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Tengo confianza en que los japos harán unos buenos juegos tanto a nivel organizativo como en algunos deportes. :sisi: Para los que viajen será una experiencia increíble, sin embargo, me da la sensación que para un turista será más caro que la chucha: viaje, estadía, alimentación y entradas por las nubes.

Siempre sera caro ir a Japón( por lo lejos..y que ademas Japón es carisimo en si). Pero ojo; el mundial de Rusia sera lo mismo casi( para el que quiera ir).....pero el que sera el triple de caro??, sera el mundial de Qatar!!!
 
hay un documental bien interesante en netflix al respecto. la cantidad de negros que se sacan la chucha entrenando en la altura, cómo le ser atleta es ,literalmente, una válvula de escape de la pobreza, y lo rockstar que son en el país los campeones olímpicos.
nacidos para correr :clapclap:
 
Siempre sera caro ir a Japón( por lo lejos..y que ademas Japón es carlismo en si). Pero ojo; el mundial de Rusia sera lo mismo casi( para el que quiera ir).....pero el que sera el triple de caro??, sera el mundial de Qatar!!!
Qatar será impagable. Estoy rogando para que los JJ.OO. subsiguientes sean en Los Ángeles :rezo:
 
usain bolt ganando experiencia en atenas 2004 :sisi:


llegó 5to el culiao :lol2:


jajaja..IMPRESIONANTE LO MALO QUE ERA WN!!!
Tenia el doble de menos masa muscular...y corría completamente fuera de ritmo y desarmado!!! ( corría como un antroniano promedio de 120 kilos!!):laugh::laugh:
 
Mañana compite por una medalla y realmente se merece que le vaya bien.
Lástima la hija de puta de la madre que lo cagó hasta con el nombre


Braian Toledo se metió en la final de lanzamiento de jabalina en Río. El deportista de Marcos Paz, de 22 años, hasta tuvo que trabajar de albañil el año pasado.
Pero, a pesar de eso, su historia de vida entristece. "Braian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento", escribía la revista el Gráfico en una nota antes del comienzo de la competencia.

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Su papá lo abandonó tres veces, sufrió violencia familiar, vivió su infancia en una casilla sin agua, pasó hambre no una, sino mil veces y tuvo que dibujar toda la noche para comprar una bolsa de pan entre tantas otras cosas malas que pueden vivir un niño.

En una entrevista, Braian contó que en el barrio Martín Fierro, en su infancia, tenía que ir en pleno invierno a dos cuadras de su casa, a la única canilla. Contó además que muchas veces vio a su mamá llorando, sola, en un rinconcito de la casilla porque "no sabía qué les iba a dar de comer mañana”.

Su voluntad y un talento que descubrió con el tiempo lo pudieron sacar de todo eso.
“Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y escuché ruidos. Espié y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba y no me decía. Le insistí hasta que me dijo: ‘Lloro porque no sé qué les voy a de comer mañana, a vos y a tu hermana’. No teníamos nada. Pero nada, nada, nada. La abracé y le dije: ‘No te preocupés, estamos todos bien, estamos juntos, yo te voy a ayudar’. En ese momento me cargué la mochila de mi casa, sentí que mi obligación era sacar adelante a mi familia. A mí me gusta dibujar, entonces en la escuela les completaba las carpetas de dibujo a mis compañeros. Ellos me pagaban 25 centavos. Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Un día mi mamá me retó, porque yo tenía que ir a dormir. Entonces esperaba a que se durmiera, me levantaba a la madrugada y recién ahí empezaba. Algo tenía que hacer para que comiéramos. Son cosas que no están bien, pero algunas veces pasé por una quinta que había cerca y agarré un choclo o un repollo, y comíamos eso",. relató sobre su durísima infancia.

Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”.

MTZSPDEC77YTOS4A_768x432.JPG



Su relato siguió: "Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar el colchón en el piso de la casilla. Pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo de que en el 2009 tuve un viaje con la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. “Es culpa mía, profe, disculpe”, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estábamos corriendo todo porque yo no podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas. Y a partir de ahí, mis compañeros ya sabían que yo dormía en el piso".

