú no…
Me sorprendió lo que escuché, pero decidí ayudarla, pues supuse que ella también se había involucrado con Google. Le pregunté más, pero sólo me mostró una foto con su celular y se quedó dormida; estaba débil y necesitaba descansar. Miré la foto y me sorprendió, era una de un homicidio similar al de la foto que yo recibí. Era yo, sólo que me veía muerto en un sentido más… tranquilo, ya que sólo se podía apreciar una porción de mi cuerpo con un agujero de bala en la frente, algo más práctico que la última vez. El nombre del archivo era «http://user_g00gle_240394_29_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out».
Miré la URL un rato y me percaté de algo que no había notado en enlaces enviados por este asesino: estaba escrita lo que parecía ser una fecha. No podía dormir, no dejaba de mirar a Vicky, en lo único que pensaba era que sería asesinado. Me senté en el piso, y después de un rato de lectura e incómodos pensamientos, logré dormir.

Un olor nauseabundo me despertó. Estaba recostado en mi cama, y ésta se encontraba bañada en sangre. Me volteé, y vi a lo que parecía ser Vicky acribillada; al parecer alguien la había matado. Sus órganos estaban esparcidos por toda la habitación, al igual que su sangre. Cuando logré salir del shock me levanté rápidamente de la cama y noté que el celular de Vicky estaba en mis manos. Tenía puesta una dirección que me recordó mucho a lo que Google llamaba «nuestra página», sólo que la URL se parecía a la del día anterior, con un pequeño cambio:
«http://user_g00gle_240394/change/g00gle120393_03_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out».
Había escrito otro «google» con números ahí. Decidí ver la página, ésta solamente contenía un video sin título. Lo reproduje, la calidad era de no más de tres pixeles. Supuse que g00gle_240394 lo había editado para que se viera más tenebroso, pues al comenzar se veía a la silueta de alguien con un cuchillo, acercándose a la cámara y comenzando a rondar el cuarto. No logré ver mucho hasta que encendió una pequeña luz, tal vez una lámpara; en cuanto esto sucedió descubrí que era mi cuarto.
Grabó la cama en la cual se encontraba Vicky, pero no estaba dormida, ella estaba despierta, atada a la cama y amordazada. La silueta se acercó y, en un acto al estilo Guinea Pig: Flowers of Flesh and Blood, grabó una pequeña mesa que tenía en mi cuarto, sobre la cual había un mantel, una charola y varios utensilios de uso cotidiano, asemejándose grandemente a esas mesas que los cirujanos utilizan para colocar sus herramientas. Sabía exactamente que lo sucedería, pues el cadáver de Vicky ahora se encontraba en mi cuarto.
El video continuaba, el sujeto que grababa hacía que pareciera que el espectador era quien estaba haciendo todo eso, como una clase de video en primera persona. Tomó un desarmador con una mano, se acercó lentamente a Vicky, acarició su pierna y con un violento movimiento lo clavó en su pierna; grabó su rostro, podía apreciarse el dolor en ella, se escuchaban apenas sus gritos y gemidos. Volvió a la toma del desarmador y comenzó a retorcerlo dentro de su pierna, luego lo sacó y volvió a la mesa, de la cual tomó un cuchillo de cocina común y corriente. Se acercó nuevamente a Vicky y esta vez no la lastimó, sólo utilizó el cuchillo para desgarrar su ropa.


 
El usuario g00gle_240394 Parte 3
La siguiente escena fue algo tan sumamente enfermo, que la única forma en la que la podría describir, es diciendo que esta escena parecía sacada de la película A Serbian Film. El sujeto puso la cámara en un lugar donde pudiera grabarse lo que hacía claramente. Durante unos veinte minutos aproximadamente, él violó a Vicky, pero eso no fue nada. Después de ese tiempo, el sujeto comenzó a acuchillarla en sus extremidades de modo que sólo la hería sin matarla, y de un momento a otro, se detuvo; Vicky lloraba, y se vio al sujeto levantarse tranquilamente y salir de escena, para después entrar con una licuadora. La conectó y la encendió, entonces introdujo la mano de Vicky y la destrozó por completo, pudiéndose ver cómo la sangre y trozos de carne desechos volaban por la habitación.
La agónica escena se cortó y se vio un ángulo distinto, como si alguien más grabara. Se veía el brazo de Vicky, el que no fue dañado por la licuadora, y una segueta comenzó a hacer un corte brusco en él; Vicky intentaba zafarse, ese forcejeo inútil sólo causaba que el sujeto hiciera varios cortes en su brazo. Cuando estaba a punto de cercenarlo, ella lo arrancó de un jalón y se escuchó un grito tremendo, a pesar de estar amordazada, los gemidos eran fuertes y me hacían sentir el dolor que ella sintió.
