Esta historia la había contado en el foro paranormal hace varios años, pero se perdió después del cambio a

invision.
No es un mito, es una historia real, pero tal vez parte de lo que se cuenta de ella tenga algo de mito o exageración.
MORO, EL PERRO DE LOS ENTIERROS
Sucedió en la localidad española de Fernán Núñez, en la provincia de Córdova, entre los años 70 y 80. Moro era un perro callejero que acompañaba a algún vagabundo por las calles del pueblo. Resultó que una noche su dueño vagabundo murió de hipotermia, lo que no fue advertido hasta por lo menos dos días después. El perro alcanzó fama en el pueblo porque, según cuentan los testigos, estuvo las dos noches acompañando el cadáver del vagabundo, e incluso lo acompañó hasta el cementerio, donde se quedó por algunos días junto a su tumba.
Es probable que después de este incidente, el perro asociara el olor a muerto con su dueño, lo que hizo que el perro comenzara a acercarse cada vez que había un entierro en el pueblo. Al principio el perro se acercaba a los féretros que llegaban al cementerio, pero después comenzó a esperarlos antes de que llegaran y hasta se ponía en primera fila cuando los cotejos fúnebres pasaban por las calles.
En esta foto se le puede ver encabezando un funeral:
Pero su fascinación por la muerte siguió en aumento. Ya no se contentaba con acompañar los entierros hasta el cementerio: cuando había un velorio, el perro llegaba a la casa del difunto y le hacía guardia hasta que llegaba el momento de sacar el ataúd. Luego asistía invariablemente a su entierro, acompañando como uno más, a los dolientes del difunto. Pero resultó que después (y esto tal vez puede ser parte del mito), el perro empezó a aparecer en las casas en donde había alguna persona enferma, y se quedaba en la entrada de la casa hasta que la persona fallecía, para después acompañarla hasta el cementerio.
Como era de esperar, con el tiempo y a medida que la fama del perro se fue extendiendo por la ciudad, nadie quería ver a este perro merodeando cerca de su casa, sobre todo si en ella había una persona enferma. Se convirtió en un símbolo de mal augurio y de fatalidad. Por esta razón, el trágico final de este perro no sorprendió a nadie, era cuestión de tiempo. Los familiares de una niña gravemente enferma, descargaron contra el inocente perro toda su furia e impotencia cuando la niña murió y el perro la esperaba aullando en la puerta de la casa, y lo apalearon salvajemente. Tras una larga agonía, el perro finalmente falleció.
Muchos aseguran que Moro acudía a los velatorios y a las casas de personas enfermas atraído por la gran cantidad de gente que suele haber en esas situaciones. Que lo hacía buscando comida y caricias. Pero esta explicación no tiene ningún sentido, puesto que el perro jamás acudía a otros eventos donde se juntaba mucha gente, como bodas, bautizos, comuniones. Otra explicación es que el olor a cadáver y muerte de su único dueño le quedó tan grabado en su memoria, que gracias a su agudo olfato de perro era capaz detectarlo incluso cuando las personas estaban próximas a fallecer.
Doce años después de su muerte, fue inaugurado en Fernán Núñez un monumento en el Parque de las Fuentes. Juan Polo, el artista que realizó la escultura, reflejó la tristeza, la paz y la bondad de un animal que ha entrado por mérito propio en el mundo de la leyenda.
Recuerdo que esta historia la encontré en la Wikipedia, y me pareció tan interesante que inmediatamente la publiqué en el foro paranormal. Pero cuando quise volver a leerla, me encontré que había sido borrada de la página. Googleando llegué a un blog que era justamente de la persona que creó el artículo en Wikipedia, y él contaba que el artículo sólo alcanzó a estar un par de días en ella. Lo suficiente como para que yo la leyera casualmente y se la pudiera contar a ustedes, a mis hijos y a muchísimas personas más.