Walter Nelson
Berto 2022
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La normativa, que comienza a regir desde diciembre de este año, establece un modelo de cumplimiento basado en la responsabilidad proactiva o accountability.
Con sanciones que pueden alcanzar las 20.000 UTM y la posibilidad de suspender el uso de información por hasta 30 días, la nueva Ley de Protección de Datos Personales que comenzará a regir en diciembre de este 2026 promete convertirse en una de las normativas más exigentes de la región en materia de privacidad.La ley 21.719 establece un modelo de cumplimiento basado en la responsabilidad proactiva o accountability. Esto significa que las organizaciones no solo deben cumplir con la normativa, sino también ser capaces de demostrar dicho cumplimiento mediante políticas, procedimientos, registros y evidencia científica.Esta nueva forma de ver la protección de los datos llega en momentos en que la Inteligencia Artificial entró de lleno en el ámbito laboral. De hecho, estudios como el Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn, elaborado a partir de una encuesta a 31.000 personas de 31 países, reveló que el 75% de los trabajadores del conocimiento ya utilizaba inteligencia artificial en sus labores.También señala que entre quienes usaban IA, un 78% llevaba sus propias herramientas al trabajo, es decir, recurría a plataformas que no necesariamente habían sido entregadas o aprobadas por su empleador.Otra investigación, el Enterprise AI and SaaS Data Security Report 2025 de LayerX, basado en el uso real de plataformas dentro de grandes empresas, detectó que el 77% de los usuarios de inteligencia artificial generativa copia y pega información dentro de estas herramientas. Además, el 22% ingresa datos personales o relacionados con medios de pago y el 82% de esa actividad se realiza desde cuentas personales que no están bajo el control de la compañía.Aunque son datos a nivel global, con la entrada en vigencia de la ley 21.719, las empresas chilenas deberán ajustarse a una nueva normativa en la que deberán informar qué datos utilizan, para qué los necesitan, cuánto tiempo los conservarán y si serán enviados a otro país. También tendrán que aplicar medidas de seguridad desde el diseño de sus sistemas y utilizar únicamente la información estrictamente necesaria.“Esta es una ley compleja, que moderniza una normativa de más de 20 años y que entrega nuevos derechos a las personas sobre sus datos personales. Pero también sabemos que su implementación representa un desafío importante para las pymes, que muchas veces no cuentan con equipos legales o técnicos especializados para abordar este tipo de exigencia”, dice el subsecretario de Economía y Empresas de Menor Tamaño, Karlfranz Koehler.De ahí que la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) lanzó una guía esencial de entendimiento de la ley y de protección de datos personales para que las pequeñas y medianas
Cuidado con el mal uso de las herramientas
Considerando los alcances de la normativa, Joaquín Trecic, director de Proyectos de Novelty8 (Desarrollador Tecnológico), explica que “muchas organizaciones no tienen claridad sobre qué información están entregando sus trabajadores a las plataformas de inteligencia artificial. El mayor riesgo no está solamente en las herramientas autorizadas, sino en el uso informal de personas que copian contratos, correos o bases de clientes sin revisar qué producto, cuenta o configuración están utilizando”.“La inteligencia artificial ya no puede implementarse pensando solamente en cuánto tiempo permite ahorrar. También será necesario revisar qué información utilizará, si existe una base legal para procesarla, dónde quedará almacenada y qué riesgos puede generar para las personas. La IA no queda prohibida, pero debe ser gobernable”, agrega.
Qué información no entregar a la IA
Por otro lado, el especialista explica qué datos o antecedentes no se deberán entregar a la Inteligencia Artificial. Entre ellos destacan contraseñas, contratos completos, secretos comerciales, información médica y financiera, datos de menores de edad, huellas digitales, fotografías usadas para reconocimiento facial y bases que permitan identificar a clientes o trabajadores.Tampoco basta con borrar el nombre de una persona antes de ingresar un documento. Una dirección, un diagnóstico, un número de cliente, una fecha de nacimiento o la mezcla de varios antecedentes pueden permitir identificarla nuevamente.“Eliminar el nombre no siempre significa que los datos quedaron anónimos. En algunos casos no se elimina el riesgo, solamente se maquilla. La regla más segura es anonimizar o utilizar información ficticia antes de probar una herramienta”, advierte el expert
tro error es pensar que todas las versiones de ChatGPT, Copilot, Gemini y otros asistentes funcionan de la misma manera. Una cuenta personal y gratuita puede tener condiciones de almacenamiento, administración y privacidad diferentes de una solución empresarial contratada por la organización.“Hoy es fundamental distinguir entre una inteligencia artificial de consumo y una de uso empresarial. No basta con decir ‘usamos IA’. Hay que saber qué producto, qué cuenta y qué política contractual se está utilizando”, explica Trecic.
