Un estudio dirigido por el jefe del Centro de Innovación de la OTAN (iHub), François du Cluzel, publicado en enero de 2021, explica el desarrollo de una modalidad de “guerra cognitiva”, que, con el pretexto de las supuestas amenazas de China y Rusia, tiene como fin “hacer de cada persona un arma de guerra”.
A las nuevas modalidades de lo que se conoce como
“guerra híbrida” -económica, informativa y psicológica-, la
OTAN une ahora un nuevo tipo de guerra no convencional que ha bautizado con el nombre de
“guerra cognitiva”. Se trata de “
hackear al individuo” explotando “
las vulnerabilidades del cerebro humano”, para mejorar las técnicas de
“ingeniería social”.
Entre junio y septiembre de 2020 se llevó a cabo un
estudio, bajo la dirección de
François du Cluzel, ex-oficial de ejército francés y director del
Centro de Innovación de la OTAN (
iHub- con base en Norfolk, Virginia), en el que se explica claramente que
el objetivo de la “guerra cognitiva” es “hacer de cada persona un arma de guerra” y del cerebro humano “el campo de batalla del siglo XXI”.
Con una claridad meridiana, el estudio, publicado en enero de 2021, sostiene que “
el objetivo de la Guerra Cognitiva es dañar a las sociedades y no solo a los ejércitos”. Para ello se necesita que las fuerzas militares de los Estados miembros de la
OTAN trabajen más estrechamente con las
Universidades, para
poner a las ciencias sociales y las humanidades al servicio de este objetivo, de modo que se militaricen todos los aspectos de la sociedad y la psicología humanas.
Esta militarización omniabarcante es, según el estudio, necesaria porque hay “
una quinta columna compuesta de personas que, sin saberlo, se comportan de acuerdo a los planes de uno de los poderes competidores”. Se deja claro que esos “
competidores”, que supuestamente explotan las conciencias de los disidentes occidentales, son
China y
Rusia.
En otras palabras, el documento muestra que la plana mayor de
la OTAN ve amenaza en las poblaciones de sus Estados miembros, las que teme puedan convertirse en potenciales células dormidas de
China o
Rusia, es decir, “
quintas columnas” que amenacen la estabilidad de las “
democracias liberales de Occidente”.
La
OTAN celebra dos veces al año -en primavera y otoño- un evento titulado “
Desafíos en Innovación”. Los Estados miembros se alternan para albergar dichos eventos, a los que se invita a empresas privadas, organizaciones e investigadores que puedan contribuir al desarrollo de nuevas tácticas y tecnologías militares. El último se celebró en septiembre en
Canadá, con el título “
La amenaza invisible: Herramientas para contrarrestar la guerra cognitiva”:
“
La guerra cognitiva convierte a la mente en campo de batalla y terreno en disputa. Su objetivo es sembrar disonancia, instigar narrativas enfrentadas, polarizar la opinión y radicalizar a los grupos. La guerra cognitiva puede incitar a la gente a que actúe de manera que se llegue a fragmentar una sociedad de otro modo cohesionada”.
La
Asociación de la OTAN en Canadá (
NAOC por sus siglas en inglés) -ONG que trabaja a favor de la Alianza- organizó el pasado 5 de octubre un
debate sobre "guerra cognitiva", en el que participaron el referido
François du Cluzel junto a
Robert Baines, presidente de la Asociación OTAN de Canadá,
Garrick Ngai, ejecutivo de marketing de la industria de armamento, consejero del
Departamento Canadiense de Defensa Nacional y vicepresidente de
NOAC;
Andy Bonvie, oficial del Centro de Entrenamiento de Operaciones Especiales de Canadá;
Marie-Pierre Raymond, militar retirada de alto rango en activo como directora de Ciencia e Innovación en Defensa del ejército canadiense; y
Shekhar Gothi, militar del Departamento Canadiense de Defensa Nacional y Comando de Operaciones Especiales.
Cluzel explicó que la
guerra cognitiva “
empieza con la hiperconectividad” dado que “
todo el mundo tiene un teléfono”. La
información es, según dijo, el combustible de esta guerra; pero va más allá. Se solapa con las grandes empresas tecnológicas y la vigilancia masiva: “
Producimos datos allá donde vayamos. Cada minuto, cada segundo que pasamos en línea. Y esto hace que sea extremadamente fácil manejar esos datos para conocerte mejor y usar ese conocimiento para cambiar tu forma de pensar”.
Cluzel definió la
guerra cognitiva como “
el arte de usar las tecnologías para alterar la cognición de los objetivos humanos”.
Esas tecnologías, señaló, incorporan los campos de la
nanotecnología, la
biotecnología, la
tecnología de la información y las
ciencias cognitivas. Todas juntas “
constituyen un cóctel muy peligroso que puede hacer avanzar la manipulación del cerebro”, dijo. Su ámbito de aplicación es global: “
desde los individuos hasta los Estados y organizaciones multinacionales”.
La investigación en
neurociencia para propósitos militares -que hoy lidera el
Pentágono- puede aplicarse, según el estudio, a “
promover cogniciones y emociones de afiliación o pasividad; inducir morbilidad, discapacidad o sufrimiento; y 'neutralizar' a potenciales oponentes o provocar mortalidad”. En otras palabras, enfermar, mutilar y matar gente.
El estudio cita al General estadounidense
Robert H. Scales, que sintetiza la
nueva filosofía de combate de la OTAN del siguiente modo: “
La victoria será definida en términos de ocupación de lo psico-cultural más que lo geográfico”.
Todas las disciplinas académicas deberán estar implicadas en la "guerra cognitiva", no solo las ciencias duras, sino también la
Antropologia y
Etnografía, la
Historia y la
Psicología, entre otras.
El estudio de François du Cruzel se puede consultar en:
https://www.innovationhub-act.org/sites/default/files/2021-01/20210122_CW Final.pdf
Fuente:
https://thegrayzone.com/2021/10/08/nato-cognitive-warfare-brain/