Chile y Japón evalúan la transferencia de destructores de las clases Murasame, Takanami y Akizuki a la Armada de Chile
Según información a la que ha tenido acceso
defensa.com, autoridades japonesas habrían puesto sobre la mesa la posible cesión a la
Armada de Chile de
destructores de propósito general de la
Fuerza Marítima de Autodefensa. Las unidades mencionadas con mayor insistencia son las de las clases
Murasame, Takanami y Akizuki. Las primeras aparecen como el piso de la oferta, las Akizuki, como el techo.
La lógica de esa conversación no es reemplazar todos los buques de la Escuadra. Es otra. Hoy el componente de combate de superficie se sostiene en ocho fragatas: la Type 22 Almirante Williams, las tres Type 23 Almirante Cochrane, Almirante Condell y Almirante Lynch, las dos clase M Almirante Blanco Encalada y Almirante Riveros, y las dos Adelaide Capitán Prat y Almirante Latorre.
Esa cifra de ocho es el piso que la institución ha defendido para operar en aguas azules, cubrir la zona económica exclusiva y mantener presencia en el Pacífico
La
Política de Construcción Naval 2025-2040 apunta a dejar atrás la compra de buques de segunda mano y construir en Chile las futuras fragatas, de una sola serie, a partir de la década de 2030. El problema es el calendario. Levantar una fragata nueva toma cuatro o cinco años, y todavía faltan ingeniería de detalle, socio industrial y decisiones de gobierno. Mientras tanto, alguna de las unidades actuales, varias ya con más de treinta años de casco podría salir de línea antes de que el primer buque construido en Talcahuano entre en servicio.
Un hueco de uno o dos barcos dejaría a la Escuadra por debajo de las ocho unidades.
En ese intersticio encajaría con los destructores japoneses. No como solución definitiva, sino como el último puente de material usado: buques en buen estado, con vida útil remanente, para sostener el número de ocho hasta que arranque de verdad la construcción propia. Si la transferencia se concreta, serían las últimas fragatas de segunda mano que incorpore la Armada antes de emprender, de forma sostenida, la ruta del astillero nacional.
Cabe señalar que en agosto de 2025, la entonces ministra de Defensa, Adriana Delpiano,
firmó en Santiago un memorándum de entendimiento con el viceministro parlamentario de Defensa de Japón, Kobayashi Kazuhiro. El texto cubre intercambio de experiencias en políticas de defensa, tecnología militar y cooperación para la paz. Días antes, el documento ya había sido suscrito en Tokio por el ministro Nakatani Gen.
En enero de 2026 Chile
abrió su Agregaduría de Defensa en Tokio, a cargo de la Armada. El capitán de navío
Cristóbal Rodríguez asumió el puesto y empezó a tender canales con autoridades civiles y militares japonesas. El 30 de agosto de 2026, el canciller
Francisco Pérez Mackenna se reunió en Tokio con su par
Toshimitsu Motegi. El
comunicado japonés volvió a mencionar la cooperación en defensa, en un momento en que
Tokio ya relajó las restricciones a la exportación de material militar.
Pero los lazos navales entre Japón y Chile no son recientes.
En agosto de 2025 el buque escuela “
Kashima” y el destructor “
Shimakaze”
recalaron en Valparaíso. Hubo ofrenda en el Monumento a la Marina Nacional, visita a la
Escuela Naval Arturo Prat y un
Passex con la fragata
FFG-11 “Arturo Prat” frente a Valparaíso, Viña del Mar y Concón. Más atrás, en 1894, Chile vendió a Japón el crucero “Esmeralda”, rebautizado “Izumi”, que combatió en Tsushima.
Las tres clases en juego, Murasame,
Takanami,
Akizuki,
son, las opciones más modernas y las que más se acercan a lo que la Escuadra de la Armada de Chile buscaría si el relevo de las Williams, Type 23 y las clase M se acelera.
Ninguna de las partes ha confirmado cifras, plazos ni condiciones. Lo que sí está a la vista es que
Tokio ya habla con Yakarta (indonesia) de los buques Asagiri usados y que
Canberra (Australia) eligió una versión evolucionada de las Mogami para sus futuras fragatas. En ese tablero, las
Murasame, Takanami y Akizuki aparecen como una opción intermedia para la Armada de Chile, buques con años de mar, pero todavía capaces. Esto, sumado al dilema de la Escuadra chilena que no puede esperar a 2032 o 2033 con el riesgo de perder parte de sus ocho buques, y tampoco quiere seguir comprando usado como política permanente. Un lote japonés, si llega, cerraría ese ciclo. Después, el relevo tendría que salir de grada chilena.
Queda por ver si la conversación pasa de las consultas técnicas a una oferta formal. Por ahora, es eso: una negociación que, de cuajar, cambiaría el mapa de proveedores de la Escuadra Nacional.
(Luis Andres Lautaro)
Japón ha puesto sobre la mesa la posible cesión a la Armada de Chile de destructores de su Fuerza Marítima de las clases Murasame, Takanami y Akizuki
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