El video comenzó a fallar, y luego de unos segundos la toma se recuperó, sólo que esta vez Vicky ya estaba muerta y totalmente desecha, era sólo un tronco sin forma alguna en su rostro y desgarrada de cualquier otra parte. La toma se veía borrosa y se adelantaba sin razón alguna, para después regresar a donde nos habíamos quedado. En esta toma Vicky ya no estaba amordazada, y lo poco que le quedaba de brazo estaba desatado. Pareciera que ella se quitó la mordaza como pudo, pues su cara estaba llena de sangre. Con voz débil pedía clemencia, que la dejara ir, sólo lloraba y rogaba ser liberada. En esta toma la calidad había subido impresionantemente, como si una cámara profesional hubiese grabado sus últimas palabras. La toma hizo un corte rápido, y la siguiente escena se volvió a tornar de una calidad baja y aspecto turbio. A pesar de que no quería continuar viendo, el morbo no me dejaba reaccionar.
Para empezar, la escena tenía un ángulo poco apreciable, y se oían gritos, como si la tortura se hubiera vuelto sumamente sádica; se podía ver ligeras salpicaduras de sangre y se escuchaba algo así como un motor o una máquina escandalosa, sonaban herramientas cayendo al suelo, un caos total. Lo único que se podía ver con la pobre iluminación era un par de siluetas peleando, pero cuando la imagen se volvió clara, la cámara cayó al suelo y sólo se veía la toma de unos pies. En esa toma vi caer lo que parecía ser una pierna cortada, un par de entrañas y mucha sangre. Entonces un pie del atacante pisó la cámara y ésta se quedó filmando estática por aproximadamente unos diez segundos.
El video se cortó y se puedo ver al sujeto que hizo todo vistiendo una capucha. Lo primero que pensé fue que ese extraño sujeto era Google, pero no pude verlo bien, la capucha lo cubría y apenas había un poco de luz en la toma. Esta escena entrecortada del asesino duró poco más que unos segundos. El video terminaba ahí, se cortó bruscamente y la página se cerró automáticamente. Una sensación escalofriante recorrió todo mi cuerpo. Miré a Vicky y sólo comencé a llorar. Entonces recibí un mensaje en su celular, que decía:
«Hola de nuevo…».
Era Google, decidí contestarle, diciéndole:
«¿Cómo pudiste hacer esto? Pensé que me habías dejado en paz, ¿por que le hiciste esto a Vicky? ¡Ella no debía estar involucrada!».
«Lo sé, pero ella se involucró y le tocó perder. Deberías dar gracias de que aún seguimos activos; es decir, ella simplemente cerró sesión en su vida mortal, pero estará conmigo para siempre, su video la ha inmortalizado».
«¡¡¡MALDITO ENFERMO!!!».
Dije eso y apagué el celular. Salí de la habitación, tomé mi laptop y decidí irme de ahí. Tenía que investigar lo que estaba pasando, quién era Google en realidad y por qué aún me involucraba en esto después de tanto tiempo. Los libros que había leído todo ese tiempo me dieron ideas de cómo investigar sin involucrar a la policía, pues si lo hacía ellos pensarían que fui yo quien mató a Vicky y quien cometió el asesinato de mi amigo.
Cerré con llave mi apartamento, hice una pequeña maleta con algo de ropa y sólo llevé mi laptop, a pesar de haber pasado tanto tiempo desconectado, pues tenía otras intenciones aparte de sólo investigar. Por último, tomé las llaves de mi auto, y me fui.
Estaba conduciendo y llegué a las afueras de la ciudad. Había un hotel, esos que están en las carreteras, que cuentan con cuartos básicos y no cobran mucho; era un lugar perfecto para ocultarme mientras averiguaba quién era este asesino. Renté una habitación por un tiempo y comencé mi investigación. Google comenzaba a hastiarme, hablaba de nuestra página y del dinero que estábamos ganando. No contesté jamás, pero él insistía y hacía distintas preguntas, como si ya no me importaba esto o si le ayudaría con lo siguiente. Lo ignoré por casi una semana, pero mi estado mental me estaba llevando demasiado lejos, ya debía en el hotel en el que me estaba hospedado y mi trabajo, aunque no lo quisiera, seguramente lo había perdido. Fue entonces cuando tomé medidas drásticas: esperé a que Google se conectara y le pedí mi cuenta bancaria. Él accedió de inmediato, la apunté y fui a un banco. Una vez ahí intente retirar dinero de la supuesta cuenta, pero no había existencia alguna. Sabía que siempre fue una mentira, por eso no me molesté, pero al volver a casa, Google me había escrito. El mensaje decía:
«¿Eres estúpido? Si querías retirar el dinero me lo hubieras dicho, yo mismo lo haré por ti. No vuelvas a involucrar a nadie más en esto, podrían saber de mí. Y aparte, ¿cómo un niño de diecisiete años va a retirar dinero así como así?».
Leí eso y escuché la puerta. Al abrir, era un sujeto con un paquete. Me lo entregó y me pidió mi nombre para registrarlo como recibido, pero le dije que no esperaba paquetes. Luego me preguntó todos mis datos, los cuales estaba leyendo desde una hoja que registraba la entrega. Todos los datos eran reales, pues hasta la ubicación actual —el hotel— la tenía registrada. Decidí tomar el paquete y me pidió escribir mi nombre de nuevo. Cuando comencé, me dijo:
—No señor, su nombre de usuario, por favor.
