Del entusiasmo a la frustración: Cómo ha vivido Piñera la caída de Sichel y la irrupción de Kast
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"Hay tres cosas que se necesitan para ser Presidente : venir del centro, llamarse Sebastián y ser independiente". (Piñera)
Nadie discute en La Moneda que el inesperado triunfo de Sichel -quien además se impuso holgadamente en la competencia oficialista- dio un nuevo aire a Piñera. Razones no le faltaban, ya que el abogado pavimentó su perfil presidenciable en el gabinete -primero fue vicepresidente ejecutivo de Corfo, luego presidente de BancoEstado y remató como ministro de Desarrollo Social- y -tal como el propio Mandatario antaño- provenía del entorno DC.
Conforme se consolidaba el alza del líder del Partido Republicano, el Mandatario dejó de repetir la broma y comenzó a analizar con preocupación el asalto de Kast en los distintos sondeos de opinión. Un tema que -además- comenzó a ser motivo de conversación en más de una oportunidad en los comités políticos que encabeza con los secretarios de Estado.
El triunfo de Sichel en las primarias de julio sorprendió de manera tan grata al Mandatario que -pocos días después- en una visita cuyos detalles se han mantenido en extrema reserva, personeros del comando del exministro llegaron hasta el despacho de Piñera a realizar una suerte de exposición sobre las razones de su victoria.
Así, el entendimiento entre el Ejecutivo y el comando partió con pie derecho. Los ministros colaboraban dentro de lo que podían con Sichel, es decir, se enviaban insumos como minutas e incluso -aseguran altas fuentes de gobierno- se tuvo la deferencia de “avisarle” ciertos anuncios con antelación.
La armonía -sin embargo- se fue debilitando lentamente. Desde el gobierno resentían el exceso de independencia del candidato y -de manera especial- las declaraciones consideradas desafortunadas en contra del Ejecutivo.
Aunque era evidente -se entendía implícitamente- que Sichel debía marcar diferencias con el gobierno como estrategia de campaña, uno de los flancos en los que insistían sus contendores de la oposición era el carácter continuista de Piñera en su eventual administración- la actitud del exministro al estallar nuevamente el caso Dominga generó un punto de inflexión en su relación con La Moneda.
Quienes han conversado con el Mandatario en los últimos días sostienen que Piñera ya no se guarda comentarios sobre la campaña de su exministro y que ha puesto el acento en que Sichel se rodeó de un equipo “inexperto” y que eso le ha terminado pasando la cuenta.
En La Moneda señalan que un eventual paso a la segunda vuelta de Kast tiene un sabor agridulce para el Mandatario. Por cierto que no es indiferente a Piñera a quién le traspasará la banda presidencial en 2022. De hecho, una de las frustraciones de su primer mandato fue que debió entregar el poder a Michelle Bachelet y no a un representante de su coalición.
El Mandatario estaba animado con la idea de que su exministro de Desarrollo Social pasara a segunda vuelta y ve con inquietud el alza del líder del Partido Republicano.
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