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El travesti, el viejo y el bong. Historial real con fotos.

Sarkham

La Résistance
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2006/08/05
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Macho
Esto pasó realmente, un día de junio, como a las 5 de la tarde.

Yo estaba en mi departamento, un dormitorio, sentado en la cama y a punto de prender el bong.

Tocan el timbre.

Ya eso era raro.

Mi departamento estaba prácticamente a una calle de conserjería, así que nadie llegaba hasta mi puerta sin que antes lo anunciaran por citófono.

Pensé que era mi vecino, que era DJ y con el que me llevaba súper bien. A veces fumábamos juntos en la tarde, él ponía música y todo bastante piola.

Abro la puerta.

Y veo a un colombiano negro, de apariencia femenina.

No alcanzo ni a procesarlo cuando aparece detrás un viejo con una muleta, corriendo por el pasillo y gritando:

—¡AYÚDENME! ¡ME VAN A ROBAR!

Yo quedé mirando la escena tratando de entender qué mierda estaba pasando.

Mi primera reacción fue pensar: "Ya, este viejo es la víctima".

Pero algo me dijo que no me metiera físicamente en la cuestión.

Así que hice lo más responsable que se me ocurrió:

saqué el teléfono y empecé a sacar fotos.

Llamé a conserjería y les dije que mandaran a los pacos.

Mientras esperábamos, el viejo terminó sentado en mi sillón y la otra persona quedó afuera de mi departamento porque ni cagando iba a dejar entrar a alguien que acababa de conocer en esas circunstancias.

Llegaron los pacos.

Y ahí estaba yo.

Volao como piojo.

Parado cerca de los ascensores, viendo una discusión entre un viejo con muleta y una persona que hasta cinco minutos antes no existía en mi universo.

Y ahí recién empezó a aparecer la verdadera historia.

Resulta que el viejo había contactado por Badoo a una mujer.

Según él, la persona que había llegado a su departamento no correspondía a las fotos del perfil.

La otra persona decía que el viejo simplemente no quería pagar.

Hasta ahí ya era raro.

Pero después apareció el giro.

El viejo decía que no quería continuar porque, según la otra persona, tenía un miembro demasiado grande y no quería hacerle daño.

Yo estaba ahí pensando:

"Hermano, hace diez minutos estaba preocupado de prender un bong."

Después de discutir un rato, llegaron a un acuerdo.

El servicio supuestamente costaba 60 lucas.

El viejo terminó pagando 30 lucas.

Y cuando uno de los pacos estaba tratando de entender exactamente qué había ocurrido, pregunta, con una seriedad que todavía recuerdo:

—Ya, pero entonces... ¿quién se la metería a quién?

CTM.

Ahí casi me cago de la risa.

El viejo además estaba medio disociado por medicamentos y tenía sus propios fetiches. Nada que juzgar, cada uno con sus weás.

Pero la escena completa ya parecía una película escrita por alguien que había fumado demasiado.

Después el paco me preguntó si podía dar una declaración de lo que había visto.

Le dije que sí.

Entramos a mi departamento.

Y ahí estaba mi bong arriba de la mesa.

El paco lo vio.

Yo pensé: "Cagué".

Pero no.

Me dijo que no le molestaba y que, mientras estuviera dentro de mi casa, yo podía hacer lo que quisiera.

Así que terminé declarando como testigo, con un bong arriba de la mesa, mientras afuera seguían resolviendo la teleserie del viejo, la muleta, Badoo, las 30 lucas y el misterioso cambio de identidad.

Desde ese día aprendí algo:

si estás a punto de prender un bong y tocan el timbre, no abras

Porque uno nunca sabe si al otro lado hay tu vecino...

o una investigación policial.

Adjunto evidencia porque si no, esta historia parece inventada.

 
Esto pasó realmente, un día de junio, como a las 5 de la tarde.

Yo estaba en mi departamento, un dormitorio, sentado en la cama y a punto de prender el bong.

Tocan el timbre.

Ya eso era raro.

Mi departamento estaba prácticamente a una calle de conserjería, así que nadie llegaba hasta mi puerta sin que antes lo anunciaran por citófono.

Pensé que era mi vecino, que era DJ y con el que me llevaba súper bien. A veces fumábamos juntos en la tarde, él ponía música y todo bastante piola.

Abro la puerta.

Y veo a un colombiano negro, de apariencia femenina.

No alcanzo ni a procesarlo cuando aparece detrás un viejo con una muleta, corriendo por el pasillo y gritando:

—¡AYÚDENME! ¡ME VAN A ROBAR!

Yo quedé mirando la escena tratando de entender qué mierda estaba pasando.

Mi primera reacción fue pensar: "Ya, este viejo es la víctima".

Pero algo me dijo que no me metiera físicamente en la cuestión.

Así que hice lo más responsable que se me ocurrió:

saqué el teléfono y empecé a sacar fotos.

Llamé a conserjería y les dije que mandaran a los pacos.