—¿Usuario? —le pregunté extrañado.
—Como ejemplo, mire el mío.
Miré lo que llevaba bordado en su playera. Me dejó en shock, pues lo que decía era «g00gle_301193».
Me hizo reaccionar y me pidió nuevamente mi nombre de usuario. Le dije que no sabía de lo que hablaba.
—Ambos sabemos que eso es mentira, usted cuenta con un nombre de usuario otorgado por alguien que también ya debe conocer. ¿Acaso acaba de iniciar sesión?
Sólo escribí lo primero que me llegó a la mente, «g00gle_240394». El sujeto me dio las gracias y se retiró.
Estaba mirando el paquete, no quería abrirlo, esperaba encontrarme con una cabeza humana de algún familiar o tal vez un video de otro homicidio. Decidí ponerlo en la mesa y no lo abrí en todo el día.
No dejaba de pensar en lo que ese tipo había dicho, «nombre de usuario»… En ese momento volvieron a tocar la puerta. Antes de abrir miré quién era; era el dueño del hotel. Lo hice pasar y me dijo que debía pagar la renta, o si no me echaría de ahí. Conversé con él y lo convencí de no echarme, le dije que tendría el dinero pronto, que no podía dejar que me echara. Justo cuando cerré la puerta y encendí la máquina, vi un mensaje de Google:
«Abre el paquete, es tu parte. Espero que sea suficiente».
Abrí con miedo el paquete, pero sólo era una cámara. La reconocí de inmediato, era la cámara que había comprado tiempo atrás; estaba sucia y llena de algo que parecía ser sangre. No me preocupé por eso y vacié la caja, encontrando también una pistola y un sobre con una tarjeta; pensé que era el dinero, realmente lo necesitaba, así que la tomé y salí a un cajero. Eran las once de la noche, llegué a un cajero y al mirar la cantidad que la tarjeta contenía en su cuenta, casi no lo creí: contenía más de medio millón de pesos. Sólo retiré lo necesario para pagar el hotel y regresé, le pagué al dueño y me fui a mi cuarto. La laptop seguía encendida, y como si supiera que había regresado, Google me escribió nuevamente.
«Veo que estás más relajado ahora».
«Supongo, pero aún debo saber… ¿quien diablos eres tú?».
«Buena pregunta, pero ¿por qué no te evitas la fatiga y vuelves a la escena del crimen? Ahí puedes obtener respuestas, ¿no lo crees?».
Tenía razón, salí tan rápido de ahí que jamás me di el tiempo de observar con atención. No escribí nada más y fui en dirección a mi antiguo departamento. El olor se había vuelto penetrante, pues sólo abrí la puerta y mi estómago se revolvió a tal grado que me ocasionó el vómito. Soporté el hedor y comencé a ver alrededor, aún estaba el cuerpo de Vicky, su celular… todo como lo recordaba. Pero después recordé la cámara, la que venía en el paquete. ¿Cómo pudieron entregármela si ésta debería seguir por aquí arrumbada? Encendí mi laptop y Google estaba listo para chatear:
«¿Qué dices, tus inútiles libros no te enseñaron nada?».
«No es eso, se que tú eres quien hizo esto, vi a un encapuchado cuando murió mi amigo. Ese mismo tipo aparece en el video. ¿Por que no das la cara? Se que eres tu…».
«Y entonces, ¿por qué usas la misma capucha?».
«¿Que dices?», pregunté asombrado. «¿Qué maldita capucha?».
«Entre tus cosas, ahí la encontrarás. ¡Busca bien, Sherlock!».
Se desconectó y no dijo nada más. Volví a mi habitación y busqué desesperadamente; grande fue mi sorpresa al encontrar entre mi ropa la capucha de la que Google hablaba. No podía creerlo, no podía ser cierto. ¿Entonces por qué veía a otros sujetos? No busqué respuestas en ese momento, sólo salí y deposité un mes de renta en mi antiguo departamento para evitar que alguien sospechara e intentara entrar. Volví al hotel, en ese momento el dueño me detuvo, y me cuestionó:
—¿De dónde sacaste el dinero, hijo? No tenías nada, y en un par de horas saliste y conseguiste el efectivo. Dime la verdad, ¿a qué te dedicas?
No contesté, ni siquiera lo miré, simplemente caminaba hacia mi cuarto. Una vez en la puerta, busqué mis llaves para abrir, pero él seguía haciendo preguntas:
—Vamos, dime, ¿acaso eres ladrón? Si no me contestas me veré obligado a llamar a la policía.
Eso me asustó, así que sólo abrí la puerta y la cerré con llave. El dueño seguía tocando y gritando, y luego se fue diciendo que iría por la policía. Lo único que pensé fue contactar a Google, pero no sabía cómo localizarlo y estaba desconectado. Me desesperé, no sabía qué hacer, ahora estaba solo. Tal vez comencé a volverme loco y aluciné todo, en el mejor de los casos, nada de esto pasó.
