Acumulamos suficiente experiencia como para saber que los principales defensores del régimen tiránico de Venezuela (y de Cuba) justifican los crímenes de estos tiranos
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En realidad, una izquierda que siempre ha odiado a los valores occidentales. Es la misma que enviaba a Pinochet a los infiernos, pero elevaba a Castro a los altares, la misma que denostaba a Hitler, pero defendía a Stalin. Y hoy por hoy, la misma que ataca a Israel, pero justifica a Irán, o denigra a Estados Unidos, pero calla ante las barbaridad de Rusia
Quizás el problema está en el nombre. Mientras la extrema derecha representa lo que es -intolerancia, regresión, represión, violencia-, y por ello recibe el repudio mayoritario, la extrema izquierda es lo mismo, pero camuflada. Pongo el ejemplo de los titulares en la prensa española a raíz de las elecciones de Chile. Decían que se debaten entre “la progresista Jara, y la extrema derecha de Katz”. Jara, militante del partido comunista de Chile, convertida en “progresista”, y el liberal Katz, convertido en extrema derecha. Colocado el adjetivo, el substantivo queda marcado.
Pero de todos los ejemplos posibles, el más claro es el de Venezuela.
Maduro perpetra todo tipo de barbaridades, desde robar las elecciones, y ejercer una brutal represión, hasta convertir Venezuela en un paraíso criminal. Es el paradigma del sátrapa ignorante y violento que conduce su país al desastre. Y sin embargo, continúa teniendo el aplauso de los Petro y los Pablo Iglesias de turno, eternos paladines del pueblo, mientras el pueblo se muere de hambre
Llamar progresismo a eso es una mueca dantesca. En realidad se trata de otro tipo de fascismo, el fascismo de izquierdas, tan intolerante y antidemocrático como el de derechas, e igualmente violento.
Un fascismo que odia a María Corina Machado porque encarna como nadie la lucha por los valores democráticos, y son esos valores a los que realmente teme