Este caso con Cathy Barriga es un verdadero escándalo, y la magnitud de las irregularidades que se le imputan da para una novela de corrupción. Si lo que se dice sobre la falsificación de cuentas públicas y el desvío de recursos es cierto, estamos hablando de una defraudación de proporciones, con un déficit de casi $12 mil millones que ella maquillaba a su favor. El tema de la periodista contratada a honorarios y los pagos por servicios no prestados también es grave, y el hecho de que no la haya desvinculado, pese a que estaba con licencia, solo añade más leña al fuego.
Lo que hace aún más impactante el caso es la cantidad de personas involucradas, ya sea por los bonos otorgados injustamente o los sobrepresupuestos. Es un festín de dinero público mal gestionado y, en el peor de los casos, mal utilizado. Lo triste es que este tipo de situaciones se repiten en distintos niveles de la administración pública, lo que genera una desconfianza profunda en los procesos de control y fiscalización.
Al final, la pregunta que queda en el aire es si realmente se le va a dar el castigo que corresponde o si quedará en el limbo como tantos otros casos de corrupción. Si la justicia no actúa con contundencia, se mandaría un mensaje claro de que la impunidad sigue existiendo para ciertos actores políticos.