 
El usuario g00gle_240394 Parte 3
La siguiente escena fue algo tan sumamente enfermo, que la única forma en la que la podría describir, es diciendo que esta escena parecía sacada de la película A Serbian Film. El sujeto puso la cámara en un lugar donde pudiera grabarse lo que hacía claramente. Durante unos veinte minutos aproximadamente, él violó a Vicky, pero eso no fue nada. Después de ese tiempo, el sujeto comenzó a acuchillarla en sus extremidades de modo que sólo la hería sin matarla, y de un momento a otro, se detuvo; Vicky lloraba, y se vio al sujeto levantarse tranquilamente y salir de escena, para después entrar con una licuadora. La conectó y la encendió, entonces introdujo la mano de Vicky y la destrozó por completo, pudiéndose ver cómo la sangre y trozos de carne desechos volaban por la habitación.
La agónica escena se cortó y se vio un ángulo distinto, como si alguien más grabara. Se veía el brazo de Vicky, el que no fue dañado por la licuadora, y una segueta comenzó a hacer un corte brusco en él; Vicky intentaba zafarse, ese forcejeo inútil sólo causaba que el sujeto hiciera varios cortes en su brazo. Cuando estaba a punto de cercenarlo, ella lo arrancó de un jalón y se escuchó un grito tremendo, a pesar de estar amordazada, los gemidos eran fuertes y me hacían sentir el dolor que ella sintió.
El video comenzó a fallar, y luego de unos segundos la toma se recuperó, sólo que esta vez Vicky ya estaba muerta y totalmente desecha, era sólo un tronco sin forma alguna en su rostro y desgarrada de cualquier otra parte. La toma se veía borrosa y se adelantaba sin razón alguna, para después regresar a donde nos habíamos quedado. En esta toma Vicky ya no estaba amordazada, y lo poco que le quedaba de brazo estaba desatado. Pareciera que ella se quitó la mordaza como pudo, pues su cara estaba llena de sangre. Con voz débil pedía clemencia, que la dejara ir, sólo lloraba y rogaba ser liberada. En esta toma la calidad había subido impresionantemente, como si una cámara profesional hubiese grabado sus últimas palabras. La toma hizo un corte rápido, y la siguiente escena se volvió a tornar de una calidad baja y aspecto turbio. A pesar de que no quería continuar viendo, el morbo no me dejaba reaccionar.
Para empezar, la escena tenía un ángulo poco apreciable, y se oían gritos, como si la tortura se hubiera vuelto sumamente sádica; se podía ver ligeras salpicaduras de sangre y se escuchaba algo así como un motor o una máquina escandalosa, sonaban herramientas cayendo al suelo, un caos total. Lo único que se podía ver con la pobre iluminación era un par de siluetas peleando, pero cuando la imagen se volvió clara, la cámara cayó al suelo y sólo se veía la toma de unos pies. En esa toma vi caer lo que parecía ser una pierna cortada, un par de entrañas y mucha sangre. Entonces un pie del atacante pisó la cámara y ésta se quedó filmando estática por aproximadamente unos diez segundos.
El video se cortó y se puedo ver al sujeto que hizo todo vistiendo una capucha. Lo primero que pensé fue que ese extraño sujeto era Google, pero no pude verlo bien, la capucha lo cubría y apenas había un poco de luz en la toma. Esta escena entrecortada del asesino duró poco más que unos segundos. El video terminaba ahí, se cortó bruscamente y la página se cerró automáticamente. Una sensación escalofriante recorrió todo mi cuerpo. Miré a Vicky y sólo comencé a llorar. Entonces recibí un mensaje en su celular, que decía:
«Hola de nuevo…».
Era Google, decidí contestarle, diciéndole:
«¿Cómo pudiste hacer esto? Pensé que me habías dejado en paz, ¿por que le hiciste esto a Vicky? ¡Ella no debía estar involucrada!».
«Lo sé, pero ella se involucró y le tocó perder. Deberías dar gracias de que aún seguimos activos; es decir, ella simplemente cerró sesión en su vida mortal, pero estará conmigo para siempre, su video la ha inmortalizado».
«¡¡¡MALDITO ENFERMO!!!».
Dije eso y apagué el celular. Salí de la habitación, tomé mi laptop y decidí irme de ahí. Tenía que investigar lo que estaba pasando, quién era Google en realidad y por qué aún me involucraba en esto después de tanto tiempo. Los libros que había leído todo ese tiempo me dieron ideas de cómo investigar sin involucrar a la policía, pues si lo hacía ellos pensarían que fui yo quien mató a Vicky y quien cometió el asesinato de mi amigo.
Cerré con llave mi apartamento, hice una pequeña maleta con algo de ropa y sólo llevé mi laptop, a pesar de haber pasado tanto tiempo desconectado, pues tenía otras intenciones aparte de sólo investigar. Por último, tomé las llaves de mi auto, y me fui.
