Ya compadritos, el primer capítulo de Humper Monkey's Ghost Story traducido por mi. A penas tenga los siguientes capítulos los voy a ir subiendo. Igual la traté de hacer "neutral" pero los insultos son medios españoletes, porque no hay muchos garabatos neutros, así que si quieren que le de su toque chilensis, igual podría darle, pero a lo mejor queda más chistoso que de suspenso
Capítulo 1
Me bajé del bus para caer en un puto metro de nieve. Yo era el único en el bus, y el conductor se río cruelmente al cerrar la puerta, y se alejó entre el rugido del motor y una humareda de diésel quemado.
El edificio que tenía en frente era viejo, blanco y por supuesto, cubierto de nieve. Me pareció vagamente familiar, y había un camino excavado en la nieve, que pasó del metro de nieve de donde estaba hasta sobre mi cabeza cuando llegué a la puerta.
Dios mío ¿En qué me he metido?
BOOM BOOM BOOM! Tres explosiones de fuego rápido sacudieron los árboles y cayeron copos de nieve de ellos, dejando las ramas casi desnudas. Miré a mí alrededor, pero no había rastro de dónde vinieron. Suspirando, agarré mi bolso de la nieve y me dirigí a través del canal de nieve tallada al edificio. Mientras caminaba, se produjo otra serie de explosiones. Eso explicaría por qué toda la nieve estaba en el suelo, pero las ramas de los árboles estaban desnudas.
En el interior del edificio no estaba mucho más cálido, pero al menos el uniforme de servicio ayudaba, el cual tenía mi brillante insignia de soldado raso, otorgado por mi desempeño en el AIT. Todo el ascenso fue muy frívolo, pero estaba orgulloso de mi mismo. Me tomó un tiempo ir de aquí para allá, pero me encontré con una mujer, que se ofreció a llamar mi unidad para que enviasen a alguien a buscarme. Les dijo que estaría en la cantina del edificio, y luego me mostró donde estaba. Comentó algo sobre mi anillo de bodas, me habló sobre las viviendas para militares; que eran un bien escaso, y que la ciudad más cercana estaba a poco más de cuatro kilómetros del puesto.
Excelente, estoy en el puto valle de “Sleepy Hollow”. Pero no importa, me uní al ejército para evitar que me bombearan el culo todas las noches en la cárcel. No es que no quisiera enlistarme del todo, es sólo que terminé bajo custodia del Ejército de Estados Unidos un poco antes de lo que había planeado.
Así que estaba sentado allí comiendo unos nachos y bebiendo una Coca-Cola cuando el tipo apareció. Una mirada de culo miserable, con unas botas “Mickey Mouse”, una puta parka y pantalones para el frío.
- ¿Soldado Monkey? - preguntó, dirigiéndose al radiador y poniéndose sobre él.
- Si, ¿eres de la unidad?
- Si, termínate esos nachos - respondió, y se acercó para pedir una cerveza. Se sentó frente a mí, destapó la botella y se pegó un sorbo muy largo para luego eructar y preguntar - ¿A quién jodiste para terminar aquí?
- A nadie, en realidad me asignaron aquí después del AIT. Todo el mundo va a Alemania para el regimiento n°21 de reemplazo, a mí me ordenaron aquí – le dije y pregunté ¿Por qué? ¿Qué tiene de malo excepto la nieve?
- Contándote a ti y a mí, la unidad es de 18 personas - grunó – tuviste que haberla cagado con alguien.
- ¿Dieciocho? ¿O sea, 10 más 8? – Mi mente se quedó pensando en eso.
- Si, los otros 200 se suponen llegarán en unos meses. ¿Crees que esto es jodido? Espera a ver los cuarteles.
Terminó su cerveza, se metió los últimos de mis nachos en la boca y se levantó para abrocharse la parka. Me di cuenta que era cabo cuando tomó su gorra para la nieve de la mesa. A pesar de ser un E-4, me parecía que tenía nueve mil años de viejo. Lo seguí en silencio hasta un Chevy Blazer, que salió disparado y nos sacó de las calles.