Braian contó también que en la escuela le iba bárbaro, a pesar de todo. "Fui abanderado hasta los últimos dos años, cuando empecé a faltar por los viajes. No sé cómo, pero yo de chico percibía la tristeza de mi vieja. Entonces sentía que mi obligación era estudiar, que se sintiera orgullosa de mí. Que viera que el esfuerzo que hacía para darnos de comer tenía su fruto. Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. Para mí, sacarme un 9 era malo".

La violencia familiar también ocupó gran parte de su vida: "Me fui de mi casa hace dos años. Ya tenía 19, 20 años, y a mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? ¿Qué le falta a mi familia? Nada. Tienen todos los lujos. Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima Romina me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”.

"Para ayudar a mis hermanos tuve que construir una casa. Con lo que gano entre la beca que nos da el ENARD y lo que recibo de algún sponsor, no me alcanzaba para pagar un alquiler y ayudarla a ella. Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. ¡Pero ni para comprar materiales tenía! Le pedí prestado a mi amigo Marcelo y me ayudó Sebastián, el marido de mi prima. Tampoco tenía para pagarle a un albañil, así que a él le pagaba lo que podía; y yo estuve todo el año pasado trabajando de peón. El trabajaba de 7 de la mañana a 6 de la tarde en otro lado, y cuando terminaba, me ayudaba a construir mi casa. Es un tipazo. Yo preparaba pastones, los materiales, le alcanzaba las cosas. Trabajábamos hasta las 11 de la noche, porque al otro día yo entrenaba y él se iba a laburar. Y los sábados y domingos, casi todo el día. Terminamos en enero de este año, pero todavía estoy devolviendo la plata que me prestaron.
 
Mañana compite por una medalla y realmente se merece que le vaya bien.
Lástima la hija de puta de la madre que lo cagó hasta con el nombre


Braian Toledo se metió en la final de lanzamiento de jabalina en Río. El deportista de Marcos Paz, de 22 años, hasta tuvo que trabajar de albañil el año pasado.
Pero, a pesar de eso, su historia de vida entristece. "Braian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento", escribía la revista el Gráfico en una nota antes del comienzo de la competencia.

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Su papá lo abandonó tres veces, sufrió violencia familiar, vivió su infancia en una casilla sin agua, pasó hambre no una, sino mil veces y tuvo que dibujar toda la noche para comprar una bolsa de pan entre tantas otras cosas malas que pueden vivir un niño.

En una entrevista, Braian contó que en el barrio Martín Fierro, en su infancia, tenía que ir en pleno invierno a dos cuadras de su casa, a la única canilla. Contó además que muchas veces vio a su mamá llorando, sola, en un rinconcito de la casilla porque "no sabía qué les iba a dar de comer mañana”.

Su voluntad y un talento que descubrió con el tiempo lo pudieron sacar de todo eso.
“Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y escuché ruidos. Espié y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba y no me decía. Le insistí hasta que me dijo: ‘Lloro porque no sé qué les voy a de comer mañana, a vos y a tu hermana’. No teníamos nada. Pero nada, nada, nada. La abracé y le dije: ‘No te preocupés, estamos todos bien, estamos juntos, yo te voy a ayudar’. En ese momento me cargué la mochila de mi casa, sentí que mi obligación era sacar adelante a mi familia. A mí me gusta dibujar, entonces en la escuela les completaba las carpetas de dibujo a mis compañeros. Ellos me pagaban 25 centavos. Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Un día mi mamá me retó, porque yo tenía que ir a dormir. Entonces esperaba a que se durmiera, me levantaba a la madrugada y recién ahí empezaba. Algo tenía que hacer para que comiéramos. Son cosas que no están bien, pero algunas veces pasé por una quinta que había cerca y agarré un choclo o un repollo, y comíamos eso",. relató sobre su durísima infancia.

Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”.

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Su relato siguió: "Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar el colchón en el piso de la casilla. Pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo de que en el 2009 tuve un viaje con la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. “Es culpa mía, profe, disculpe”, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estábamos corriendo todo porque yo no podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas. Y a partir de ahí, mis compañeros ya sabían que yo dormía en el piso".

