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Honestamente me identifico con una figura que no sé si ha tenido más elaboración que la obra Eumeswill de Ernst Jünger. Hablo del anarca/anárquico. Este es un concepto que Jünger dilucida en este libro del que les hablo y que no ha de confundirse con el anarquista. Dejo algunos párrafos, a quien le interese puede leer la susodicha obra, el protagonista es un 'anarca'. Y ciertamente puede ser de interés: creo que en el antro, si es que no en Chile, hay una cantidad anormal de este tipo de personas.
Transcribo un par de párrafos (nótese que es una novela, aunque el carácter filosófico es evidente):
Parece complicado, pero es muy simple, porque anárquicos somos todos. Esto es lo normal en nosotros. Cierto que es un anarquismo al que, desde el primer día, se le pone coto, a través del padre y de la madre, del Estado y de la sociedad. Son recortes, sangrías de la fuerza primordial, a las que nadie escapa. Pero el componente anárquico sigue en el fondo, como un secreto inconsciente hasta a sus propios portadores. Puede irrumpir, desde lo profundo, como lava, puede aniquilarlos y también liberarlos.
Pero aquí hay que distinguir: el amor es anárquico, el matrimonio no. El guerrero es anárquico, el soldado no. El homicida es anárquico, el asesino no. Cristo es anárquico, Pablo no. Claro está que, por ser lo anárquico lo normal, también estuvo presente en Pablo y también a veces brotó poderosamente de su interior. Pero esto no son contradicciones sino gradaciones. La historia universal se mueve mediante le anarquía. En suma: el hombre libre es anárquico, el anarquista no.
(...) El anarca puede vivier en solitario; el anarquista es un ser social y tiene que buscar la colaboración de otros camaradas.
(...) La contrapartida positiva del anarquista es el anarca. El anarca no es el antagonista del monarca, sino su polo contrario, algo a lo que el poder del monarca no llega, aunque también es peligroso. No es el adversario del monarca, sino su correspondencia.
El monarca quiere dominar a muchos, mejor aún, a todos. El anarca sólo a sí mismo. Esto le sitúa en una relación objetiva, y también escéptica, respecto del poder (...).