Walter Nelson
Berto 2022
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El almirante en retiro aborda en El Líbero lo que fue la presencia de las tropas de nuestro país en la isla entre 2004 y 2017, como parte de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití. Si bien reconoce que en un principio fue necesaria, señala que con los años “se transformó en una inoficiosa rutina para las FF.AA.”. “La situación de Haití se ha agravado con respecto al año 2004. Es difícil evitar la expresión ‘fracaso’”, agrega.
A raíz de la polémica que se generó hace algunos días luego de que la Contraloría diera a conocer un informe sobre 64 niños haitianos que habían ingresado a Chile en 2025 y que no habían podido ser ubicados -posterior a ese informe las autoridades dieron con el paradero de los menores-, la crisis que atraviesa Haití volvió a estar presente en la agenda en Chile.
A raíz de la polémica que se generó hace algunos días luego de que la Contraloría diera a conocer un informe sobre 64 niños haitianos que habían ingresado a Chile en 2025 y que no habían podido ser ubicados -posterior a ese informe las autoridades dieron con el paradero de los menores-, la crisis que atraviesa Haití volvió a estar presente en la agenda en Chile.
Uno de los que no se mantuvo al margen fue el ex Comandante en Jefe de la Armada en el período 2001-2005, el almirante en retiro Miguel Ángel Vergara Villalobos, que en una carta a El Mercurio publicada el miércoles, titulada ‘Fracaso en Haití’, se refirió a la presencia que tuvo Chile en ese país durante la crisis que inició en el año 2004 y que implicó que la ONU diseñara la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), en la que participaron más de veinte naciones, incluido Chile, con presencia militar hasta 2017.
En su misiva, el almirante en retiro, quien también es Doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra, cuestionó que la misión sólo haya previsto el envío de tropas -aunque aclaró que esto era necesario en principio para establecer las condiciones mínimas de orden y seguridad- y no haya incluido la presencia de civiles expertos en políticas públicas para apoyar la organización política, social y económica de la isla. El ex comandante advierte en su carta que hubo «políticos locales» que apoyaron «entusiastamente» la «eternización» de la presencia militar «a sabiendas de que ese no era el camino».
En esta entrevista con El Líbero asevera que «la decisión fue buena en lo político y en lo militar, lo negativo fue la eternización de la presencia militar que, con el correr de los años, pasó a ser inoficiosa. A futuro es preciso fijar una temporalidad máxima antes de comprometer fuerzas militares».
-¿Considera que Chile tuvo una postura correcta en cuanto a su participación en Haití, luego del inicio de la crisis en esa isla en 2004?
-Inicialmente, sin ninguna duda. Sin embargo, en la medida en que pasaban los años, esto se transformó en una inoficiosa rutina para las FF.AA. Incluso dejó de ser una fuente positiva de entrenamiento, ya que el mismo contingente se repetía el tour una y otra vez.
-¿Estuvieron demasiado tiempo los militares chilenos en Haití?
-A mi juicio la permanencia de las FF.AA. en Haití fue excesiva. Por supuesto, no es fácil poner un día y hora a contar de la cual la presencia militar pasó a perder relevancia. Pero era obvio que no marchaba a la par con la necesaria reorganización de Haití. Como es natural, el proceso de estabilización de Haití pasaba en primer lugar por establecer un entorno de orden y seguridad, para lo cual la presencia militar era insustituible. Pero eso debería haber sido acompañado paralelamente con un esfuerzo por la reorganización política, social y económica del país, lo que no se realizó, o se hizo en una escala muy menor a lo que exigían las circunstancias.
-¿Cómo evalúa que enviaran a militares chilenos a Haití, pero no a los civiles expertos en políticas públicas que se necesitaban, mientras sí se «eternizaba» la presencia de tropas?
-En mi opinión la burocracia internacional, y también muchos políticos locales, más que solucionar los problemas buscan “salvar la cara”. En tal sentido, resultaba cómodo mantener a las FF.AA. en Haití, en vez de enviar civiles a organizar ese país en lo jurídico-social. Se mostraba actividad, pero no se atacaba la raíz del problema. Al momento de mi retiro de la Armada, en junio del 2005, todavía no era crítica la prolongada permanencia de las FF.AA. en Haití. Seguramente los Altos Mandos de la Defensa, en su oportunidad, representaron esta situación al gobierno. En todo caso, hubo centros de estudio y personas que emitieron opiniones en los medios de prensa sobre esta situación. Tampoco era fácil para el gobierno de turno disponer un retiro unilateral de las FF.AA., ya que había un compromiso con la ONU. Probablemente el gobierno de Chile en más de una ocasión le indicó a ese organismo la necesidad de poner un límite a la permanencia de las FF.AA. en Haití.