Braian contó también que en la escuela le iba bárbaro, a pesar de todo. "Fui abanderado hasta los últimos dos años, cuando empecé a faltar por los viajes. No sé cómo, pero yo de chico percibía la tristeza de mi vieja. Entonces sentía que mi obligación era estudiar, que se sintiera orgullosa de mí. Que viera que el esfuerzo que hacía para darnos de comer tenía su fruto. Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. Para mí, sacarme un 9 era malo".

La violencia familiar también ocupó gran parte de su vida: "Me fui de mi casa hace dos años. Ya tenía 19, 20 años, y a mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? ¿Qué le falta a mi familia? Nada. Tienen todos los lujos. Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima Romina me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”.

"Para ayudar a mis hermanos tuve que construir una casa. Con lo que gano entre la beca que nos da el ENARD y lo que recibo de algún sponsor, no me alcanzaba para pagar un alquiler y ayudarla a ella. Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. ¡Pero ni para comprar materiales tenía! Le pedí prestado a mi amigo Marcelo y me ayudó Sebastián, el marido de mi prima. Tampoco tenía para pagarle a un albañil, así que a él le pagaba lo que podía; y yo estuve todo el año pasado trabajando de peón. El trabajaba de 7 de la mañana a 6 de la tarde en otro lado, y cuando terminaba, me ayudaba a construir mi casa. Es un tipazo. Yo preparaba pastones, los materiales, le alcanzaba las cosas. Trabajábamos hasta las 11 de la noche, porque al otro día yo entrenaba y él se iba a laburar. Y los sábados y domingos, casi todo el día. Terminamos en enero de este año, pero todavía estoy devolviendo la plata que me prestaron.



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Mañana compite por una medalla y realmente se merece que le vaya bien.
Lástima la hija de puta de la madre que lo cagó hasta con el nombre


Braian Toledo se metió en la final de lanzamiento de jabalina en Río. El deportista de Marcos Paz, de 22 años, hasta tuvo que trabajar de albañil el año pasado.
Pero, a pesar de eso, su historia de vida entristece. "Braian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento", escribía la revista el Gráfico en una nota antes del comienzo de la competencia.

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Su papá lo abandonó tres veces, sufrió violencia familiar, vivió su infancia en una casilla sin agua, pasó hambre no una, sino mil veces y tuvo que dibujar toda la noche para comprar una bolsa de pan entre tantas otras cosas malas que pueden vivir un niño.

En una entrevista, Braian contó que en el barrio Martín Fierro, en su infancia, tenía que ir en pleno invierno a dos cuadras de su casa, a la única canilla. Contó además que muchas veces vio a su mamá llorando, sola, en un rinconcito de la casilla porque "no sabía qué les iba a dar de comer mañana”.

Su voluntad y un talento que descubrió con el tiempo lo pudieron sacar de todo eso.
“Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y escuché ruidos. Espié y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba y no me decía. Le insistí hasta que me dijo: ‘Lloro porque no sé qué les voy a de comer mañana, a vos y a tu hermana’. No teníamos nada. Pero nada, nada, nada. La abracé y le dije: ‘No te preocupés, estamos todos bien, estamos juntos, yo te voy a ayudar’. En ese momento me cargué la mochila de mi casa, sentí que mi obligación era sacar adelante a mi familia. A mí me gusta dibujar, entonces en la escuela les completaba las carpetas de dibujo a mis compañeros. Ellos me pagaban 25 centavos. Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Un día mi mamá me retó, porque yo tenía que ir a dormir. Entonces esperaba a que se durmiera, me levantaba a la madrugada y recién ahí empezaba. Algo tenía que hacer para que comiéramos. Son cosas que no están bien, pero algunas veces pasé por una quinta que había cerca y agarré un choclo o un repollo, y comíamos eso",. relató sobre su durísima infancia.

Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”.

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Su relato siguió: "Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar el colchón en el piso de la casilla. Pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo de que en el 2009 tuve un viaje con la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. “Es culpa mía, profe, disculpe”, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estábamos corriendo todo porque yo no podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas. Y a partir de ahí, mis compañeros ya sabían que yo dormía en el piso".