Estaba conduciendo y llegué a las afueras de la ciudad. Había un hotel, esos que están en las carreteras, que cuentan con cuartos básicos y no cobran mucho; era un lugar perfecto para ocultarme mientras averiguaba quién era este asesino. Renté una habitación por un tiempo y comencé mi investigación. Google comenzaba a hastiarme, hablaba de nuestra página y del dinero que estábamos ganando. No contesté jamás, pero él insistía y hacía distintas preguntas, como si ya no me importaba esto o si le ayudaría con lo siguiente. Lo ignoré por casi una semana, pero mi estado mental me estaba llevando demasiado lejos, ya debía en el hotel en el que me estaba hospedado y mi trabajo, aunque no lo quisiera, seguramente lo había perdido. Fue entonces cuando tomé medidas drásticas: esperé a que Google se conectara y le pedí mi cuenta bancaria. Él accedió de inmediato, la apunté y fui a un banco. Una vez ahí intente retirar dinero de la supuesta cuenta, pero no había existencia alguna. Sabía que siempre fue una mentira, por eso no me molesté, pero al volver a casa, Google me había escrito. El mensaje decía:
«¿Eres estúpido? Si querías retirar el dinero me lo hubieras dicho, yo mismo lo haré por ti. No vuelvas a involucrar a nadie más en esto, podrían saber de mí. Y aparte, ¿cómo un niño de diecisiete años va a retirar dinero así como así?».
Leí eso y escuché la puerta. Al abrir, era un sujeto con un paquete. Me lo entregó y me pidió mi nombre para registrarlo como recibido, pero le dije que no esperaba paquetes. Luego me preguntó todos mis datos, los cuales estaba leyendo desde una hoja que registraba la entrega. Todos los datos eran reales, pues hasta la ubicación actual —el hotel— la tenía registrada. Decidí tomar el paquete y me pidió escribir mi nombre de nuevo. Cuando comencé, me dijo:
—No señor, su nombre de usuario, por favor.
—¿Usuario? —le pregunté extrañado.
—Como ejemplo, mire el mío.
Miré lo que llevaba bordado en su playera. Me dejó en shock, pues lo que decía era «g00gle_301193».
Me hizo reaccionar y me pidió nuevamente mi nombre de usuario. Le dije que no sabía de lo que hablaba.
—Ambos sabemos que eso es mentira, usted cuenta con un nombre de usuario otorgado por alguien que también ya debe conocer. ¿Acaso acaba de iniciar sesión?
Sólo escribí lo primero que me llegó a la mente, «g00gle_240394». El sujeto me dio las gracias y se retiró.
Estaba mirando el paquete, no quería abrirlo, esperaba encontrarme con una cabeza humana de algún familiar o tal vez un video de otro homicidio. Decidí ponerlo en la mesa y no lo abrí en todo el día.
No dejaba de pensar en lo que ese tipo había dicho, «nombre de usuario»… En ese momento volvieron a tocar la puerta. Antes de abrir miré quién era; era el dueño del hotel. Lo hice pasar y me dijo que debía pagar la renta, o si no me echaría de ahí. Conversé con él y lo convencí de no echarme, le dije que tendría el dinero pronto, que no podía dejar que me echara. Justo cuando cerré la puerta y encendí la máquina, vi un mensaje de Google:
«Abre el paquete, es tu parte. Espero que sea suficiente».
Abrí con miedo el paquete, pero sólo era una cámara. La reconocí de inmediato, era la cámara que había comprado tiempo atrás; estaba sucia y llena de algo que parecía ser sangre. No me preocupé por eso y vacié la caja, encontrando también una pistola y un sobre con una tarjeta; pensé que era el dinero, realmente lo necesitaba, así que la tomé y salí a un cajero. Eran las once de la noche, llegué a un cajero y al mirar la cantidad que la tarjeta contenía en su cuenta, casi no lo creí: contenía más de medio millón de pesos. Sólo retiré lo necesario para pagar el hotel y regresé, le pagué al dueño y me fui a mi cuarto. La laptop seguía encendida, y como si supiera que había regresado, Google me escribió nuevamente.
«Veo que estás más relajado ahora».
«Supongo, pero aún debo saber… ¿quien diablos eres tú?».
«Buena pregunta, pero ¿por qué no te evitas la fatiga y vuelves a la escena del crimen? Ahí puedes obtener respuestas, ¿no lo crees?».
Tenía razón, salí tan rápido de ahí que jamás me di el tiempo de observar con atención. No escribí nada más y fui en dirección a mi antiguo departamento. El olor se había vuelto penetrante, pues sólo abrí la puerta y mi estómago se revolvió a tal grado que me ocasionó el vómito. Soporté el hedor y comencé a ver alrededor, aún estaba el cuerpo de Vicky, su celular… todo como lo recordaba. Pero después recordé la cámara, la que venía en el paquete. ¿Cómo pudieron entregármela si ésta debería seguir por aquí arrumbada? Encendí mi laptop y Google estaba listo para chatear:
«¿Qué dices, tus inútiles libros no te enseñaron nada?».
«No es eso, se que tú eres quien hizo esto, vi a un encapuchado cuando murió mi amigo. Ese mismo tipo aparece en el video. ¿Por que no das la cara? Se que eres tu…».
«Y entonces, ¿por qué usas la misma capucha?».
