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Fotos para decir Conchetumadre

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En 1991, un joven de 21 años escribió en internet: “Solo es un hobby, no será algo grande”.

Hoy, ese «hobby» impulsa la mayoría de los servidores del mundo, los rovers de la NASA en Marte y 3.000 millones de teléfonos.

Lo has usado hoy... y ni siquiera lo sabías.

25 de agosto de 1991. Helsinki, Finlandia.

Un estudiante de informática llamado Linus Torvalds estaba frustrado. Acababa de gastar sus ahorros de verano en un nuevo ordenador 386. Era potente para la época, pero inútil sin un sistema operativo que pudiera personalizar de verdad.

Había estado usando MINIX, un sistema diseñado por un profesor para enseñar, pero estaba deliberadamente limitado. Linus quería algo real, algo que funcionara sin restricciones.

Así que hizo lo que parecía una locura: decidió escribir su propio sistema operativo desde cero.

En su pequeño apartamento. Solo como un pasatiempo.

Aquel 25 de agosto publicó un mensaje en un oscuro foro de internet:

“Estoy haciendo un sistema operativo (gratuito) (solo es un hobby, no será grande y profesional como GNU) para clones 386(486) AT.”

Estaba siendo modesto. Históricamente modesto. Ese «hobby» se convertiría en Linux.

En septiembre de 1991, Linus tenía algo apenas funcional: 10.239 líneas de código. Suficiente para arrancar y hacer operaciones básicas.

Fue entonces cuando tomó una decisión que parecía insignificante, pero que resultaría revolucionaria: lo publicó en internet totalmente gratis. Con el código fuente visible para que cualquiera lo pudiera usar y mejorar.

En una era donde Microsoft, Apple e IBM protegían su código como secretos de Estado y vendían licencias carísimas, Linus regaló el suyo.

Y ocurrió algo inesperado.

Programadores de todo el mundo empezaron a descargarlo, corregir errores, añadir funciones y compartir las mejoras de vuelta. Una comunidad entera estaba naciendo.

En 1992, le dio una licencia abierta (GNU GPL): cualquiera podía usarlo o modificarlo, pero cualquier mejora tenía que seguir siendo gratuita. Ninguna empresa podía adueñarse de Linux. Sería libre para siempre.

Eso lo aceleró todo:

En los 90: Las empresas del boom de las puntocom necesitaban servidores baratos y fiables. Linux era estable, seguro y gratis.

En 2008: Google lanzó Android, construido sobre el kernel de Linux.

De repente: Ya no estaba solo en servidores, sino en miles de millones de bolsillos.

Hoy el alcance de Linux es aplastante:

Más del 96 % de los principales servidores web del mundo ejecutan Linux.

TODAS las 500 supercomputadoras más rápidas del planeta usan Linux.

Más de 3.000 millones de dispositivos Android lo ejecutan.

Amazon AWS, Google Cloud y Microsoft Azure corren en su mayoría sobre Linux.

Los rovers de la NASA en Marte, SpaceX y la Estación Espacial Internacional lo utilizan.

Cada vez que buscas algo en Google, usas tu móvil Android, ves Netflix o haces banca online… estás usando Linux.

Aquel proyecto que empezó con 10.239 líneas de código hoy supera las 27 millones de líneas. Más de 19.000 desarrolladores de 1.400 empresas han contribuido en él. Es el mayor proyecto colaborativo en la historia de la humanidad.

Linus Torvalds nunca intentó convertirse en un multimillonario de Silicon Valley. Trabaja coordinando el desarrollo en la Linux Foundation con un salario cómodo, revisando código y tomando decisiones finales, con el mismo rol sencillo que tenía en 1991.

Demostró que no necesitas una corporación gigante, ni cobrar millones, ni esconder tu tecnología para construir algo que cambie el planeta.

El sistema operativo más exitoso del mundo es también el más generoso: construido por miles, sin dueño y disponible para todos.

Todo comenzó con un estudiante finlandés en un pequeño apartamento que pensó que su código le podría servir a alguien más. Y vaya si sirvió.

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