Braian contó también que en la escuela le iba bárbaro, a pesar de todo. "Fui abanderado hasta los últimos dos años, cuando empecé a faltar por los viajes. No sé cómo, pero yo de chico percibía la tristeza de mi vieja. Entonces sentía que mi obligación era estudiar, que se sintiera orgullosa de mí. Que viera que el esfuerzo que hacía para darnos de comer tenía su fruto. Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. Para mí, sacarme un 9 era malo".

La violencia familiar también ocupó gran parte de su vida: "Me fui de mi casa hace dos años. Ya tenía 19, 20 años, y a mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? ¿Qué le falta a mi familia? Nada. Tienen todos los lujos. Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima Romina me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”.

"Para ayudar a mis hermanos tuve que construir una casa. Con lo que gano entre la beca que nos da el ENARD y lo que recibo de algún sponsor, no me alcanzaba para pagar un alquiler y ayudarla a ella. Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. ¡Pero ni para comprar materiales tenía! Le pedí prestado a mi amigo Marcelo y me ayudó Sebastián, el marido de mi prima. Tampoco tenía para pagarle a un albañil, así que a él le pagaba lo que podía; y yo estuve todo el año pasado trabajando de peón. El trabajaba de 7 de la mañana a 6 de la tarde en otro lado, y cuando terminaba, me ayudaba a construir mi casa. Es un tipazo. Yo preparaba pastones, los materiales, le alcanzaba las cosas. Trabajábamos hasta las 11 de la noche, porque al otro día yo entrenaba y él se iba a laburar. Y los sábados y domingos, casi todo el día. Terminamos en enero de este año, pero todavía estoy devolviendo la plata que me prestaron.
La primera parte es igual a un cuento q sale en el libro "Corazon"

Enviado desde mi HUAWEI GRA-L09 mediante Tapatalk
 
Tiene posibilidades al menos de terminar la competencia ??
 
Mañana compite por una medalla y realmente se merece que le vaya bien.
Lástima la hija de puta de la madre que lo cagó hasta con el nombre


Braian Toledo se metió en la final de lanzamiento de jabalina en Río. El deportista de Marcos Paz, de 22 años, hasta tuvo que trabajar de albañil el año pasado.
Pero, a pesar de eso, su historia de vida entristece. "Braian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento", escribía la revista el Gráfico en una nota antes del comienzo de la competencia.

001019017.jpg


Su papá lo abandonó tres veces, sufrió violencia familiar, vivió su infancia en una casilla sin agua, pasó hambre no una, sino mil veces y tuvo que dibujar toda la noche para comprar una bolsa de pan entre tantas otras cosas malas que pueden vivir un niño.

En una entrevista, Braian contó que en el barrio Martín Fierro, en su infancia, tenía que ir en pleno invierno a dos cuadras de su casa, a la única canilla. Contó además que muchas veces vio a su mamá llorando, sola, en un rinconcito de la casilla porque "no sabía qué les iba a dar de comer mañana”.

Su voluntad y un talento que descubrió con el tiempo lo pudieron sacar de todo eso.
“Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y escuché ruidos. Espié y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba y no me decía. Le insistí hasta que me dijo: ‘Lloro porque no sé qué les voy a de comer mañana, a vos y a tu hermana’. No teníamos nada. Pero nada, nada, nada. La abracé y le dije: ‘No te preocupés, estamos todos bien, estamos juntos, yo te voy a ayudar’. En ese momento me cargué la mochila de mi casa, sentí que mi obligación era sacar adelante a mi familia. A mí me gusta dibujar, entonces en la escuela les completaba las carpetas de dibujo a mis compañeros. Ellos me pagaban 25 centavos. Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Un día mi mamá me retó, porque yo tenía que ir a dormir. Entonces esperaba a que se durmiera, me levantaba a la madrugada y recién ahí empezaba. Algo tenía que hacer para que comiéramos. Son cosas que no están bien, pero algunas veces pasé por una quinta que había cerca y agarré un choclo o un repollo, y comíamos eso",. relató sobre su durísima infancia.

Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”.

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Su relato siguió: "Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar el colchón en el piso de la casilla. Pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo de que en el 2009 tuve un viaje con la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. “Es culpa mía, profe, disculpe”, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estábamos corriendo todo porque yo no podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas. Y a partir de ahí, mis compañeros ya sabían que yo dormía en el piso".

