Más que opinión, anécdota. Tengo dos primos regalones judíos. 1999: nace el menor… y nadie me dijo que se iba a hacer la circuncisión en la casa de mis papás. Despierto como todos los días para ir al colegio y siento cantos como si tuviera a un campamento de Al Qaeda en mi casa… mi perro labrador igual de cagado de susto que yo. Empiezo a caminar hacia la pieza de mis viejos, meado… abro la puerta y justo veo cuando el rabino le corta la corneta al pendejo. Quedé pal pico, y el rabino entierra el pedazo de corneta en mi jardín. Ahí mis viejos me explican que ellos son judíos hacen esas weas. Bueno, voy al colegio, vuelvo, y el perro mascaba raro… miro el patio, un hoyo en la tierra, le abro el hocico y tenía enganchado el pedazo de pichula entre los dientes superiores e inferiores… hasta el día de hoy me encargo que mi primo sepa que el perro le comió la corneta