- El frío empieza en agosto, pero por lo general hay nieve en el suelo hasta finales de septiembre, y se mantiene hasta marzo o a abril por lo que me han dicho los que han estado más tiempo. - Me dijo – La mayoría de los edificios fueron construídos por los Nazis en la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, nuestros cuarteles son de los ‘30s y fueron reacondicionados el mes pasado. Vamos a los lockers a preparar tu equipo de nieve. No quiero que te mueras de frío en la noche.
Asentí con la cabeza y lo seguí. Nos topamos con un alemán viendo una revista porno, el cual me pasó todo el equipo. No me hizo firmar nada, ni siquiera tenían una lista; me pasó toda la mierda y nos despidió con la mano al salir.
- ¿Es que no mantienen un registro de movimientos? - pregunté, lanzando la segunda bolsa de lona llena de equipo en la parte posterior de la camioneta.
- ¿Por qué? A nadie le importa una mierda lo que nos pase en este lugar. El departamento de defensa no le podría importar menos lo que hacemos aquí. Puedes literalmente asesinar a alguien y tal vez, alguien en Stuttgart mandará a alguien a ver si es un oficial. Demonios, la semana pasada la compañía de ingenieros perdió a dos hombres; nadie sabe dónde fueron, pero como no hay vehículos perdidos, y dejaron su equipo de frío en el cuartel, asumimos que están muertos. Probablemente encontremos los cuerpos en verano.
Oh Dios míos… ¿A dónde me fui a meter?
Viajamos por unos 25 minutos en la camioneta, y al primer giro a la izquierda estábamos en las carreteras de campo. Pasamos una esquina en la cual 22 solados murieron al tomar la vuelta muy rápido. Dada la forma en que el vehículo se inclinó cuando tomamos la esquina, no me sorprendió.
Finalmente, llegamos a un edificio blanco de tres pisos. Estaba empezando a oscurecer. Había sólo un puñado de luces estaban encendidas. Entramos, y me di cuenta de que era cálido en allí. La primera vez desde que salí de Frankfurt.
- ¡Hey Carter!, este es el soldado Monkey, necesita una habitación y algo de ropa - dijo el hombre, y el cabo detrás del escritorio abrió una caja en la pared, tirando de una llave. Otro soldado abrió el armario y cogió un juego de sábanas, un par de frazadas de lana y una almohada. Me entregaron todo y se volvieron a un pequeño televisión de mierda.
Mi guía me acompañó por las escaleras hasta el segundo piso, luego a través de unas puertas dobles. Miró a su alrededor y se estremeció.
- Estás solo en toda la sección. Algunos de nosotros dormimos en la sala de día por comodidad – me dijo, señalando mi puerta.
- ¿Por qué? - pregunté, mientras giraba el pomo de la puerta y la abría. La habitación olía a pintura, aserrín, y algo más. Algo que me puso la piel de gallina.
- Ya verás – buscó en su parka, sacó una botella de tequila y me la entregó – Mantente caliente chico. Cuando despiertes, anda a la sala de día. Creo que tenemos un oficial, pero por el momento, no hay formaciones ni nada de eso.
Asentí en silencio, completamente confundido. ¿Este es el Ejército? ¿Se trata de Ejército Regular? ¿Este es el servicio activo? Qué. Mierda. La puerta se cerró, y de repente se sintió como si la habitación se había ensombrecido a pesar de que la luz estaba encendida.
Ok, ducha y baño a la izquierda, lockers a la derecha. El pasillo era corto exactamente del largo de los lockers. La habitación era bastante grande, con un radiador, refrigerador, dos escritorios, dos vestidores y dos juegos de literas. Me acerqué, abrí el radiador, y escuché los ruidos y golpes que hacían los radiadores.
