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Fotos para decir Conchetumadre! 2013

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Troleando al equipo contrario


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“Arianna, ¿te vas a comer tu hamburguesa?”, preguntó Anna, quien asegura que la niña actuaba extraño, porque “cualquier cosa que venga en un bollo, es su favorita”.

“No la quiero”, respondió calmada la niña. “Está rota. Necesito otra que esté arreglada”.

Entonces Anna se dio cuenta lo que pasaba: la hamburguesa estaba cortada a la mitad (práctica común en los restaurantes para presentar los alimentos infantiles y demostrar que están completamente cocidos).

“Para un niño con autismo, algunas cosas deben tener un orden particular todo el tiempo. Un ligero cambio en su rutina, puede cambiar el curso del día instantáneamente”, explica Kaye.

Cuando Lauren regresó a revisar cómo la estaban pasando, Anna le solicitó cambiar la hamburguesa por una que no estuviera cortada, que pagaría por las dos.

“Por la mirada de preocupación en su rostro, le expliqué que Arianna es autista y, que en su mente, el que la hamburguesa esté partida a la mitad, significa que está rota y no la puede comer”.

Lauren sólo sonrió, se acercó a Arianna y le dijo, “¡te traje una hamburguesa rota! ¿Sabes qué? Les voy a pedir que preparen una nueva para ti”.

Para Anna, este simple gesto fue uno de los mayores actos de generosidad que alguien pudo tener ante la petición.

“Más allá de que pudo haber recogido el plato de la mesa y llevarlo a la cocina, le dijo a Arianna lo que haría con él, y con eso evitó un berrinche".

En una entrevista telefónica para CNN, Wells explicó que la había tratado como a cualquier otro niño, pero que en su caso, esto era diferente.

Minutos más tarde, Lauren llegó a la mesa con la hamburguesa “completa”, y Arianna exclamó, “Oh, ¡gracias!¡Compusiste mi hamburguesa!”.
 
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