Una testigo del caso reveló ante la Fiscalía que, tras su declaración ante la Sección de Investigación Policial de Carabineros, recibió un llamado de Javier para, supuestamente, presionarla e intimidarla.
Además, en una llamada telefónica entre Javier y una prima de la familia, ella le dijo “sin cuerpo no hay delito” y “están jugando con la familia”.
A esto se suma que, 10 días antes de la desaparición, Julia traspasó formalmente un terreno en Quitañir a su hijo Pablo San Martín Chuñil, quien lo compró a su madre por $8.000.000 al contado.
En el artículo 10 del contrato de compra se estipula que el terreno seguiría siendo de ella hasta que muriera. Por lo mismo, Pablo también pasó a ser un “sujeto de interés”.