En marzo de 1974, unos 29 años después del fin oficial de la Segunda Guerra Mundial, Hiroo Onoda, un ex oficial de inteligencia del ejército japonés, sale de la selva de la isla de Lubang, en Filipinas, donde se sintió aliviado por fin de servicio. Él entregó su espada (que colgaba de su cadera en la foto), con el rifle, municiones y varias granadas de mano. Onoda fue enviado a la Isla Lubang en diciembre de 1944 para unirse a un grupo ya existente de los soldados
Las fuerzas aliadas alcanzaron la isla tan sólo unos meses después, capturando o matando a todos, pero Onoda y tres soldados japoneses sobrevivieron. Los cuatro corrieron a las colinas y comenzó una insurgencia de décadas de duración que se extiende mucho más allá del final de la guerra. Varias veces se encontraron o se entregaron folletos se les notifica que la guerra había terminado, pero se negaron a creerlo. En 1950, uno de los soldados se entregó a las autoridades filipinas. En 1972, dos compatriotas Onoda estaban muertos, asesinados durante la actividad guerrillera, dejando a Onoda solo. En 1974, Norio Suzuki, que viajaba en el mundo, ya través de su amistad, fue tras el ex comandante de Onoda a quien localizo y llevo a Japón. Con los años, el pequeño grupo había matado a unos 30 filipinos en varios ataques, pero Onoda terminó yendo libre, después de haber recibido el indulto del presidente Ferdinand Marcos