Ciertamente puede ser parte de una tendencia más amplía que va a acabar incluso con los malls. Igual la caída de los malls se ha frenado un poco por nuestro amigos extranjeros que les están dando su segundo aire, aunque no sé cuando vaya a durar este airecito. Sin embargo, aunque la weaa del comercio online va a ganar (eso todos lo sabemos, ya sea en 20, 30 o 50 años, eso va a terminar pasando, lo cual no significa que el físico vaya a desaparecer del todo) la capacidad de reinvención de los malls y demás tiendas anclas no se debe subestimar. Rosa Liliana De Simone, que es una académica super hiper pro en temás de diversas tipologías comerciales (caracoles, centros comerciales, galerias, malls) hace hincapie en que el mall en Chile se ha reinventado más que la xuxa y que ha logrado mantenerse siempre al alza desde que llego el primero, en el 82' (a todo esto, si a algún wn le interesa estos temas, esta mina tiene un libro virtual gratuito junto con otro wn que te cuenta la historia del mall en Chile).
Estaba hojeando el libro que menciono, y pese a que desconocía su existencia, esta bastante bueno, al menos para mi que me encanta lo publico y económico.
Dice claramente varias cosas que muchos critican y que al final usan en su día a día, como también a los futuros consumidores y a la clase media predominante en el pais.
Recomiendo también, para aquel que le guste la economía, el libro “Economía con Aplicaciones en Latinoamérica” de Paul Samuelson y William Nordhaus, allí explican varios aspectos de nuestra economía actual y la famosa ley de oferta y demanda, además de como los consumidores toman decisiones, entre otras.
Acá en Antofagasta uno de los primeros malls fue la “Galería Green”, que hace unos años quebró por lo que supe, y el que aún se mantiene es el “Caracol”, aunque este último está lleno de servicios técnicos de colombianos y pocos locales con productos novedosos.
El Caracol es como una Shenzhen pero colombiana. El Portal Galicia es casi lo mismo.
El Mall Plaza se comió a todos esos centros comerciales chicos desde que llegó el 2006, ahora hay hartos paseos comerciales de colombianos, pero poco se ven locales de chulenos grises, a diferencia de como solían haber hace 15 años atrás, donde era raro ver un local chino o “todo a $500”, y cuando los colombianos no llegaban a invadir nuestras tierras en masa.
Falabella del Centro dejo de existir en Antofagasta más menos el año 2008, y el 2009 fue convertido en un Tottus. Es uno de los supermercados más convenientes de la ciudad, después del Lider/ Walmart Chile.
Este último sufrió bastante con la llegada del Mall, tenia en su segundo piso el “Antofagasta Shopping” que mi hermanable
@Jlox II recordara bien.
En ese lugar habían muchas tiendas, de videojuegos, baratijas, un sodimac completo, un McDonalds, patio de comidas amplio con mucha decoración al estilo tropical con una fuente de árbol en la cual corría un río artificial y su árbol estaba iluminado, y donde todos los fines de semana habían actividades para la familia, sin olvidar también que era el lugar donde se encontraba el único cine de la ciudad, CinePlanet/ CineMundo, ya que después del cierre del Cine Nacional en 2004 quedó este con el monopolio de las películas.
El Antofagasta Shopping fue lugar de encuentro para miles de personas hasta su decadencia, hoy están todos los locales cerrados y solo queda el patio de comidas que esta también en muy lúgubre estado. El strip center que había hoy está vacío y solo quedan las ruinas de lo que fuera un McDonalds, en el lugar del Happyland hay un local para niños y el resto de locales cerrados y sin esperanzas que vuelvan a abrir, jamás.
El Mall Plaza hizo mierda a los malls chicos en Antofagasta, y ahora hay muchos más malls, uno en el lado sur cercano al casino enjoy y otro que está en construcción, frente al líder express de los condominios. Sin olvidar uno también que está en la costanera norte de la ciudad.
Mención especial a un centro comercial de Copiapó, que se inauguró en 1994 y hoy está con pocos locales, después de la llegada del Mall Plaza de avenida Copayapu.

Editorial McGrawHill