Recomendaciones ante la nueva ley
Considerando las nuevas reglas que comenzarán a regir en los próximos meses, es que el especialista de Novelty8 destaca que no basta con autorizar el uso de “la inteligencia artificial” en general. Cada compañía debe saber qué producto utilizan sus trabajadores, con qué cuentas ingresan, dónde se procesan los datos, quién puede acceder a ellos y qué establece el contrato del proveedor.“Hoy es fundamental distinguir entre una inteligencia artificial de consumo y una de uso empresarial. No basta con decir ‘usamos IA’. Hay que saber qué producto, qué cuenta y qué política contractual se está utilizando”, explica Trecic.La nueva ley también refuerza las obligaciones cuando la tecnología toma decisiones o crea perfiles que pueden afectar a una persona. Esto podría ocurrir cuando un sistema filtra candidatos para un empleo, clasifica el riesgo de un cliente o recomienda aprobar o rechazar un beneficio.En esos casos, la empresa deberá informar que existe una decisión automatizada, entregar antecedentes sobre la lógica utilizada y explicar sus posibles consecuencias. Cuando el sistema implique un riesgo elevado, tratamiento masivo de información o uso de datos sensibles, será obligatorio realizar previamente una evaluación de impacto.Frente a este escenario, el experto propone comenzar identificando todas las herramientas de inteligencia artificial que se están utilizando dentro de la organización, incluidas aquellas que los trabajadores incorporaron por su cuenta. Después se debe clasificar la información, definir qué datos pueden ingresarse, cuáles requieren medidas especiales y cuáles nunca deberían salir de los sistemas internos.Además, se recomienda, utilizar información anónima o datos ficticios para probar nuevos sistemas, revisar los contratos con los proveedores y controlar las transferencias de información fuera de Chile.“El error más frecuente es comenzar por la herramienta y no por el problema que se quiere resolver. Muchas empresas hacen pruebas con información real, no revisan las condiciones del proveedor y tampoco definen quién debe aprobar, supervisar o auditar el proyecto”, sentencia Trecic
Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Economia/2026/07/22/1206409/mal-uso-ia-proteccion-datos.html
Con sanciones que pueden alcanzar las 20.000 UTM y la posibilidad de suspender el uso de información por hasta 30 días, la nueva Ley de Protección de Datos Personales que comenzará a regir en diciembre de este 2026 promete convertirse en una de las normativas más exigentes de la región en materia de privacidad.La ley 21.719 establece un modelo de cumplimiento basado en la responsabilidad proactiva o accountability. Esto significa que las organizaciones no solo deben cumplir con la normativa, sino también ser capaces de demostrar dicho cumplimiento mediante políticas, procedimientos, registros y evidencia científica.Esta nueva forma de ver la protección de los datos llega en momentos en que la Inteligencia Artificial entró de lleno en el ámbito laboral. De hecho, estudios como el Work Trend Index 2024 de Microsoft y LinkedIn, elaborado a partir de una encuesta a 31.000 personas de 31 países, reveló que el 75% de los trabajadores del conocimiento ya utilizaba inteligencia artificial en sus labores.También señala que entre quienes usaban IA, un 78% llevaba sus propias herramientas al trabajo, es decir, recurría a plataformas que no necesariamente habían sido entregadas o aprobadas por su empleador.Otra investigación, el Enterprise AI and SaaS Data Security Report 2025 de LayerX, basado en el uso real de plataformas dentro de grandes empresas, detectó que el 77% de los usuarios de inteligencia artificial generativa copia y pega información dentro de estas herramientas. Además, el 22% ingresa datos personales o relacionados con medios de pago y el 82% de esa actividad se realiza desde cuentas personales que no están bajo el control de la compañía.Aunque son datos a nivel global, con la entrada en vigencia de la ley 21.719, las empresas chilenas deberán ajustarse a una nueva normativa en la que deberán informar qué datos utilizan, para qué los necesitan, cuánto tiempo los conservarán y si serán enviados a otro país. También tendrán que aplicar medidas de seguridad desde el diseño de sus sistemas y utilizar únicamente la información estrictamente necesaria.“Esta es una ley compleja, que moderniza una normativa de más de 20 años y que entrega nuevos derechos a las personas sobre sus datos personales. Pero también sabemos que su implementación representa un desafío importante para las pymes, que muchas veces no cuentan con equipos legales o técnicos especializados para abordar este tipo de exigencia”, dice el subsecretario de Economía y Empresas de Menor Tamaño, Karlfranz Koehler.De ahí que la Cámara de Comercio de Santiago (CCS) lanzó una guía esencial de entendimiento de la ley y de protección de datos personales para que las pequeñas y medianas