-¿Qué faltó para que los civiles que se necesitaban en Haití sí se animaran a ir a ayudar a recomponer el país?
-Solo las FF.AA. -obedientes y no deliberantes- concurren a lugares donde hay frugalidad y existen situaciones de riesgo. Salvo unos pocos, la burocracia internacional se mueve en las grandes ciudades y con muchas comodidades. Es difícil encontrar “voluntarios” para ir a sacrificarse en lugares como Haití y no es posible “dar órdenes” a los civiles.
-¿Quiénes eran en su criterio esos políticos locales que apoyaron de forma entusiasta esa situación, a sabiendas de que se hacía algo errado?
-La Misión de Paz se prolongó por 13 años, pues finalizó recién en el 2017. Por tanto, el gobierno del Presidente Ricardo Lagos está dentro del período en que era razonable la presencia militar para crear un ámbito de orden y seguridad. El problema se va intensificando gradualmente durante los mandatos de los presidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, en los que el relevo de las fuerzas militares cada seis meses pasó a ser una rutina. Sin embargo, para ningún gobierno era fácil disponer un retiro unilateral de las FF.AA., pues había un compromiso internacional.
-¿Han sido un fracaso las medidas que ha tomado la ONU con respecto a Haití?
-Lamentablemente, la realidad muestra que la situación de Haití no ha variado mucho; incluso se ha agravado con respecto al año 2004. En tal sentido, es difícil evitar la expresión “fracaso”.
-¿Fue un fracaso la labor de Chile?
-Para Chile no fue un fracaso, porque al menos inicialmente fue un valioso entrenamiento para las FF.AA. Además, mal podríamos abstenernos de participar en operaciones de paz, puesto que, así como nos beneficiamos de la globalización, también debemos asumir algunos de sus costos. Eso sí, tenemos que intentar conciliar nuestra presencia internacional con los intereses de Chile. Me parece que tenemos una clara responsabilidad en el ámbito regional, pero en zonas más alejadas habrá que analizar muy bien los eventuales riesgos y beneficios de enviar fuerzas militares, en qué cantidad, con qué medios y con qué reglas de enfrentamiento.
-¿Cómo observa la situación ahora, en retrospectiva? ¿Qué se pudo haber hecho mejor?
-En retrospectiva, la decisión fue buena en lo político y en lo militar. Lo negativo fue la eternización de la presencia militar que, con el correr de los años, pasó a ser inoficiosa. A futuro es preciso fijar una temporalidad máxima antes de comprometer fuerzas militares. La ONU es una organización difícil de mover una vez que “los dados están echados”.
-¿Qué recuerda de la época en la que Chile tuvo que mandar militares a Haití, cuando usted era Comandante en Jefe de la Armada?
-Mi período como Comandante en Jefe de la Armada fue entre los años 2001 y 2005.
El primer contingente militar lo envió Chile en el año 2004, siendo Presidente don Ricardo Lagos. Recuerdo que en un plazo no superior a 48 horas el Ejército dispuso de un batallón conformado por tres compañías, que sumaban más de 330 efectivos para operar en Haití, que fue transportado en aeronaves de la Fuerza Aérea. Luego, en menos de dos semanas, la Armada envió una barcaza con vehículos y el equipamiento necesario para montar la infraestructura básica para las tropas. Esto habla muy bien del grado de alistamiento de las FF.AA.
-¿Qué opinaban los altos mandos de la participación de Chile en Haití? ¿Qué ánimo se veía en las tropas?
-El Alto Mando de la Armada, y supongo que igualmente las otras ramas de la Defensa, estaba de acuerdo con la participación de Chile en la MINUSTAH. Al tema humanitario se sumaba que ese país potencialmente podría desestabilizar a la región, por ejemplo, con la migración. El ánimo de las tropas fue muy bueno, especialmente cuando, con el pasar de los meses, se fueron mejorando las condiciones iniciales de infraestructura y equipamiento. El espíritu no decayó pese a lo prolongado de esta misión. Personalmente creo que fue positivo para las FF.AA. porque permitió un entrenamiento práctico en terreno. Hubo estrecha interoperabilidad entre los medios del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. Además se optimizaron las operaciones combinadas con otros países. También se elaboraron y aplicaron procedimientos logísticos, sanitarios y reglas de enfrentamiento. En la MINUSTAH participó una veintena de países, en su mayoría latinoamericanos, cuyos efectivos sumaban cerca de 7.000 personas, entre hombres y mujeres.
ellibero.cl
A raíz de la polémica que se generó hace algunos días luego de que la Contraloría diera a conocer un informe sobre 64 niños haitianos que habían ingresado a Chile en 2025 y que no habían podido ser ubicados -posterior a ese informe las autoridades dieron con el paradero de los menores-, la crisis que atraviesa Haití volvió a estar presente en la agenda en Chile.