Mirando por la ventana, pude ver la cerca con rollos de alambre de púas en la parte superior y torres de vigilancia. Vacío. Nada la torre enorme, sin movimientos. Le di la espalda a la ventana, corrí las cortinas para ayudar a que la habitación se calentara y comencé a poner mis cosas.
Todos mis compañeros del AIT fueron enviados a Umatilla, Black Briar Creek, Red Stone Arsenal, Johnston Atoll. A mí me enviaron a un lugar de mierda que ni siquiera tiene un nombre. Empecé a sospechar que la denominación “ReA” que venía después del nombre de la unidad significaba “reactivado”, ya que podíamos o no tener un oficial a cargo.
Me masturbé en la ducha pensando en mi esposa y me fui a la cama. Hacía frío, pero desde el reformatorio que pasaba frío y ya me había acostumbrado.
Desperté temblando, con un frío de mierda bajo las sábanas. Había alguien en mi habitación; podía sentir su presencia. No me moví, no abrí los ojos, tratando de concentrarme en la persona. Había aprendido ese truco en el reformatorio. Mantuve mi respiración tranquila, como si estuviera durmiendo, pero el aire estaba tan helado que no pude evitar toser y tuve que sentarme en la cama.
La habitación estaba totalmente negra, y se sentía un frío glacial. Me levanté de la litera, y cuando puse los pies en el suelo me percaté que se había formado hielo. ¿Qué mierda? Ya de pie, podía confirmar que había alguien conmigo en la habitación, y a tientas busqué el interruptor de la luz. No era el juguete sexual de nadie, así que si prendía la luz y me encontraba con alguien con el pene en la mano le iba a reventar el cráneo a golpes.
Por supuesto la habitación estaba vacía, y había escarcha donde había puesto la cabeza y en el suelo. Todavía podía sentir que alguien me miraba, y que ese alguien me odiaba. Muerto de frío y totalmente desconcertado, recogí mis mantas, agarré mi llave, y salí de la habitación.
El pasillo estaba oscuro y frío. Estaba en mis calcetines y calzoncillos largos de lana. Podía ver mi aliento por delante de mí a la luz de unas pocas luces encendidas, y caminé a lo largo del pasillo, empujando la puerta doble para finalmente bajar las escaleras. No bajé todo el camino hasta la primera planta; me encontré un cartel pintado a mano que decía “Sala de día/Área CQ (encargado de los cuartos)" en el rellano del segundo piso.
Empujé la puerta, y me encontré en la misma habitación a la que había llegado originalmente cuando entré al edificio. El cabo que me entregó el equipo estaba recostado en un sillón, dormitando, y el soldado que lo asistía estaba leyendo un libro. Podía oír los ronquidos de otra habitación, y, arrastrando la manta, me fui allí.
Había quince personas en la habitación, todos ellos apiñados en las sillas, sus mantas envueltas alrededor de ellos. Dejé caer mi mierda en una silla vacía y volvió a entrar en la área CQ.
- Oye, ¿por qué es todo tan frío aquí?" Le pregunté al soldado. Miró hacia arriba y luego miró a su alrededor.
- El horno se apagó.
- ¿Y por qué coño se apagó?.
- Nadie está a cargo del carbón desde hoy en la mañana.
- ¿Y por qué demonios nadie lo ha hecho? – pregunté. El soldado me sonrío como si supiera un secreto. Alcanzó una llave y se acercó a la mesa. Tomó un trozo de papel y esbozó una especie de mapa del edificio.
- Ok, nosotros estamos aquí. Si vas por este pasillo, a través de las puertas dobles, pasas por la primera puerta a la izquierda, bajas las escaleras y sales. Habrá dos puertas a la izquierda, un buzón de correo y una puerta a la derecha. Atraviesas la primera puerta a tu izquierda, abres con esta llave y caminas hasta la parte posterior de la habitación. Ahí encontrarás el horno y un montón de carbón para palear. Abre el horno, carga el carbón y usa el tarro de gasolina para mojar un poco el carbón y préndelo. Luego te devuelves.
