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Por qué el porno chileno es tan rasca?

Es rasca porque no se invierte en mujeres de calidad, en alimentacion, cuidado estetico.
Ademas, que es un Tabu, no es algo que sera visto como algo mas de los medios.
Hasta SexMex o Culioneros tiene mejores mujeres.

En la actualidad, somos como la competencia algo mejor de Inka Sex.
 
En Chile todo es rasca, las radios y televisión burdas copias, la música una triste representación de decadencia, los ídolos musicales de chile saben tocar 4 acordes y los repiten, la farándula putas y putos.
me da vergüenza, cada vez que hacen algunos de sus " festivales" me veo en la obligación de viajar a otro pais para pasar el mal rato y empaparme de cultura y espectáculos de verdad
 
En simple? por que la wea en chile no es negocio rentable, asi de simple.


Recien esta decada con la aparicion de Onlyfnas y Arsmate la wea comenzo a mover plata y hoy podemos decir con propiedad que existe un mercado de la pornografia en Chile como tal, que abarca todos los tipos de parafilias y generos distintos ( existen desde fetiches varios a intergenero)



El antroniano Barrera estuvo mas de 20 años perdiendo plata tratando de mover la industria con sus peliculas junto a su ex señora (Rachel)
 
Culturalmente somos más mojigatos, el puterio se hace escondido y es mal visto, cosa distinta a los países caribeños donde la puteria y enchularse están a la orden del día. Aquí hay Lucas para armar una industria pero creo que pasa más por factores culturales, hay minas que hacen contenido pero muchas ni muestran todo lo que pueden mostrar, además si buscas porno verás que los venecos y colombianos tienen invadido con sus videos en vivo y porno barato.
 
Capaz a lo que te refieres es a la producción, pero es un wn que graba bien y pagan por una locación semi-piola (al mismo tiempo debe estar comiendo una torta de jamón) algo de dialogo mula (porno con historia jajaja) y sería, las wnas son terrible horrendas.
 
porque la cultura chilena aun es cartucha.....y mejor que siga asi.
 
la verdad es muxo mas probable contagiarsde por weonas random k por putas pork la mayoria de las putas se cuidan y se hacen examenes periodicos pork su trabajo depende de ello
yo creo lo mismo wn... esas weonas random son bolsas de bichos.

por otro lado, el only fans y todos esos sitios, fueron cortando de a poco el puterío. ahora las weonas venden material sin tener el miedo a contagiarse ni a pegarse ni una wea. por eso está tan masificado.
 
Es bueno que aun exista pudor, las minas que hacen videos para Arsmate lo hacen con una camara y ángulos de baja calidad sin mostrar su cara porque aun existe la vergüenza dentro de la mujer chilena. No quieren ser reconocidas y en el fondo menosprecian y miran en menos a todos los que les compren contenido. Las mismas minas hablan entre ellas sobre la mala idea de querer ser actriz nopor o incluso empezar un OF/Arsmate.

En lugar de eso lo que realmente se recomiendan entre ellas es aparecer en videos de reggaeton bailando o siendo las maracas del vídeo, piden datos de eso por facebook
 
Es bueno que aun exista pudor, las minas que hacen videos para Arsmate lo hacen con una camara y ángulos de baja calidad sin mostrar su cara porque aun existe la vergüenza dentro de la mujer chilena. No quieren ser reconocidas y en el fondo menosprecian y miran en menos a todos los que les compren contenido. Las mismas minas hablan entre ellas sobre la mala idea de querer ser actriz nopor o incluso empezar un OF/Arsmate.

En lugar de eso lo que realmente se recomiendan entre ellas es aparecer en videos de reggaeton bailando o siendo las maracas del vídeo, piden datos de eso por facebook
Si justamente me ha llamado la atención eso que si bien las chilenas pueden hacer videos amateur siempre son en baja calidad. Basta ver videos de la Vale Gut, o sea puta ahora los celulares más cumas pueden sacar weas HD pero los videos de esa mina parecen de hace 20 años.

Quizás hay algo más que el dinero. Puede ser que este país en el fondo siempre ha sido conservador, tanto que hasta las maracas máximas se ven más fomes que en otros lados, por lo mismo la industria no puede surgir acá. Estaba viendo InkaSex y tiene una producción mucho mejor que el Ganar y Culiar, me llama la atención lo tanto que despreciamos a los Orcos y nos vuelan la raja en porno. Para que decir las performances, la Marlen Doll vi un par de videos y parece que le diera asco la pichula, comentarios flaites fuera de lugar, la wea picante, la misma wea con la Vale Gut, las mismas culias que hablan que les gusta el pico etc, son fomes pa culiar. Eso no lo ves en las actrices profesionales de otros países.
 