«¿Que dices?», pregunté asombrado. «¿Qué maldita capucha?».
«Entre tus cosas, ahí la encontrarás. ¡Busca bien, Sherlock!».
Se desconectó y no dijo nada más. Volví a mi habitación y busqué desesperadamente; grande fue mi sorpresa al encontrar entre mi ropa la capucha de la que Google hablaba. No podía creerlo, no podía ser cierto. ¿Entonces por qué veía a otros sujetos? No busqué respuestas en ese momento, sólo salí y deposité un mes de renta en mi antiguo departamento para evitar que alguien sospechara e intentara entrar. Volví al hotel, en ese momento el dueño me detuvo, y me cuestionó:
—¿De dónde sacaste el dinero, hijo? No tenías nada, y en un par de horas saliste y conseguiste el efectivo. Dime la verdad, ¿a qué te dedicas?
No contesté, ni siquiera lo miré, simplemente caminaba hacia mi cuarto. Una vez en la puerta, busqué mis llaves para abrir, pero él seguía haciendo preguntas:
—Vamos, dime, ¿acaso eres ladrón? Si no me contestas me veré obligado a llamar a la policía.
Eso me asustó, así que sólo abrí la puerta y la cerré con llave. El dueño seguía tocando y gritando, y luego se fue diciendo que iría por la policía. Lo único que pensé fue contactar a Google, pero no sabía cómo localizarlo y estaba desconectado. Me desesperé, no sabía qué hacer, ahora estaba solo. Tal vez comencé a volverme loco y aluciné todo, en el mejor de los casos, nada de esto pasó.


Hermanito por qué no hace un resumen? :buenaonda:
 
Trataré pero vale la pena leer la wea.

Enviado desde mi XT1058 usando Tapatalk 4
 
Ahí estaba Alyssa Romanova (Liss), entrevistándose con una nueva clienta. Recibía a unos 40 al día, de los cuales apenas la mitad aceptaban los términos del acuerdo y muy pocos eran los que hacían peticiones interesantes. Frente a ella se encontraba una joven de diecinueve años, bastante delgada que evitaba hacer contacto visual, llevaba una falda corta y una camiseta de tirantes, su nombre era Jazmin Auz. De acuerdo señorita Auz, ¿vino porque tiene algo en específico en mente o quiere que le sugiera alguna de nuestras parafilias más populares? -He pensado en algo pero es…es algo imposible – al escuchar esto Alyssa apenas evitó hacer un sonido de molestia, escuchaba esa palabra muchas veces al día y rara vez precedía a una fantasía difícil de realizar, normalmente se referían a alguna situación incestuosa o de adulterio, nada que un buen secuestro no pudiera solucionar, sin embargo en muy raras ocasiones había circunstancias más complejas pero no había imposibles para ella. -Esa palabra no existe para nosotros. – respondió Liss con completa convicción. -Quiero tener sexo con Ted Bundy – le respondió Jazmin mirándola por primera vez a los ojos y desviando de inmediato la mirada retomando su tono tímido – Bueno, no tendría que ser él, no quiero tener sexo con un esqueleto…podría ser un imitador. -Ted Bundy, buena elección, ¿tiene alguna otra petición? -Sí, quiero que sea agresivo pero no lo suficiente como para hacerme daño permanente.
Liss le dijo que su habitación estaría lista pronto y le indicó que esperara en la sala dos, Jaz entró tímidamente a aquél lugar ruidoso y tomó asiento lejos del resto de la gente. En el escenario había una mujer desnuda y amordazada de pie con los brazos y piernas atados a los extremos del lugar, a su lado había una mujer con un vestido diminuto de cuero que portaba una máscara de conejo negra que dejaba al descubierto sus labios y a la orilla había una anciana de aspecto maligno sentada en una mecedora con una canasta llena de utensilios diversos. La coneja se acercó a la mujer encadenada con un machete gigantesco, acarició su cuerpo y mordió uno de sus pezones haciendo que se estremeciera, se introdujo dos dedos a la boca para humedecerlos y empezó a manipular el clítoris de su esclava que a pesar del temor no pudo evitar sentir placer. Con la mano libre alzó el machete y lo dejó caer sobre el muslo izquierdo de su víctima rebanándolo cual si fuera un filete provocando que se retorciera frenéticaente y gimiera de dolor, le arrojó el trozo de piel a la anciana que comenzó a manipularlo con sus arrugados y deformes dedos. La torturadora siguió desollándola como un fuera un animal, jalándolo la piel y utilizando el machete cuando era necesario mientras su víctima lloriqueaba suplicante, arrojaba los trozos de piel a la anciana que movía las manos con una velocidad anormal y no permitía ver lo que hacía con aquellos restos humanos. El escenario estaba salpicado de sangre y la víctima ya no reaccionaba demasiado, sin embargo Jazmìn estaba impresionada, quería tocar aquel cuerpo rojizo y viscoso que apenas conservaba piel en sus manos, piel y rostro. La sádica liebre tomó unas pinzas de entre las herramientas de la anciana, le quitó la mordaza a la figura ensangrentada y comenzó a arrancarle los dientes uno por uno arrojándoselos a la anciana que los tomaba