Mientras señalaba todo en el mapa, me di cuenta de que me estaba hablando de manipular un horno a carbón como si no supiera que mierda era. Sabía cómo funcionaban, mi viejo tenía uno en su casa en la costa oeste.
Asentí con la cabeza, y tome la llave que sacó y también una linterna antes de que volviera a leer su libro. Gruñiendo me fui a mi habitación para ponerme el equipo de frío y volví al área CQ. No dije ni mierda, pero estaba seguro que había alguien en mi habitación. Tenía el pelo en la nuca erizado, y no daba señales de querer relajarse.
Seguí las instrucciones hasta el piso inferior. Me di cuenta de que el soldado olvidó decirme que había una puerta que daba hacia afuera que estaba cerrada con llave y encadenada con una cadena bastante nueva.
Curioso. Abrí la puerta y entré.
¡La puta madre que la parió!
El suelo era de tierra, y el techo estaba sin terminar, dando paso a una oscuridad tremenda. Había un olor interesante, y podía escuchar un ruido de respiración forzada y pesada en la oscuridad. Se me puso la piel de gallina, y los escalofríos que habían desaparecido al salir de mi habitación volvieron. Me alegré de estar completamente vestido.
Entré en la habitación y caminé hacia la oscuridad. Pasé la fuente de la respiración pesada, y me volví a ver que mierda era. Un viejo calentador de agua eléctrico estaba plantado allí, enorme y siniestro a la luz de la linterna.
Pude ver que en las uniones de las cañerías se escapaba vapor, lo que explicaba la respiración. El aire no era cálido o húmedo, todavía hacía frío, y yo podía ver el brillo de escarcha en las paredes alrededor de las uniones de tubos sueltos. No estaba en el ejército. No había manera de que esto podría ser el Ejército en los ‘80s. De alguna manera, había terminé en la década de 1950.
Oí un desplazamiento detrás de mí y me di la vuelta, con la linterna bien agarrada. Un par de ojos pequeños y brillantes me miraron desde la oscuridad. Sentí el escalofrío correr por mi espalda, y me di cuenta de que yo no pertenecía aquí. No le gustaba a ese algo que vivía aquí abajo. No nos quieren en el edificio. O quería que nos fuéramos o nos quería muertos.
Los ojos de repente se movieron hacia adelante, revelando a sí mismos de una rata enorme, fácilmente del tamaño de mi antebrazo. Corrió hacia mí con la boca abierta y los ojos brillantes.
¡Jódete pedazo de mierda! le grité, di un paso hacia adelante, y con una patada mandé a volar a la gran hija de puta en la oscuridad. Hizo un chillido y marcó un crujido alborotado al caer al suelo. Retrocedí poco a poco, no en plena posesión de mis facultades, ni siquiera consciente de que estaba alejándose de la puerta con ganas de escapar.
Cuando mi espalda golpeó la pared del fondo, y la pala contra el muro cayó sobre la tierra, grité. Había descubierto en la Formación Básica y en el AIT que mi voz era poderosa y ocupaba los espacios. Esta vez, sin embargo, un grito que se podría haber oído fácilmente en un tiroteo se oyó plano, sin ni siquiera un eco.
Yo estaba casi calvo, pero mi pelo estaba erizado totalmente. Podía oír crujir sonidos en la oscuridad, y mi imaginación fértil me dio imágenes de necrófagos saliendo del suelo, royendo huesos de intrusos pasados.
Girando alrededor, y encontré una lámpara de queroseno. Con mis manos temblorosas, puse la linterna en el bolsillo de mi pecho, y busqué el interruptor de la lámpara para iluminar. Estaba de espaldas en esa sala cavernosa, y casi llorando con la seguridad de que las cosas se estaban acercando a mí. Cosas que querían carne dulce y caliente para roer.
