El francés era todo lo que Diego Reyes tenía en la cabeza ese mediodía de diciembre de 2008. Había postulado tres veces a una beca para irse a estudiar dirección técnica al Instituto Nacional de Fútbol Clairefontaine, cerca de París, pero sus dos primeras solicitudes habían sido ignoradas. Esta vez, sólo quedaba someterse a la entrevista para quedar adentro. Mientras esperaba afuera de una sala del Pedagógico, sonó su celular. Una voz le dijo “le van a hablar”. Las palabras que escuchó después cambiaron su vida.
-Usted habla con Marcelo Bielsa. Recibí su mensaje. ¿Puede estar aquí a las dos de la tarde?
Reyes no se acuerda de lo que dijo en ese último examen ni de cómo le fue. Tampoco le importó. Estaba aturdido tras la llamada de su ídolo, a quien admiraba desde que lo vio por primera vez en televisión, cuando Newell’s Old Boys de Rosario visitó a Coquimbo Unido por la Copa Libertadores 1992. Se apresuró a contactar a su hermano Cristián, para que le prestara el único terno que tenía en Santiago, y partió a Juan Pinto Durán.
No era la primera vez que estaba parado allí. En septiembre y noviembre también había golpeado el portón para preguntar si podía hablar con Bielsa. Quería hacerle un par de consultas puntuales sobre la formación de jugadores -su tesis para el Magíster de Educación en Salud y Bienestar en la Umce había tratado este tema- y conseguir una recomendación para sus estudios en Francia, que debían partir en marzo de 2009. Sin embargo, Reyes ha reconocido a sus cercanos que con saludarlo o ver un entrenamiento se hubiera retirado feliz. La primera vez, el guardia le sugirió que enviara una carta, que no tuvo respuesta. En la segunda, Bielsa no estaba: había concurrido al Hospital Luis Tisné, por una gastroenteritis. Reyes le dejó un breve mensaje junto al guardia, con dos preguntas:
1. ¿Qué opina usted de la metodología de la escuela francesa de directores técnicos?
2. ¿Qué aspectos técnicos se deben privilegiar en la formación de jugadores de 15 años?
El portón finalmente se abrió. Reyes fue conducido a la oficina de los colaboradores de Bielsa, entre ellos, el preparador físico Luis Bonini, el asistente Pablo Quiroga y el ayudante técnico Eduardo Berizzo, quien lo recibió y le encomendó la tarea de editar varios videos del delantero Héctor Mancilla en Toluca de México. Al “Profe”, como llama él a Bielsa, lo saludaría una semana después, con un frío apretón de manos.
-¿Así es que eres fan de Bielsa? Ya vas a conocer a tu ídolo -le dijo Berizzo, con cierta malicia.
Reyes se desprendió del terno y se puso la tenida oficial de la Selección. Antes de empezar a trabajar, le pidió a otro colaborador que le tomara una foto. Hoy, esa imagen cuelga en una de las paredes de la pequeña casa de su madre, Gabriela Salazar (61), en Nacimiento, la pequeña ciudad de la Octava Región donde forjó su intensa pasión por el fútbol, una tan potente, que el asistente le ha dicho a sus cercanos que, a estas alturas, está más loco que el propio Bielsa.
***
Sobre las calles de Nacimiento flota un olor a humo que a ratos es ligero y otras veces se vuelve muy intenso. Esta contaminación es, en parte, producto de las estufas a leña, pero se debe, principalmente, a la plantas de una papelera y una celulosa, de cuyas actividades dependen los más de 28 mil nacimentanos, directa o indirectamente.
Aunque muchos habitantes de la ciudad dicen conocer la historia del coterráneo que trabaja con Bielsa, Reyes, de 32 años, se mueve por el pueblo anónimamente, como cualquiera. Desde que salió del Liceo C-68, en 1998, ya no vive allí, pero siempre regresa. Esta semana aprovecha las vacaciones obligadas, luego de su salida del Athletic Bilbao, para visitar a su familia. Al salir de la casa de su madre, Reyes se muestra algo sorprendido al ser abordado, pese a que sus cercanos lo han puesto al tanto. “Entiendo su trabajo, pero yo no quiero perder el mío”, comenta, en referencia directa al estricto silencio que Marcelo Bielsa les exige a sus empleados. Sin embargo, ante la insistencia, accede a contestar un par de preguntas y hacer un breve repaso por su vida antes del “Loco”.
La verdad es que Reyes quería estar dentro de la cancha, no afuera. Jugó en un par de equipos de la ciudad, como Grimba Azul y Colo Colo, pero sólo destacó a nivel local. “Era muy bueno para la pelota, le decíamos ‘Maradona’, pero se quedó ahí. Se probó en varios clubes profesionales. No resultó, pero sabía mucho de táctica desde chico. Recuerdo que se quedaba sentado y observaba mucho los partidos”, cuenta Héctor Toledo (52), uno de los entrenadores que tuvo entre los 10 y 14 años. A esa edad decidió irse a Concepción, para entrenar con las divisiones menores de Fernández Vial, pese a la negativa de su mamá.