A raíz de la polémica que se generó hace algunos días luego de que la Contraloría diera a conocer un informe sobre 64 niños haitianos que habían ingresado a Chile en 2025 y que no habían podido ser ubicados -posterior a ese informe las autoridades dieron con el paradero de los menores-, la crisis que atraviesa Haití volvió a estar presente en la agenda en Chile.
Uno de los que no se mantuvo al margen fue el ex Comandante en Jefe de la Armada en el período 2001-2005, el almirante en retiro Miguel Ángel Vergara Villalobos, que en una carta a El Mercurio publicada el miércoles, titulada ‘Fracaso en Haití’, se refirió a la presencia que tuvo Chile en ese país durante la crisis que inició en el año 2004 y que implicó que la ONU diseñara la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), en la que participaron más de veinte naciones, incluido Chile, con presencia militar hasta 2017.
En su misiva, el almirante en retiro, quien también es Doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra, cuestionó que la misión sólo haya previsto el envío de tropas -aunque aclaró que esto era necesario en principio para establecer las condiciones mínimas de orden y seguridad- y no haya incluido la presencia de civiles expertos en políticas públicas para apoyar la organización política, social y económica de la isla. El ex comandante advierte en su carta que hubo «políticos locales» que apoyaron «entusiastamente» la «eternización» de la presencia militar «a sabiendas de que ese no era el camino».
En esta entrevista con El Líbero asevera que «la decisión fue buena en lo político y en lo militar, lo negativo fue la eternización de la presencia militar que, con el correr de los años, pasó a ser inoficiosa. A futuro es preciso fijar una temporalidad máxima antes de comprometer fuerzas militares».
«Esto se transformó en una inoficiosa rutina para las FF.AA»
-¿Considera que Chile tuvo una postura correcta en cuanto a su participación en Haití, luego del inicio de la crisis en esa isla en 2004?
-Inicialmente, sin ninguna duda. Sin embargo, en la medida en que pasaban los años, esto se transformó en una inoficiosa rutina para las FF.AA. Incluso dejó de ser una fuente positiva de entrenamiento, ya que el mismo contingente se repetía el tour una y otra vez.
-¿Estuvieron demasiado tiempo los militares chilenos en Haití?
-A mi juicio la permanencia de las FF.AA. en Haití fue excesiva. Por supuesto, no es fácil poner un día y hora a contar de la cual la presencia militar pasó a perder relevancia. Pero era obvio que no marchaba a la par con la necesaria reorganización de Haití. Como es natural, el proceso de estabilización de Haití pasaba en primer lugar por establecer un entorno de orden y seguridad, para lo cual la presencia militar era insustituible. Pero eso debería haber sido acompañado paralelamente con un esfuerzo por la reorganización política, social y económica del país, lo que no se realizó, o se hizo en una escala muy menor a lo que exigían las circunstancias.
-¿Cómo evalúa que enviaran a militares chilenos a Haití, pero no a los civiles expertos en políticas públicas que se necesitaban, mientras sí se «eternizaba» la presencia de tropas?
-En mi opinión la burocracia internacional, y también muchos políticos locales, más que solucionar los problemas buscan “salvar la cara”. En tal sentido, resultaba cómodo mantener a las FF.AA. en Haití, en vez de enviar civiles a organizar ese país en lo jurídico-social. Se mostraba actividad, pero no se atacaba la raíz del problema. Al momento de mi retiro de la Armada, en junio del 2005, todavía no era crítica la prolongada permanencia de las FF.AA. en Haití. Seguramente los Altos Mandos de la Defensa, en su oportunidad, representaron esta situación al gobierno. En todo caso, hubo centros de estudio y personas que emitieron opiniones en los medios de prensa sobre esta situación. Tampoco era fácil para el gobierno de turno disponer un retiro unilateral de las FF.AA., ya que había un compromiso con la ONU. Probablemente el gobierno de Chile en más de una ocasión le indicó a ese organismo la necesidad de poner un límite a la permanencia de las FF.AA. en Haití.
-¿Qué faltó para que los civiles que se necesitaban en Haití sí se animaran a ir a ayudar a recomponer el país?
-Solo las FF.AA. -obedientes y no deliberantes- concurren a lugares donde hay frugalidad y existen situaciones de riesgo. Salvo unos pocos, la burocracia internacional se mueve en las grandes ciudades y con muchas comodidades. Es difícil encontrar “voluntarios” para ir a sacrificarse en lugares como Haití y no es posible “dar órdenes” a los civiles.