Braian contó también que en la escuela le iba bárbaro, a pesar de todo. "Fui abanderado hasta los últimos dos años, cuando empecé a faltar por los viajes. No sé cómo, pero yo de chico percibía la tristeza de mi vieja. Entonces sentía que mi obligación era estudiar, que se sintiera orgullosa de mí. Que viera que el esfuerzo que hacía para darnos de comer tenía su fruto. Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. Para mí, sacarme un 9 era malo".

La violencia familiar también ocupó gran parte de su vida: "Me fui de mi casa hace dos años. Ya tenía 19, 20 años, y a mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? ¿Qué le falta a mi familia? Nada. Tienen todos los lujos. Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima Romina me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”.

"Para ayudar a mis hermanos tuve que construir una casa. Con lo que gano entre la beca que nos da el ENARD y lo que recibo de algún sponsor, no me alcanzaba para pagar un alquiler y ayudarla a ella. Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. ¡Pero ni para comprar materiales tenía! Le pedí prestado a mi amigo Marcelo y me ayudó Sebastián, el marido de mi prima. Tampoco tenía para pagarle a un albañil, así que a él le pagaba lo que podía; y yo estuve todo el año pasado trabajando de peón. El trabajaba de 7 de la mañana a 6 de la tarde en otro lado, y cuando terminaba, me ayudaba a construir mi casa. Es un tipazo. Yo preparaba pastones, los materiales, le alcanzaba las cosas. Trabajábamos hasta las 11 de la noche, porque al otro día yo entrenaba y él se iba a laburar. Y los sábados y domingos, casi todo el día. Terminamos en enero de este año, pero todavía estoy devolviendo la plata que me prestaron.

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Mañana compite por una medalla y realmente se merece que le vaya bien.
Lástima la hija de puta de la madre que lo cagó hasta con el nombre


Braian Toledo se metió en la final de lanzamiento de jabalina en Río. El deportista de Marcos Paz, de 22 años, hasta tuvo que trabajar de albañil el año pasado.
Pero, a pesar de eso, su historia de vida entristece. "Braian tuvo que sufrir mucho para no convertir su vida en lo que el contexto le proponía: un tormento", escribía la revista el Gráfico en una nota antes del comienzo de la competencia.

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Su papá lo abandonó tres veces, sufrió violencia familiar, vivió su infancia en una casilla sin agua, pasó hambre no una, sino mil veces y tuvo que dibujar toda la noche para comprar una bolsa de pan entre tantas otras cosas malas que pueden vivir un niño.

En una entrevista, Braian contó que en el barrio Martín Fierro, en su infancia, tenía que ir en pleno invierno a dos cuadras de su casa, a la única canilla. Contó además que muchas veces vio a su mamá llorando, sola, en un rinconcito de la casilla porque "no sabía qué les iba a dar de comer mañana”.

Su voluntad y un talento que descubrió con el tiempo lo pudieron sacar de todo eso.
“Cuando tenía 8 años, me levanté a la madrugada y escuché ruidos. Espié y estaba mi mamá llorando. Le pregunté qué le pasaba y no me decía. Le insistí hasta que me dijo: ‘Lloro porque no sé qué les voy a de comer mañana, a vos y a tu hermana’. No teníamos nada. Pero nada, nada, nada. La abracé y le dije: ‘No te preocupés, estamos todos bien, estamos juntos, yo te voy a ayudar’. En ese momento me cargué la mochila de mi casa, sentí que mi obligación era sacar adelante a mi familia. A mí me gusta dibujar, entonces en la escuela les completaba las carpetas de dibujo a mis compañeros. Ellos me pagaban 25 centavos. Me pasaba toda la noche haciendo dibujos, y con eso compraba un kilo de pan. No era mucho, pero al menos llegaba de la escuela con algo. Un día mi mamá me retó, porque yo tenía que ir a dormir. Entonces esperaba a que se durmiera, me levantaba a la madrugada y recién ahí empezaba. Algo tenía que hacer para que comiéramos. Son cosas que no están bien, pero algunas veces pasé por una quinta que había cerca y agarré un choclo o un repollo, y comíamos eso",. relató sobre su durísima infancia.