Mientras esperábamos, el viejo terminó sentado en mi sillón y la otra persona quedó afuera de mi departamento porque ni cagando iba a dejar entrar a alguien que acababa de conocer en esas circunstancias.

Llegaron los pacos.

Y ahí estaba yo.

Volao como piojo.

Parado cerca de los ascensores, viendo una discusión entre un viejo con muleta y una persona que hasta cinco minutos antes no existía en mi universo.

Y ahí recién empezó a aparecer la verdadera historia.

Resulta que el viejo había contactado por Badoo a una mujer.

Según él, la persona que había llegado a su departamento no correspondía a las fotos del perfil.

La otra persona decía que el viejo simplemente no quería pagar.

Hasta ahí ya era raro.

Pero después apareció el giro.

El viejo decía que no quería continuar porque, según la otra persona, tenía un miembro demasiado grande y no quería hacerle daño.

Yo estaba ahí pensando:

"Hermano, hace diez minutos estaba preocupado de prender un bong."

Después de discutir un rato, llegaron a un acuerdo.

El servicio supuestamente costaba 60 lucas.

El viejo terminó pagando 30 lucas.

Y cuando uno de los pacos estaba tratando de entender exactamente qué había ocurrido, pregunta, con una seriedad que todavía recuerdo:

—Ya, pero entonces... ¿quién se la metería a quién?

CTM.

Ahí casi me cago de la risa.

El viejo además estaba medio disociado por medicamentos y tenía sus propios fetiches. Nada que juzgar, cada uno con sus weás.

Pero la escena completa ya parecía una película escrita por alguien que había fumado demasiado.

Después el paco me preguntó si podía dar una declaración de lo que había visto.

Le dije que sí.

Entramos a mi departamento.

Y ahí estaba mi bong arriba de la mesa.

El paco lo vio.

Yo pensé: "Cagué".

Pero no.

Me dijo que no le molestaba y que, mientras estuviera dentro de mi casa, yo podía hacer lo que quisiera.

Así que terminé declarando como testigo, con un bong arriba de la mesa, mientras afuera seguían resolviendo la teleserie del viejo, la muleta, Badoo, las 30 lucas y el misterioso cambio de identidad.

Desde ese día aprendí algo:

si estás a punto de prender un bong y tocan el timbre, no abras

Porque uno nunca sabe si al otro lado hay tu vecino...

o una investigación policial.

Adjunto evidencia porque si no, esta historia parece inventada.


Cito luego existo

Estuve aqui..
 
Esto pasó realmente, un día de junio, como a las 5 de la tarde.

Yo estaba en mi departamento, un dormitorio, sentado en la cama y a punto de prender el bong.

Tocan el timbre.

Ya eso era raro.

Mi departamento estaba prácticamente a una calle de conserjería, así que nadie llegaba hasta mi puerta sin que antes lo anunciaran por citófono.

Pensé que era mi vecino, que era DJ y con el que me llevaba súper bien. A veces fumábamos juntos en la tarde, él ponía música y todo bastante piola.

Abro la puerta.

Y veo a un colombiano negro, de apariencia femenina.

No alcanzo ni a procesarlo cuando aparece detrás un viejo con una muleta, corriendo por el pasillo y gritando:

—¡AYÚDENME! ¡ME VAN A ROBAR!

Yo quedé mirando la escena tratando de entender qué mierda estaba pasando.

Mi primera reacción fue pensar: "Ya, este viejo es la víctima".

Pero algo me dijo que no me metiera físicamente en la cuestión.

Así que hice lo más responsable que se me ocurrió:

saqué el teléfono y empecé a sacar fotos.

Llamé a conserjería y les dije que mandaran a los pacos.

Mientras esperábamos, el viejo terminó sentado en mi sillón y la otra persona quedó afuera de mi departamento porque ni cagando iba a dejar entrar a alguien que acababa de conocer en esas circunstancias.

Llegaron los pacos.

Y ahí estaba yo.

Volao como piojo.

Parado cerca de los ascensores, viendo una discusión entre un viejo con muleta y una persona que hasta cinco minutos antes no existía en mi universo.

Y ahí recién empezó a aparecer la verdadera historia.

Resulta que el viejo había contactado por Badoo a una mujer.

Según él, la persona que había llegado a su departamento no correspondía a las fotos del perfil.

La otra persona decía que el viejo simplemente no quería pagar.

Hasta ahí ya era raro.

Pero después apareció el giro.

El viejo decía que no quería continuar porque, según la otra persona, tenía un miembro demasiado grande y no quería hacerle daño.

Yo estaba ahí pensando:

"Hermano, hace diez minutos estaba preocupado de prender un bong."

Después de discutir un rato, llegaron a un acuerdo.

El servicio supuestamente costaba 60 lucas.

El viejo terminó pagando 30 lucas.

Y cuando uno de los pacos estaba tratando de entender exactamente qué había ocurrido, pregunta, con una seriedad que todavía recuerdo:

—Ya, pero entonces... ¿quién se la metería a quién?

CTM.

Ahí casi me cago de la risa.

El viejo además estaba medio disociado por medicamentos y tenía sus propios fetiches. Nada que juzgar, cada uno con sus weás.