-Yo siempre me opuse a lo del fútbol. Es cierto que era bueno para el deporte, pero también muy inteligente, así es que me hubiera gustado que estudiara otra cosa. Además, le penaba la baja estatura -explica Gabriela Salazar.
Después de un año de entrenar sin ser nominado al equipo, Reyes entendió que no lograría su sueño de ser futbolista y volvió a Nacimiento, a cursar los dos últimos años de educación media. Su familia también lo necesitaba allí para acompañar a Pablo, el mayor de los cuatro hermanos, quien había quedado con secuelas neurológicas después del parto y una reducida esperanza de vida. “Es la piedra angular de toda la familia. Yo me dediqué a esto también porque veía los partidos con él y me incentivaba a seguir con el fútbol”, dice Reyes. Después de la muerte de Pablo, en el año 2000, sus padres se separaron y la hermana menor, Camila (15), se quedó con su madre.
Reyes terminó Educación Física en la Umce, sacó su magíster y tuvo un breve paso por la carrera de entrenador del Instituto Nacional del Fútbol (Inaf). Posteriormente, trabajó como profesor en colegios de Ñuñoa y La Cisterna, pero nunca pudo olvidar su verdadera vocación. En 2006, se le metió la idea de estudiar la carrera de técnico en Francia, pero cuando estaba a punto de cumplirlo, recibió una oferta mucho mejor.
***
Durante su práctica en Juan Pinto Durán, en el verano de 2009, Reyes trabajaba desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche. Su labor principal era revisar 120 cintas VHS con los entrenamientos de Bielsa en la selección argentina y traspasarlas a DVD, para luego entregar un informe con lo que había observado. El rosarino le había asignado esta tediosa tarea, para probar su tenacidad y ver si tenía verdadero interés en estar allí.
-¿Todavía sigues aquí? ¡Andate a casa! -le decía Berizzo al verlo revisando los videos. Lo que nadie sabía era que aquella selección argentina era el equipo favorito de Reyes, por lo que analizar los movimientos de figuras como Juan Pablo Sorín, Javier Zanetti o Gabriel Batistuta era más un placer que un trabajo.
El nacimentano cumplió con su tarea, pero no tenía ninguna ilusión de seguir, hasta que Bielsa lo invitó a dar una vuelta por las canchas. “Le ofreció quedarse trabajando junto a él, como asistente o firmarle la recomendación para ir a Francia. Le dio una hora para pensarlo”, recuerda Gabriela Salazar. Su hijo aceptó quedarse y desde entonces no se ha separado del rosarino en ningún momento, ni siquiera en vacaciones, como ahora. “Siempre que estamos en la mesa, lo llama”, dice su hermana Camila, a lo que su madre agrega una frase categórica: “Bielsa no hace nada sin que Diego lo sepa”.
La importancia de Reyes dentro del staff de Bielsa ha ido aumentando paulatinamente. De sólo ver videos, pasó a organizar ejercicios en las prácticas. Fue al Mundial con la Selección y luego fue el único chileno que el argentino escogió para continuar su trabajo en Bilbao. Allí, Reyes comenzó a delegar responsabilidades, pero seguía teniendo un rígido horario de trabajo. “Cuando fui a España a visitarlo, lo vi poco. Es un trabajo que no te deja mucho espacio para la familia”, manifiesta Pedro Reyes (64), su padre. Efectivamente, la completa dedicación que Bielsa les exige a sus colaboradores ha complicado la vida privada de Reyes, que pololea desde hace más de 10 años con Dominique Lara, con quien además tiene una hija de siete, Josefa.
-Siempre he puesto por delante mi pega. Quizás sea un error, no lo sé -revela el asistente.
Bielsa suele mantener la distancia con su equipo, pero ha pagado el sacrificio de Reyes con pequeños gestos, como haberle prestado su Nissan Tiida tras el terremoto del 27/F, para que éste viajara a Nacimiento a encontrarse con sus familiares, de quienes no había tenido noticias. “Hay confianza mutua. Bielsa también significa todo para Diego”, opina Salazar.
Reyes fue el último colaborador en despedirse de Bielsa, pues se quedó junto a él, redactando el informe final de lo que habían hecho en Bilbao. De acuerdo con sus cercanos, luego lo acompañó a Qatar, de donde recibió una millonaria oferta, y actualmente está estudiando a los futbolistas de diferentes países que quieren sus servicios, como México y Paraguay. Aunque también le han surgido opciones de independizarse, tanto en Chile como en el extranjero, en su familia aseguran que si Bielsa lo vuelve a necesitar pronto, allí estará.
-Me llena de orgullo haber podido seguir mi vocación, aprendiendo del tipo con el que quería trabajar. Tal vez fue suerte, pero mucha gente se quiere acercar a él y yo fui uno de los primeros en Chile que lo logró -sentencia Reyes.
Tal como él en su momento, todavía hay muchos jóvenes entrenadores y fanáticos del fútbol encandilados con la figura del rosarino. Una de las labores de Reyes es elegir quienes pueden colaborar y coordinarlos. A cada uno de ellos le dice que si quieren aprender, se queden; si no, que se tomen una foto y se vayan. Cinco años después de haber estado al otro lado de la reja, Reyes ya suena como Bielsa.