Todas las noches, cuando dormía en el piso, me preguntaba si quería dormir así toda mi vida. Y no, no quería. Pero ¿cuál era el camino? Tampoco lo sabía. Yo tenía 9 años y lo pensaba en serio, me mataba pensando. Por eso, cuando un nene de 9 años me habla, yo lo escucho en serio, de verdad. Cuando te habla un nene, es tan en serio como cuando te habla un adulto”.

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Su relato siguió: "Hasta los 12 años tenía una cama para nenes, pero dejé de entrar. Tuvimos que tirar el colchón en el piso de la casilla. Pero era finito y había mucha humedad, así que poníamos cartón y lonas en el medio. Me acuerdo de que en el 2009 tuve un viaje con la delegación argentina y la primera noche, en nuestra pieza, hicimos un quilombo tremendo. Entró el técnico y nos retó. “Es culpa mía, profe, disculpe”, le dije. Pero él siguió enojado. Entonces le tuve que explicar que estábamos corriendo todo porque yo no podía dormir arriba de una cama: me daba vértigo. Al otro día, en el desayuno, me fue a buscar, le conté mi historia, se emocionó y me pidió disculpas. Y a partir de ahí, mis compañeros ya sabían que yo dormía en el piso".

Braian contó también que en la escuela le iba bárbaro, a pesar de todo. "Fui abanderado hasta los últimos dos años, cuando empecé a faltar por los viajes. No sé cómo, pero yo de chico percibía la tristeza de mi vieja. Entonces sentía que mi obligación era estudiar, que se sintiera orgullosa de mí. Que viera que el esfuerzo que hacía para darnos de comer tenía su fruto. Mis 10 eran para que mi mamá me abrazara, para que se sintiera orgullosa. Para mí, sacarme un 9 era malo".

La violencia familiar también ocupó gran parte de su vida: "Me fui de mi casa hace dos años. Ya tenía 19, 20 años, y a mi mamá se le iba la mano. Un día me levanté y tenía el ojo izquierdo morado. Me miré al espejo y me dije: ¿Merezco vivir así? ¿Qué le falta a mi familia? Nada. Tienen todos los lujos. Sentía que no era un mal chico, que no merecía eso. Mi prima Romina me ayudó a escaparme, y alquilé un departamento. Estuve más de un año sin hablar con mi mamá, hasta que sufrió un problema de salud y la perdoné”.

"Para ayudar a mis hermanos tuve que construir una casa. Con lo que gano entre la beca que nos da el ENARD y lo que recibo de algún sponsor, no me alcanzaba para pagar un alquiler y ayudarla a ella. Entonces decidí que, para dejar el alquiler, había que construir una casita. ¡Pero ni para comprar materiales tenía! Le pedí prestado a mi amigo Marcelo y me ayudó Sebastián, el marido de mi prima. Tampoco tenía para pagarle a un albañil, así que a él le pagaba lo que podía; y yo estuve todo el año pasado trabajando de peón. El trabajaba de 7 de la mañana a 6 de la tarde en otro lado, y cuando terminaba, me ayudaba a construir mi casa. Es un tipazo. Yo preparaba pastones, los materiales, le alcanzaba las cosas. Trabajábamos hasta las 11 de la noche, porque al otro día yo entrenaba y él se iba a laburar. Y los sábados y domingos, casi todo el día. Terminamos en enero de este año, pero todavía estoy devolviendo la plata que me prestaron.

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100 a 1 paga Barbara Riveros en Bet365... (o sea le dan cero chances)

La favorita es una tal Gwen Jorgensen que paga apenas 1.40 :eek: (inusualmente bajo considerando la cantidad de participantes.)
 
En los últimos meses Bárbara ha llegado entre los 1eros 15-20 lugares, ademas del oro en los Panamericanos el año pasado... eso si no se le rompe la bicicleta, como le pasó a Valentina Carvallo hace poco. Ahora, Gwen Jorgensen es cuatica y ha ganado ya varios triatlones en el ultimo tiempo, por lo que va como una de las favoritas. Ojo ahí.
 
salió 18 del agua, a unos 20 segundos de la primera. si gana unos lugares en la bicicleta podría hacer algo interesante en el trote, que es su fuerte, más aún con el recorrido que tiene hartas pendientes :zippymmm:
 
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