Pero la escena completa ya parecía una película escrita por alguien que había fumado demasiado.

Después el paco me preguntó si podía dar una declaración de lo que había visto.

Le dije que sí.

Entramos a mi departamento.

Y ahí estaba mi bong arriba de la mesa.

El paco lo vio.

Yo pensé: "Cagué".

Pero no.

Me dijo que no le molestaba y que, mientras estuviera dentro de mi casa, yo podía hacer lo que quisiera.

Así que terminé declarando como testigo, con un bong arriba de la mesa, mientras afuera seguían resolviendo la teleserie del viejo, la muleta, Badoo, las 30 lucas y el misterioso cambio de identidad.

Desde ese día aprendí algo:

si estás a punto de prender un bong y tocan el timbre, no abras

Porque uno nunca sabe si al otro lado hay tu vecino...

o una investigación policial.

Adjunto evidencia porque si no, esta historia parece inventada.


Ya empieza a hablar @Silvestre1977 y la ctm...por qué tan cagao?
 
Esto pasó realmente, un día de junio, como a las 5 de la tarde.

Yo estaba en mi departamento, un dormitorio, sentado en la cama y a punto de prender el bong.

Tocan el timbre.

Ya eso era raro.

Mi departamento estaba prácticamente a una calle de conserjería, así que nadie llegaba hasta mi puerta sin que antes lo anunciaran por citófono.

Pensé que era mi vecino, que era DJ y con el que me llevaba súper bien. A veces fumábamos juntos en la tarde, él ponía música y todo bastante piola.

Abro la puerta.

Y veo a un colombiano negro, de apariencia femenina.

No alcanzo ni a procesarlo cuando aparece detrás un viejo con una muleta, corriendo por el pasillo y gritando:

—¡AYÚDENME! ¡ME VAN A ROBAR!

Yo quedé mirando la escena tratando de entender qué mierda estaba pasando.

Mi primera reacción fue pensar: "Ya, este viejo es la víctima".

Pero algo me dijo que no me metiera físicamente en la cuestión.

Así que hice lo más responsable que se me ocurrió:

saqué el teléfono y empecé a sacar fotos.

Llamé a conserjería y les dije que mandaran a los pacos.

Mientras esperábamos, el viejo terminó sentado en mi sillón y la otra persona quedó afuera de mi departamento porque ni cagando iba a dejar entrar a alguien que acababa de conocer en esas circunstancias.

Llegaron los pacos.

Y ahí estaba yo.

Volao como piojo.

Parado cerca de los ascensores, viendo una discusión entre un viejo con muleta y una persona que hasta cinco minutos antes no existía en mi universo.

Y ahí recién empezó a aparecer la verdadera historia.

Resulta que el viejo había contactado por Badoo a una mujer.

Según él, la persona que había llegado a su departamento no correspondía a las fotos del perfil.

La otra persona decía que el viejo simplemente no quería pagar.

Hasta ahí ya era raro.

Pero después apareció el giro.

El viejo decía que no quería continuar porque, según la otra persona, tenía un miembro demasiado grande y no quería hacerle daño.

Yo estaba ahí pensando:

"Hermano, hace diez minutos estaba preocupado de prender un bong."

Después de discutir un rato, llegaron a un acuerdo.

El servicio supuestamente costaba 60 lucas.

El viejo terminó pagando 30 lucas.

Y cuando uno de los pacos estaba tratando de entender exactamente qué había ocurrido, pregunta, con una seriedad que todavía recuerdo:

—Ya, pero entonces... ¿quién se la metería a quién?

CTM.

Ahí casi me cago de la risa.

El viejo además estaba medio disociado por medicamentos y tenía sus propios fetiches. Nada que juzgar, cada uno con sus weás.

Pero la escena completa ya parecía una película escrita por alguien que había fumado demasiado.

Después el paco me preguntó si podía dar una declaración de lo que había visto.

Le dije que sí.

Entramos a mi departamento.

Y ahí estaba mi bong arriba de la mesa.

El paco lo vio.

Yo pensé: "Cagué".

Pero no.

Me dijo que no le molestaba y que, mientras estuviera dentro de mi casa, yo podía hacer lo que quisiera.

Así que terminé declarando como testigo, con un bong arriba de la mesa, mientras afuera seguían resolviendo la teleserie del viejo, la muleta, Badoo, las 30 lucas y el misterioso cambio de identidad.

Desde ese día aprendí algo:

si estás a punto de prender un bong y tocan el timbre, no abras

Porque uno nunca sabe si al otro lado hay tu vecino...

o una investigación policial.

Adjunto evidencia porque si no, esta historia parece inventada.



Jajaja, la wea buena
 
Pero qué mierda acabo de leer, más encima a la 1 y media de la mañana :lol2:

La wea retorcida, yo creo que ni fumándote todo el bong te habrías alucinado una volá así :lol2:

De paso ya entendimos porque el Tata andaba con muletas, no le dolían las piernas, tenía el hoyo reventado por algún caballo.
 
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