Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature currently requires accessing the site using the built-in Safari browser.

Forma muy bonita de decir que te gusta el pico con pelucaEn una época donde la mirada pública se ha vuelto implacable, a menudo nos olvidamos de que detrás de los titulares, de los apodos y de las camisetas, latimos seres humanos con la misma necesidad universal de ser amados y de amar. La reciente atención mediática en torno a la relación entre Mauricio Pinilla y una talentosa actriz trans no debería ser motivo de escándalo, sino una invitación a reflexionar sobre la evolución de nuestra propia sociedad.
Para empezar, es fundamental despojarnos de los Reductionismos. Una mujer trans es, ante todo, una mujer. Su identidad no es una opinión, ni una postura ideológica, ni un espectáculo; es la vivencia profunda, íntima y legítima de su ser. Reducir a esta actriz a su condición transgénero es invisibilizar su trayectoria, su arte, su intelecto y, sobre todo, su humanidad. Exigirle al mundo que la reconozca y la respete en su totalidad es el mínimo de decencia que cualquier persona merece.
Por otro lado, observar a un ícono del fútbol chileno —un deporte históricamente asociado a los rincones más rudos y, a menudo, a los estereotipos más conservadores del "machismo" latinoamericano— abrazando el amor fuera de los parámetros tradicionales, es un acto de una valentía silenciosa pero gigantesca. Mauricio Pinilla, al vivir su afectividad con autenticidad y sin pedir perdón por ello, está rompiendo los grilletes de lo que se espera de un "hombre de su entorno". Su actitud demuestra que la verdadera fortaleza no reside en ocultar quién se es o a quién se ama, sino en la capacidad de mirar a los ojos del prejuicio y elegir la libertad.
Cuando las redes sociales o las conversaciones de café se llenan de burlas, morbo o desdén frente a esta relación, no estamos hablando realmente de ellos. Estamos proyectando nuestras propias incomodidades, nuestros miedos ancestrales a lo desconocido y nuestra resistencia a aceptar que la diversidad afectiva y de género es una realidad innegable y hermosa. El amor entre dos adultos consentidos nunca debe ser un campo de batalla moral.
Defender esta relación no es solo defender a dos personas específicas; es defender el derecho de todos a construir la felicidad a nuestra medida. Es apostar por un país —y por una región— donde las personas puedan caminar de la mano sin temer el escarnio público. Es reconocer que el amor no entiende de etiquetas, de anatomías prefijadas ni de mandatos sociales. El amor es, por definición, expansivo, disruptivo y libre.
Si realmente admiramos a los deportistas por su capacidad de desafiar los límites en una cancha, deberíamos ser coherentes y aplaudirlos también cuando desafían los límites invisibles que la intolerancia intenta imponer fuera de ella.
Que Mauricio y su pareja sean felices no le quita nada a nadie; al contrario, nos regala a todos una lección magistral de que la vida se vive con mucha más plenitud cuando uno se atreve a amar sin pedirle permiso a la ignorancia. Dejemos de juzgar lo que no comprendemos y empecemos a celebrar la hermosa complejidad del corazón humano.
Libertad de acción pregonan por acá![]()


Ya le dejaron su marca en el hombroQue se tatue como se lo culeaban.







En una época donde la mirada pública se ha vuelto implacable, a menudo nos olvidamos de que detrás de los titulares, de los apodos y de las camisetas, latimos seres humanos con la misma necesidad universal de ser amados y de amar. La reciente atención mediática en torno a la relación entre Mauricio Pinilla y una talentosa actriz trans no debería ser motivo de escándalo, sino una invitación a reflexionar sobre la evolución de nuestra propia sociedad.
Para empezar, es fundamental despojarnos de los Reductionismos. Una mujer trans es, ante todo, una mujer. Su identidad no es una opinión, ni una postura ideológica, ni un espectáculo; es la vivencia profunda, íntima y legítima de su ser. Reducir a esta actriz a su condición transgénero es invisibilizar su trayectoria, su arte, su intelecto y, sobre todo, su humanidad. Exigirle al mundo que la reconozca y la respete en su totalidad es el mínimo de decencia que cualquier persona merece.
Por otro lado, observar a un ícono del fútbol chileno —un deporte históricamente asociado a los rincones más rudos y, a menudo, a los estereotipos más conservadores del "machismo" latinoamericano— abrazando el amor fuera de los parámetros tradicionales, es un acto de una valentía silenciosa pero gigantesca. Mauricio Pinilla, al vivir su afectividad con autenticidad y sin pedir perdón por ello, está rompiendo los grilletes de lo que se espera de un "hombre de su entorno". Su actitud demuestra que la verdadera fortaleza no reside en ocultar quién se es o a quién se ama, sino en la capacidad de mirar a los ojos del prejuicio y elegir la libertad.
Cuando las redes sociales o las conversaciones de café se llenan de burlas, morbo o desdén frente a esta relación, no estamos hablando realmente de ellos. Estamos proyectando nuestras propias incomodidades, nuestros miedos ancestrales a lo desconocido y nuestra resistencia a aceptar que la diversidad afectiva y de género es una realidad innegable y hermosa. El amor entre dos adultos consentidos nunca debe ser un campo de batalla moral.
Defender esta relación no es solo defender a dos personas específicas; es defender el derecho de todos a construir la felicidad a nuestra medida. Es apostar por un país —y por una región— donde las personas puedan caminar de la mano sin temer el escarnio público. Es reconocer que el amor no entiende de etiquetas, de anatomías prefijadas ni de mandatos sociales. El amor es, por definición, expansivo, disruptivo y libre.
Si realmente admiramos a los deportistas por su capacidad de desafiar los límites en una cancha, deberíamos ser coherentes y aplaudirlos también cuando desafían los límites invisibles que la intolerancia intenta imponer fuera de ella.
Que Mauricio y su pareja sean felices no le quita nada a nadie; al contrario, nos regala a todos una lección magistral de que la vida se vive con mucha más plenitud cuando uno se atreve a amar sin pedirle permiso a la ignorancia. Dejemos de juzgar lo que no comprendemos y empecemos a celebrar la hermosa complejidad del corazón humano.
Libertad de acción pregonan por acá![]()




Noto envidia en su comentario cimpadritoyo creo que quería ver los partidos del mundial con el caballito, estaba buscando un partner nomas
2:

.