Última edición:
tenemos, pero las srtas se van ya q aca no hay productoras decentes de pr0n


la pobre marlen doll hace lo q puede con lo poco que tiene
Sabrina Moon
Tara Holiday
Mirko el Chileno
Dafne Bachelet o Robinson
Lactalia (Talía)
Venus
Catherine Knight
Roma Amor
Samira Summer (Eva Roob)
Zara Montoya.
Gabriella Fox
Olivia O'Lovely (Sabina Mardones)

El porno Chileno siempre fue under y artesanal desde Reichell, Jabalo y Perla, etcétera .
Nunca se profesionalizó.
Lo mejor que se tiene son las Panochitas y South of the Border pero hecha por Gringos con chilenas.
El precursor de esto fue Yeruba y sus películas eróticas ochenteras pero al funarlo a el y desprestigiarlo. Todo eso murió.

https://www.theclinic.cl/2013/08/29...-carne-la-triste-historia-del-porno-nacional/

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LA CARNE

29 de Agosto de 2013

Adelanto de El club de la carne: La triste historia del porno nacional​

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Durante dos años, Melissa Gutiérrez -periodista de The Clinic Online- y Sebastián Alburquerque investigaron el breve boom del cine porno en el país. Por el libro, que forma parte de la colección Periodismo UDP/Catalonia, se pasean las dramáticas biografías de los muchos emprendedores que han incursionado en el género. Acá, dos extractos del texto: uno sobre Leonardo Barrera, el Spielberg que no fue, y la vez que los gringos usaron a Chile –y las chilenas- como locación.
Por Melissa Gutiérrez y Sebastián Alburquerque

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Historias de una industria fracasada
Uno de los mayores tesoros de Leonardo Barrera como realizador de porno es su archivo de eyaculaciones. Decenas de corridas grabadas con lujo de detalles forman parte de esta colección. La razón de ser de este banco de imágenes tiene directa relación con uno de los grandes secretos de esta fracasada industria nacional: ningún actor era capaz de mantener una relación sexual por más de cinco minutos.
–Era habitual que los actores acabaran antes de tiempo –recalca Barrera–. En una película puede parecer que el tipo lleva como quince minutos dándole. ¡Pero es falso! El tipo a lo mejor duró un minuto, pero grabaste una escena, la archivaste, después continuabas y la pegabas en otro momento. Entonces, puedes estar repitiendo escenas. Al actor le decías que grabáramos después, que descansara un rato. Claro, y después en la película, se ven 20 minutos de sexo y una eyaculación de 200 litros.
Otro secreto es que se fingían eyaculaciones masculinas. El proceso era técnicamente simple, pero requería de cierto oficio y vocación por la actividad. Se tomaba una pajita o tubo de plástico relleno con una buena cantidad de crema cosmética, se adosaba a la parte de abajo del pene y se apretaba con fuerza y de una sola vez en el extremo no visible. Con la cámara en la posición correcta, parecía una eyaculación cremosa y real.
Sin embargo, lo más complicado y difícil de combatir eran los penes fláccidos. Para un director porno, que el miembro de alguno de sus actores no responda puede ser tan grave como la presencia del gas grisú para el minero del carbón. Basta eso para que toda la actividad en el set se interrumpa, hasta que el infortunio se dé completamente por superado.

–A ningún actor se le paraba –sentencia Barrera–. Fuera de cámara a todos se les para, pero prendiste la cámara y a todos se les baja. Tenían mil excusas: “No, es que anoche no dormí por estar culeando…”. Todo el mundo decía que estaba tirando el día antes, ah. Otro dirá: “Me inhibo un poco”.
Según cuenta, era en esos momentos cuando entraban a tallar el oficio y la maña del buen realizador y su equipo.
–Ahí como director sacas un poco de gente del set, te vas para afuera a ver por el monitor… A menos que la mina sea muy rica y te quedas para ver. Entonces, para los cachos de paragua usábamos algunos secretitos: Se lo amarraban, lo mismo que hacen los vedettos. Los vedettos se masturban un poco y después se lo amarran. Así impiden que la sangre se les devuelva. A eso le llaman “el truco”. Muchas veces nos vimos obligados a hacer lo mismo. Y una vez usamos Caverjects. Son unas inyecciones peneanas que se usan en exámenes de próstata, que en el fondo es agua. Cuando te hacen ese examen te ponen la inyección directamente en el pene y después una cánula para que botes el agua. Pero aquí nosotros no poníamos cánula –acota antes de lanzar una carcajada cómplice–. El efecto te dura hasta que el cuerpo absorbe el agua. Estás cinco horas con la cuestión, no sintiendo nada. Pero la usamos una vez porque eran re caras, y no todos estaban dispuestos a ponérsela. Se inyectaba en el glande y con una jeringa bastante grande.
–¿Lo hiciste tú?
–No, estás loco, ni cagando, hubiera sido pelotudo –dice Barrera antes de volver a explotar en risas.
Todos estos trucos los fue aprendiendo en el camino. Después de diez años de carrera podría hacerlos con los ojos cerrados.
Pero hubo un momento en que todo fue improvisación a ciegas, en que Barrera no conocía los trucos, en que no había archivos de acabadas.
En el inicio, sólo había Historias de una adolescente ninfomaníaca (2000).
La estrella femenina de la primera cinta porno nacional no tiene nombre. En los anales de la actividad sólo quedó el seudónimo de Pussycat (Gatita) con el que firmó la obra. Leonardo Barrera trabajó con esta anónima pionera hasta Hanito (2000) y nunca más volvió a saber de ella.
–Era la polola de un amigo. Si está viva, muerta, si fue mamá, no lo sé –revela.
Historias de una adolescente ninfomaníaca, como todo mito, tiene un halo de misterio alimentado por la escasa información existente. La trama es tan lineal como apabullantemente simple: Una mujer llega a vivir a un edificio y en lo que dura la película seduce al administrador y a un vecino. Fin, ruedan los créditos.