y usaba para un propósito desconocido; cuando terminó con la dentadura la observó, ya no conservaba fuerza alguna y apenas se detenía por las largas cadenas, acarició su rostro agonizante con sangre fluyendo de las encías lastimadas y lo besó procurando lamer toda la sangre en él. De pronto la voz de la anciana la interrumpió, había terminado su extraño cometido. De pie se podía notar que la anciana no podía medir más de un metro cincuenta, caminó hacia la enmascarada sosteniendo el montón de piel humana, desató su pequeño atuendo de cuero dejándolo caer al suelo mostrando un juvenil cuerpo perfecto y en su lugar colocó los trozos de piel que había convertido en un vestido, le quitó la máscara y la remplazó por una diadema que había decorado con los dientes arrancados; al retirarse la anciana, Jazmin pudo notar que la sádica coneja era tan sólo una jovencita de de 15 años. Con el vestido de piel y la diadema parecía una versión gore del hada de los dientes, caminó por el escenario cual si se tratara de una pasarela y finalmente hizo una reverencia ante el público que estalló en aplausos. Jaz estaba maravillada ante el espectáculo y se unió al entusiasmo general, hasta que una voz aguda la asustó. -Señorita Auz, su habitación está lista – le dijo una maid – Le corresponde la 207, sígame. Jazmín la siguió hasta el segundo piso, entonces le entregó una tarjeta y una pequeña llave, ambas con el número 207 en ellas; le pareció un poco extraño que la acompañara hasta ese punto pero no hasta su habitación, sin embargo no le dio importancia y se dedicó a buscar su habitación. Todas tenían grandes puertas metálicas lo que la puso un poco nerviosa pero siguió caminando hasta la 207 y deslizó su tarjeta por la ranura indicada, la puerta se deslizó automáticamente, dio un par de pasos dentro y volvió a cerrarse asustándola, tras un pequeño pasillo había una puerta de madera con un letrero en ella “T. Bundy”, por un momento se sintió como Clarice visitando a Lecter pero a diferencia de ellos, aquí no habría un vidrio entre ambos. Introdujo la llave en la cerradura rogando que la fama del lugar estuviera justificada y que no apareciera frente a ella un imitador de Bundy regordete y grotesco, giró la llave y entró al lugar. Era un cuarto de hotel como cualquiera con escasos muebles (tal parecía que hasta ahí había llegado su presupuesto), y pudo ver a un hombre en cuclillas que parecía muy abstraído en alguna actividad pues ni siquiera volteó cuando ella cerró la puerta. Estaba de espaldas así Jazmín se acercó cautelosamente intentando descubrir que es lo que hacía, cuando estuvo a apenas un metro de distancia lo averiguó con horror, estaba agazapado sobre el cadáver de una mujer extrayendo sus intestinos con la ayuda de un largo cuchillo. Jaz no pudo reprimir un grito y el hombre giró hacia ella, era increíblemente parecido a las fotografías y videos que había visto de Ted Bundy; el cruel asesino salpicado de sangre dejó al cuerpo inerte y se acercó a ella sosteniendo aún su afilada arma; la mujer estaba paralizada por una oleada de excitación y terror que aumentó cuando él la sostuvo fuertemente de la cabellera y la besó con brusquedad para luego abofetearla con tanto ímpetu que la derribó. El rostro de Jazmín ardía y palpitaba deliciosamente por el dolor y deseó a ese hombre más que nunca, él se arrodilló frente a ella, recorrió sus piernas desnudas lentamente con el cuchillo hasta llegar a su falda que cortó violentamente causándole heridas en los muslos, su ligera camiseta cedió fácilmente ante el filo al igual que su ropa interior. Aquel psicópata cerró una de sus largas y fuertes manos alrededor del cuello de Jazmín mientras la penetraba bestialmente, luego tomó las piernas de la joven y las puso sobre sus hombros tras lo cual comenzó a propinarle fuertes puñetazos en el rostro hasta hacerla sangrar. Ella gozaba con ese intenso dolor que ninguno de sus previos amantes había logrado proporcionarle y sufrió un espasmo casi orgásmico cuando sintió como su labio inferior se rompía liberando una buena cantidad de sangre que lamió con una mueca lasciva, lo que enfureció a su compañero. - ¡Así que te gusta la sangre, perra! – pronunció él al mismo tiempo que la arrastraba por el cabello hasta donde se encontraba el cadáver y la arrojó de bruces contra él. Bundy la mantuvo así, de rodillas frente a aquel despojo humano y le introdujo su palpitante miembro por el ano mientras azotaba su cabeza contra los órganos expuestos de lo que alguna vez fue una mujer. Así, siendo sodomizada, con la cabeza hundida entre vísceras y sintiendo como aquel asesino serial le tajeaba en la espalda y las piernas que se humedecían de sudor y sangre Jazmín tuvo el mayor orgasmo de su vida y al poco tiempo sintió como sus heridas eran salpicadas de líquido seminal. -Ahora lárgate si no quieres terminar como