-¿Quiénes eran en su criterio esos políticos locales que apoyaron de forma entusiasta esa situación, a sabiendas de que se hacía algo errado?
-La Misión de Paz se prolongó por 13 años, pues finalizó recién en el 2017. Por tanto, el gobierno del Presidente Ricardo Lagos está dentro del período en que era razonable la presencia militar para crear un ámbito de orden y seguridad. El problema se va intensificando gradualmente durante los mandatos de los presidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, en los que el relevo de las fuerzas militares cada seis meses pasó a ser una rutina. Sin embargo, para ningún gobierno era fácil disponer un retiro unilateral de las FF.AA., pues había un compromiso internacional.
«A futuro es preciso fijar una temporalidad máxima antes de comprometer fuerzas militares»
-¿Han sido un fracaso las medidas que ha tomado la ONU con respecto a Haití?
-Lamentablemente, la realidad muestra que la situación de Haití no ha variado mucho; incluso se ha agravado con respecto al año 2004. En tal sentido, es difícil evitar la expresión “fracaso”.
-¿Fue un fracaso la labor de Chile?
-Para Chile no fue un fracaso, porque al menos inicialmente fue un valioso entrenamiento para las FF.AA. Además, mal podríamos abstenernos de participar en operaciones de paz, puesto que, así como nos beneficiamos de la globalización, también debemos asumir algunos de sus costos. Eso sí, tenemos que intentar conciliar nuestra presencia internacional con los intereses de Chile. Me parece que tenemos una clara responsabilidad en el ámbito regional, pero en zonas más alejadas habrá que analizar muy bien los eventuales riesgos y beneficios de enviar fuerzas militares, en qué cantidad, con qué medios y con qué reglas de enfrentamiento.
-¿Cómo observa la situación ahora, en retrospectiva? ¿Qué se pudo haber hecho mejor?
-En retrospectiva, la decisión fue buena en lo político y en lo militar. Lo negativo fue la eternización de la presencia militar que, con el correr de los años, pasó a ser inoficiosa. A futuro es preciso fijar una temporalidad máxima antes de comprometer fuerzas militares. La ONU es una organización difícil de mover una vez que “los dados están echados”.
«En un plazo no superior a 48 horas el Ejército dispuso de un batallón conformado por 330 efectivos para operar en Haití»
-¿Qué recuerda de la época en la que Chile tuvo que mandar militares a Haití, cuando usted era Comandante en Jefe de la Armada?
-Mi período como Comandante en Jefe de la Armada fue entre los años 2001 y 2005.
El primer contingente militar lo envió Chile en el año 2004, siendo Presidente don Ricardo Lagos. Recuerdo que en un plazo no superior a 48 horas el Ejército dispuso de un batallón conformado por tres compañías, que sumaban más de 330 efectivos para operar en Haití, que fue transportado en aeronaves de la Fuerza Aérea. Luego, en menos de dos semanas, la Armada envió una barcaza con vehículos y el equipamiento necesario para montar la infraestructura básica para las tropas. Esto habla muy bien del grado de alistamiento de las FF.AA.
-¿Qué opinaban los altos mandos de la participación de Chile en Haití? ¿Qué ánimo se veía en las tropas?
-El Alto Mando de la Armada, y supongo que igualmente las otras ramas de la Defensa, estaba de acuerdo con la participación de Chile en la MINUSTAH. Al tema humanitario se sumaba que ese país potencialmente podría desestabilizar a la región, por ejemplo, con la migración. El ánimo de las tropas fue muy bueno, especialmente cuando, con el pasar de los meses, se fueron mejorando las condiciones iniciales de infraestructura y equipamiento. El espíritu no decayó pese a lo prolongado de esta misión. Personalmente creo que fue positivo para las FF.AA. porque permitió un entrenamiento práctico en terreno. Hubo estrecha interoperabilidad entre los medios del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. Además se optimizaron las operaciones combinadas con otros países. También se elaboraron y aplicaron procedimientos logísticos, sanitarios y reglas de enfrentamiento. En la MINUSTAH participó una veintena de países, en su mayoría latinoamericanos, cuyos efectivos sumaban cerca de 7.000 personas, entre hombres y mujeres.
Miguel Ángel Vergara, ex Comandante en Jefe de la Armada: “La permanencia de las FF.AA. de Chile en Haití fue excesiva” - El Líbero
El almirante en retiro aborda en El Líbero lo que fue la presencia de las tropas de nuestro país en la isla entre 2004 y 2017, como parte de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití. Si bien reconoce que en un principio fue necesaria, señala que con los años “se transformó en una...
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