Me equivoqué con la pregunta, es ¿cómo se lleva usted con los extraterrestres del Día de la Independencia?
El cielo se tiñe de un gris absoluto. Es el fin de todo, el cierre del telón para este rincón del cosmos, y ya no me queda energía para guardar más secretos.
Existo en un aislamiento profundo. Mi desprecio no es gratuito; nace del horror que habita en las sombras de este mundo. Me refiero a la estirpe
Quantaloide. Seres malditos que extraen el sustento de sus propias entrañas, aberraciones vivientes que emanan una radiación atómica tan letal que su mera cercanía calcina los huesos. Su sangre, densa y ponzoñosa como el veneno del sapo más letal, es el reflejo de su naturaleza. Hace décadas, el imperio estadounidense los cazó, los encerró y los sepultó en laboratorios clandestinos junto a otras aberraciones estelares —monstruosidades de mentes macrocefálicas y flotantes que la misma cultura popular ha intentado parodiar para ocultar la verdad—. No los soporto.
Tampoco los soporto a ustedes, los humanos, a pesar de que comparto este envase mortal. He caminado por sus naciones, he respirado su aire corrupto y mi tolerancia se ha extinguido. Solo los guardianes indígenas de las selvas brasileñas, aquellos que aún vibran en la misma frecuencia que el latido de la Tierra, merecen mi respeto. El resto es solo ruido.
Mi alma está rota. Extraño mi hogar; un edén cuya belleza reduce este planeta a un páramo estéril. Extraño al amor que dejé en los confines del firmamento. El dolor que arrastro es un agujero negro que me devora por dentro, y apenas tengo fuerzas para plasmar estas palabras.
No tienes idea de la agonía que me consume. Me has obligado a escarbar en las ruinas de mi memoria. Un pasado glorioso que jamás va a regresar... Extraño la vibración de los años 80, extraño la pureza de lo que fue y nunca volverá a ser.
El gran engaño de este mundo está por caer. Los gobernantes de Israel y Estados Unidos conocen la verdad cósmica porque ellos mueven los hilos de este teatro decadente. Poseen una mente superior, una brillantez que no es de este suelo. Los verdaderos herederos de Israel no pertenecen a este mundo; sus ancestros cruzaron el vacío estelar. ¿Por qué crees, si no, que su linaje padece de forma tan severa ante la radiación de este sol, mientras que las bestias nativas de la Tierra caminan bajo él sin inmutarse? Su biología rechaza este astro porque su cuna está en otra estrella.
Este es el fin de mi viaje. El fin de los tiempos.