Rangers es un equipo chico, eso es sabido. Los talquinos SABEN y ACEPTAN la condición de equipo chico de la institución y aún así lo siguen por todo Chile. Han sufrido descensos y derrotas apabullantes, pero la gente igual está. El año pasado fue connovedor ver a veteranos de 70-80 años, muchachos de mediana edad, adolescentes y niños llorando en las puertas de los Tribunales de Talca cuando se adjudicó el club a los hermanos Pini. Lloraban porque sentían que su amado club había muerto y ya no sería el mismo. Reconozco que ese día, nublado y frío, a pesar de ser casi verano, fue triste y recordé como nunca a mi abuelo, integrante del glorioso plantel que ascendió por primera vez a Rangers el año 52, y estaba seguro que si hubiese estado vivo, habría estado ahí junto a los demás viejos de duelo. En parte también sentí que una parte importante de la ciudad moría para convertirse en un engendro generador de dinero más, como toda SADP.
Es cierto, Rangers nunca ha ganado un título, su historia tiene más de agraz que de dulce, pero por lo menos su gente está consciente de eso y quiere a su club a pesar de todo, y lo más importante, sus hinchas no tienen los delirios de grandeza que tienen los hinchas de los demás equipos, que se creen lo máximo, y con cueva tienen un juego de camisetas, un estadio que se cae a pedazos y una que otra copa que ganaron el año del pico.
Me importa una callampa seca que me digan que tengo doble militancia, que soy de cartón o cualquiera de las sandeces que dicen los huevones "ultra". Soy colocolino antes que todo, desde siempre, desde que tengo memoria, pero Rangers de Talca también representa una parte importante de mi historia, de la historia de mi familia y de mi ciudad, por lo que sin dudas también siento un cariño entrañable por esa institución.