Nació como un cuento político –dice Barrera, echando su cuerpo hacia adelante de la silla en que está sentado. El hombre está en su casa, que a la vez usa de oficina en el apart hotel que administra, en la comuna santiaguina de Providencia.
–Fue un método de presión para poner en el tapete el tema de la libertad de expresión. Todos se habían olvidado que en Chile existía censura. La película fue enviada al Consejo de Calificación Cinematográfica para que pasara la censura. Y si no pasaba, bueno, queríamos empezar a crear polémica. Ese fue el origen real de la primera película porno. Y tal como lo pensamos, eso permitió que se generara todo un boom mediático.
El Consejo de Calificación Cinematográfica no tenía otra opción más que aceptar la cinta. La disputa legal que mantenía el Estado chileno con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por el caso de la película La última tentación de Cristo, a raíz de un requerimiento presentado por abogados chilenos, se veía perdida. Una recomendación del tribunal internacional, antes que emitiera su juicio final en febrero del 2001, aconsejó a Chile eliminar la censura de su Constitución y cesar su práctica.
–No teníamos conocimiento de tal película ni de su director –dice Juan Pablo Olmedo, uno de los abogados que presentó el requerimiento ante la CIDH, en referencia a Historias de una adolescente ninfomaníaca y a Barrera–. Tampoco ambos fueron objeto de cita o referencia alguna en todo el proceso seguido en Chile y ante la CIDH –recalca.
A diferencia de las grandes lides en pro de las libertades públicas, donde Barrera nunca ha sido un extraño es en todo lo vinculado con el erotismo. Asegura que desde pequeño vivió una sexualidad desbordante. En su edad colegial espiaba a sus compañeras debajo del pupitre, tratando de ver alguna prenda íntima furtiva. Se masturbaba en la sala de clases. Trataba sin éxito de espiar debajo del hábito de las monjas en su colegio. Según ha contado, llegó a masturbarse cinco o seis veces al día . Para él, un actor de profesión, terminar haciendo películas porno parecía, más que un paso lógico, una suerte de designio.
Un designio que acabaría doblegándolo en el 2000. Con un amigo reunieron dos millones de pesos para lanzarse a su primer proyecto triple X. Buena parte del capital lo gastaron en comprar una cinta de formato profesional llamada Umatic (que cada vez sería menos usada a favor del Betamax). Fue una instancia amateur, donde actores, camarógrafos, iluminadores, editores y sonidistas, se conocían.
–Fuimos como seis amigos, sin mucho recurso técnico. Insisto, era una prueba para ver si pasaba. Y pasó. Si uno lo analiza, sí, fue la primera película porno calificada y eso lo va a ser siempre. Y lamento haberla hecho bajo un concepto tan a la ligera. No evalué eso. Pero tampoco me podía poner a invertir lucas si no pasaba y me iba preso más encima –recalca el padre de los primeros gemidos audiovisuales criollos.
En la cinta, los bajos recursos técnicos se reflejan en largas escenas donde el audio ambiente es reemplazado por música, mientras la cámara enfoca a actores con el rostro tapado con máscaras y pañuelos. En total, la producción duró tres meses, acomodando los fines de semana de los involucrados. Quizás por su estatus de “culto”, su baja distribución (300 copias en VHS) y pobre factura técnica, hoy es imposible encontrarla. Historias de una adolescente ninfomaníaca ni siquiera había sido colgada en internet cuando esta investigación llegó a su fin. “Perdí todas las copias. También he querido tenerla. No salió el DVD, no alcanzó y se perdieron los masters”, se lamenta su creador.
Panochitas
–Bueyes, qué léstima, buena suerteu, medios tibio, profundou, despaciou, rapidou, hoy veces grite, panochitos.
