Pan copihue: Siguiendo con el tema del pan, a la hora de preparar completos los penquistas también tenemos diferencias. La primera vez que le pregunté a alguien dónde los vendían me miró muy raro. En Concepción, al pan de completo le llamamos pan copihue. En otras zonas del país, le dicen lengua.
“Cinco minutos”: En Concepción a las vienesas se les llama “cinco minutos”, por el tiempo de cocción que éstas tienen. Ahora vas a entender a un penquista cuando diga “compra unos panes copihue para poder comer las cinco minutos que me quedaron de ayer”.
Chorita: Otro juego clásico de mi infancia fue aquel donde con mis amigos hombres tomábamos una pelota y teníamos que evitar de todas las formas que el esférico pasara por entremedio de las piernas, ya que todos los jugadores se hacían con el derecho de golpearte con el pie en el trasero, la clásica “patá en el poto”. Ese juego, que en otras zonas se llama “macha patá” o “hoyito patá”, nosotros le llamábamos jugar a la “chorita”.
Paquito libre: Siguiendo con los juegos, otro muy famoso en mi infancia fue el “paquito libre”, que es más famoso como el “paco ladrón”. Consistía en conformar dos bandos, uno de malos y otro de buenos, donde los segundos perseguían a los primeros para llevarlos a la capacha, pero en cualquier momento alguien podía pasar corriendo gritando “paquito liiiiibreee” para liberar a todos los apresados.
Camello y acamellar: La primera vez que usé estos términos en Santiago fue delante de un ex jefe. No me entendió. Debió haber sido una frase estilo “ese tipo es muy camello”. ¿Qué es camello? Los penquistas denominamos camello a aquella persona que se afana demasiado en algo, y acamellar es una especie de transformación del adjetivo en verbo. Por ejemplo, un penquista perfectamente puede decir “estoy muy camello con el estudio” o “te vas a acamellar jugando ese videojuego”. Todo exceso es malo, no sean camellos.
Rascapoto: Esta palabra me encanta porque tiene picardía y simpleza, ya que une el verbo rascar y el sinónimo de trasero. Para que entiendan, rascapoto le llamamos al tradicional resbalín, aquel juego infantil donde uno sube una escalera para lanzarse como si fuera un tobogán. Claro que en Concepción no nos tiramos por el resbalín, nos lanzamos por el rascapoto.
Jugar a las polquitas: Cuando niño, nunca jugué a las canicas o las bolitas. En Concepción jugábamos a las polcas, o polquitas. Con eso nos entreteníamos en todos los recreos, hasta que salieron los tazos que venían en las papas fritas. Aunque de vez en cuando igual volvíamos a las polquitas.
Comer pastillas: Esta es una gran diferencia del lenguaje que los penquistas tienen con el resto del país. Los caramelos o también llamados dulces, en Concepción los llamamos pastillas, como si fueran medicamentos. De hecho, en los cumpleaños los niños se ponen bajo la piñata para recoger pastillas o salimos a la calle en Halloween para recibirlas.
Hacer una cucha: Cuando el carrete está recién en la mitad y el trago se acabó, el penquista no realiza una “vaca” con sus amigos para juntar dinero, sino que hace una “cucha”, o “cuchita” incluso. Así le llamamos a la colecta espontánea para reunir dinero.
Zorrito: Después de una buena comida a la hora de almuerzo o simplemente porque da sueño a cierta hora de la tarde, una buena idea es tomar una pequeña siesta para recargar pilas. Bueno, en Concepción a la acción de dormir después de almuerzo también la llamamos “zorrito”. Si escuchas a un penquista decir “me voy a pegar un zorrito y vuelvo” es porque va a dormir.
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