La lámpara generaba una burbuja tenue de luz cálida, y pude ver el brillo del metal a mi derecha. Seguro como la mierda, sabía que ese era el horno. Sin embargo, esto no alivió mis sentimientos de inseguridad. El horno era grande, negro, y tenía una vieja insignia nazi visible por encima de la puerta del horno. Ver esa esvástica me heló la sangre. Podía imaginar gritos que salían del horno mientras lo miraba. No era un horno, era enorme y negro, era una bestia, esperando a sus víctimas, exigía sacrificios vivos para alimentarse.
“Al diablo con esto. Es un puto, en un puto sótano, en un agujero de mierda” gruñí, sintiendo una ira increíble para sustituir mi miedo. Yo era maldito soldado, un asesino del “Tío Sam” que había sido ordenado para matar a otros hijos de puta. Yo no iba a tener miedo de un maldito horno, una rata fea muerta, y un poco de puta oscuridad
Abrí la puerta del horno, busqué la pila de carbón, y comencé a palearlo en el horno, al igual que como el cabrón del área CQ me había dicho con su puta sonrisa en la cara.
Le puse gasolina al carbón y lo encendí. Entonces localicé el conducto de alimentación y la cargué. No fue ninguna sorpresa que la llave estuviera llena de telarañas. Estos idiotas habían estado poniéndole carbón y prendiéndolo para calentar. Con un “vete a la mierda”, tomé la pala y reventé el emblema nazi que estaba en la puerta. Que se jodan estos hijos de puta muertos.
Con la linterna en la mano caminé para salir del sótano, haciendo caso omiso de los ruidos a mí alrededor. ¿La respiración forzada? Ese es el calentador de agua caliente. ¿Ese ruido como chillido? Deben ser los familiares de la puta rata alrededor de su cadáver. ¿Esos pasos detrás de mí? Ecos.
Espera.
¿Qué?
Me detuve de repente, y escuché que los pasos continuaron uno par de veces más.
No voy a mirar detrás de mí. No voy a correr. Los monstruos no son reales. No voy a correr. No voy a mirar detrás de mí. Los monstruos no son la mierda ¡Corre por tu vida hijo de puta!
Abrí la puerta de una patada como en una película de policías, y de golpe corrí por el pasillo. Empujé la puerta cerrada y la contuve, temblando y sudando hasta el culo.
Como yo estaba bloqueándola, oí un ruido golpeándola, pero no había forma de que la fuese abrir.
"Espero que les guste allí maricas” gruñí. Apagué la linterna y la puse junto a la puerta, luego volví a la sala de día. Miré y conté a las 15 personas que estaban durmiendo cuando llegué en la mañana.
El cabo todavía estaba allí, todavía adormilado, pero el soldado no estaba. Bueno, espero que el hijo de puta no se congela hasta morir, pero lo dejaré afuera hasta la mañana siguiente por ser un puto imbécil.
- ¡Estás de vuelta! – oí detrás de mí. Salté de un susto y me di vuelta. La puerta del baño se estaba cerrando y el soldado sonriente se paró frente a mí – Maldita sea, te fuiste por casi una hora. Me empecé a preocupar y casi llamo a una misión de rescate. ¿Fuiste a cargar el horno?
- Si, ya lo cargué. Los radiadores deberían empezar a calentar en un rato – Me empecé a dar cuenta de que nadie había estado jodiendo conmigo, nadie me estaba jugando bromas.
- Buen trabajo soldado. En los últimos dos meses nadie ha querido hacerlo, y la mayoría de nosotros no quiere ni entrar ahí – me dijo el soldado. Asentí sin decir nada.
- ¿Así que no fue mi imaginación? – pregunté.
- No – me respondío inclinándose hacia mí – Estos putos cuarteles están embrujados.
Sentí un escalofrío por la espalda.
Bienvenido a Alemania, soldado Monkey… Todavía no has visto nada.