Cuidado con el mal uso de las herramientas
Considerando los alcances de la normativa, Joaquín Trecic, director de Proyectos de Novelty8 (Desarrollador Tecnológico), explica que “muchas organizaciones no tienen claridad sobre qué información están entregando sus trabajadores a las plataformas de inteligencia artificial. El mayor riesgo no está solamente en las herramientas autorizadas, sino en el uso informal de personas que copian contratos, correos o bases de clientes sin revisar qué producto, cuenta o configuración están utilizando”.“La inteligencia artificial ya no puede implementarse pensando solamente en cuánto tiempo permite ahorrar. También será necesario revisar qué información utilizará, si existe una base legal para procesarla, dónde quedará almacenada y qué riesgos puede generar para las personas. La IA no queda prohibida, pero debe ser gobernable”, agrega.
Qué información no entregar a la IA
Por otro lado, el especialista explica qué datos o antecedentes no se deberán entregar a la Inteligencia Artificial. Entre ellos destacan contraseñas, contratos completos, secretos comerciales, información médica y financiera, datos de menores de edad, huellas digitales, fotografías usadas para reconocimiento facial y bases que permitan identificar a clientes o trabajadores.Tampoco basta con borrar el nombre de una persona antes de ingresar un documento. Una dirección, un diagnóstico, un número de cliente, una fecha de nacimiento o la mezcla de varios antecedentes pueden permitir identificarla nuevamente.“Eliminar el nombre no siempre significa que los datos quedaron anónimos. En algunos casos no se elimina el riesgo, solamente se maquilla. La regla más segura es anonimizar o utilizar información ficticia antes de probar una herramienta”, advierte el expert
Recomendaciones ante la nueva ley
Considerando las nuevas reglas que comenzarán a regir en los próximos meses, es que el especialista de Novelty8 destaca que no basta con autorizar el uso de “la inteligencia artificial” en general. Cada compañía debe saber qué producto utilizan sus trabajadores, con qué cuentas ingresan, dónde se procesan los datos, quién puede acceder a ellos y qué establece el contrato del proveedor.“Hoy es fundamental distinguir entre una inteligencia artificial de consumo y una de uso empresarial. No basta con decir ‘usamos IA’. Hay que saber qué producto, qué cuenta y qué política contractual se está utilizando”, explica Trecic.La nueva ley también refuerza las obligaciones cuando la tecnología toma decisiones o crea perfiles que pueden afectar a una persona. Esto podría ocurrir cuando un sistema filtra candidatos para un empleo, clasifica el riesgo de un cliente o recomienda aprobar o rechazar un beneficio.En esos casos, la empresa deberá informar que existe una decisión automatizada, entregar antecedentes sobre la lógica utilizada y explicar sus posibles consecuencias. Cuando el sistema implique un riesgo elevado, tratamiento masivo de información o uso de datos sensibles, será obligatorio realizar previamente una evaluación de impacto.Frente a este escenario, el experto propone comenzar identificando todas las herramientas de inteligencia artificial que se están utilizando dentro de la organización, incluidas aquellas que los trabajadores incorporaron por su cuenta. Después se debe clasificar la información, definir qué datos pueden ingresarse, cuáles requieren medidas especiales y cuáles nunca deberían salir de los sistemas internos.Además, se recomienda, utilizar información anónima o datos ficticios para probar nuevos sistemas, revisar los contratos con los proveedores y controlar las transferencias de información fuera de Chile.“El error más frecuente es comenzar por la herramienta y no por el problema que se quiere resolver. Muchas empresas hacen pruebas con información real, no revisan las condiciones del proveedor y tampoco definen quién debe aprobar, supervisar o auditar el proyecto”, sentencia Trecic
Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Economia/2026/07/22/1206409/mal-uso-ia-proteccion-datos.html