ella – le dijo Ted señalando al cadáver que le había servido de almohada. Jazmín se envolvió con una sábana, tomó rápido el par de llaves y salió de aquél cuarto, sonrió satisfecha (o al menos lo intentó ya que su maltrecho y adolorido rostro no podía gesticular del todo) sin embargo su sonrisa se desvaneció cuando notó que la puerta no tenía una ranura para deslizar su tarjeta como en el exterior, de hecho no se veía ninguna posible forma de abrirla desde adentro. Intentó empujarla, deslizarla e incluso golpearla pero nada funcionó, de pronto escuchó una voz y se dio cuenta de que provenía de un interfon. -¿Ha terminado señorita Auz? – pronunció la voz de Liss. -Sí, ya quiero salir – respondió ella observando con temor la puerta con aquella inscripción “T. Bundy”. -Claro, aunque antes debemos hablar de su pago. -Bien, déjeme salir de aquí y podremos hablar de eso. – dijo sin dejar de mirar hacia la puerta. -No es necesario, verá, el sr. Bundy realizó un viaje bastante largo para complacerla y sería injusto que se marchara tan pronto, así que su pago será mantenerlo entretenido un poco más. -Pero…- un sutil sonido indicaba que la comunicación se había cortado, Jazmín gritó suplicante que la dejaran salir mirando aterrorizada aquella puerta de madera y sus ojos se humedecieron en aquel hinchado rostro cuando Ted fue el único que reaccionó con sus gritos. -Ah, sigues aquí – le dijo obligándola a entrar de nuevo al cuarto mientras ella lloriqueaba y forcejeaba tratando de liberarse inútilmente. Él la ató a una silla, desprendió el largo tubo metálico del clóset con el que contaba aquella habitación y comenzó a golpearla con furia, a ella el dolor dejó de parecerle estimulante cuando sintió como los huesos de sus piernas se rompían y sobresalían de su piel, ya no veía a aquel hombre como un sex symbol si no como el monstruo sádico que era, hasta que de pronto la miró casi misericordiosamente recuperando un poco de su encanto. -Me da tanta pena ver a un hermoso rostro como este tan maltratado – pronunció acariciándola, tomó una funda de almohada y se la colocó en la cabeza atándola fuertemente en el cuello limitando la respiración de Jaz al mínimo. Jazmín sentía todo su cuerpo como una gran herida abierta y creyó que era imposible sentir aún más dolor, escuchó que su agresor se alejaba y pensó que por fin se había aburrido de ella, de pronto el sonido de madera rompiéndose la asustó, ya que tenía el rostro cubierto no tenía idea de que hacía Bundy. De pronto sintió como él abría sus adoloridas piernas y deslizaba una mano hacia su vagina, no pudo evitar sentir un poco de placer ante ese contacto pero se desvaneció rápidamente cuando la pata de una silla penetró dentro de ella, quiso gritar pero la presión sobre su garganta se lo impidió y comenzó a sentir como la vida se escapaba de su cuerpo. Jazmín se despertó sobresaltada en su cama, sudor frío resbalaba por su espalda, llevó las manos al cuello para comprobar que ahí no había nada, luego corrió a mirarse al espejo de su tocador, tenía el labio inferior morado e hinchado al igual que el ojo izquierdo pero nada más y en una esquina del espejo miró una tarjeta que decía: “El burdel de las parafilias”, leyó el reverso, sonrió ampliamente y dijo: -Claro que volveré
 
Era una niña de 9 años, hija única de padres de gran influencia en la política local; esta niña tenía todo lo que hubiese querido y deseado una niña normal con buena educación, pero con una soledad incomparable. Sus padres solían salir a fiestas de caridad y reuniones del ámbito político, y la dejaban sola.

Todo cambió cuando le compraron un cachorro de raza grande (esto para que cuidase a la niña cuando creciera), pasaron los años y la niña y el perro se volvieron inseparables. Una noche como cualquier otra los padres fueron a despedirse de la niña; el perro, ya acostumbrado a dormir con la niña, se postraba abajo de la cama.

Los padres se fueron y pronto la niña se sumió en un sueño profundo, ya aproximadamente como a las 2:30 de la madrugada, un fuerte ruido la despertó, eran como rasguños leves y luego más fuertes. Entonces, temerosa, bajó la mano para que el perro la lamiese (era como un código entre ella y el perro) y lo hizo, entonces ella se tranquilizó y durmió otra vez. Cuando ella se despertó por la mañana descubrió algo espantoso: En el espejo del tocador había algo escrito con letras rojas, era sangre que decía así: N0 SÓLO LOS PERROS LAMEN. Entonces dio un grito de terror al ver a su perro crucificado en el suelo.

Cuando los padres la encontraron, la niña estaba arrodillada en un rincón de su habitación. Solo decía ¿Quién me lamió?. Nunca volvió a ser la misma, tratando de olvidar lo sucedido.

Hay otras versiones que cuentan que la niña se vlvió loca y quedo encerrada en un manicomio de por vida.
 
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