El que pronuncia estas palabras es Lexington Steele, un afamado actor porno norteamericano de raza negra y cabeza rapada, el único en ganar tres veces el premio Male Performer of the Year (Mejor Artista Hombre del Año), entregado por la Adult Video News Magazine (AVN) en Estados Unidos y estrella de cintas clásicas del género, como Lex el empalador I, II, III, IV, V, VI y VII. Steele está mirando el atardecer en Santiago de Chile, desde el último piso de un apart hotel en Providencia. Es una escena de Panochitas XI, una de las dos películas grabadas en suelo chileno por el director porno estadounidense Mike John, realizador de más de 150 cintas para adultos.
Es el 2003, una época marcada por tímidos aires de liberalización en la escena nacional. En La Moneda llevaba tres años el Presidente socialista Ricardo Lagos, el país estaba a un año de aprobar la Nueva Ley de Matrimonio Civil, que por primera vez permitiría el divorcio, y el en ese tiempo alcalde de la comuna de Santiago, el supernumerario del Opus Dei Joaquín Lavín, recibía en su oficina a las chicas del café con piernas Barón Rojo, ubicado en su comuna y famoso por atender a sus clientes con muchachas ligeras de ropa. Las cafeteras estaban promocionando un calendario modelado por ellas en bikinis y topless, y el alcalde autografió el muslo a la que coronaba el mes de su cumpleaños, la chica Octubre. Luego de ser derrotado por Lagos, Lavín preparaba su segunda candidatura presidencial y su reunión con el Team Barón Rojo era un paso más en su estrategia por mostrarse más tolerante y liberal.
Panochitas es una afamada serie de la productora Diabolic que se especializa en la grabación de escenas porno con primerizas fuera del territorio de Estados Unidos. La primera de estas cintas se realizó en 1998. Sus creadores llegaron a Chile gracias a Pablo Aguayo, con quien se contactaron para que fuera el productor in situ de las dos versiones chilenas de la saga. En estricto rigor, era el encargado de conseguir a las actrices.
Junto a Steele venía el otro protagonista masculino, el canadiense Erik Everhard, un fornido rubio de casi 1.80 de altura que ostentaba en su curriculum varias decenas de cintas del género.
–Llegaron, los fui a buscar al aeropuerto, pasaron a una clínica en Providencia y se hicieron el examen del SIDA al toque, como a las nueve de la mañana –cuenta el productor Pablo Aguayo–. Y a las doce ya estaban dándole. Yo les había conseguido dos minas y al tiro empezaron. Y los hueones podían darle a seis minas y querían más. Superdotados. El rubio [Everhard] iba al baño y decía: “¿Tenís unas revistitas porno que me prestís?”. Pensaban todo el día en esa huevá.
El casting era más o menos así: Aguayo conseguía escorts del medio local dispuestas a trabajar con Steele y Everhard, y los estadounidenses se dedicaban a descartar a las que tenían cicatrices, estrías o pechos caídos. Según Aguayo, de cada diez chicas que traía quedaban tres. La paga: $400 mil por escena, que ascendía a $500 mil si incluía penetración anal y $600 mil si además accedían a la doble penetración simultánea. Sólo dos actrices se llevaron esos $600 mil. Las únicas condiciones de las chicas era que la película nunca, nunca, nunca, fuera exhibida en Chile.
Pero internet se encargó de aquello.
Panochitas XI y XII se grabaron en un total de cinco días. “Se tiraron como seis minas cada uno. Y le daban, terminaban y llegaba otra al tiro: ¡Al tiro! A veces la otra mina estaba esperando ahí mismo. Era la cagá. Yo no podía creerlo. Eran superdotados. El negro [Steele] quería que le consiguieran marihuana, fumaba y quedaba más loco y quería más, quería más. Yo quedaba para adentro, impresionado”, recuerda Aguayo.
Cherry, Wendy, Laura, Samantha, Arlet, Jeannette, Imy, Amanda y María Paz, todas chilenas, actuaron en ambas películas. En las escenas, cada una de las actrices mostró más pericia que la mayoría de sus colegas de cintas nacionales. Realizaron contorsiones y acrobacias sin ningún problema. Incluso las actrices que trabajaron con ambos pornostars a la vez salieron bien paradas. Mike John, el director, es un fanático de los primerísimos primeros planos y acercaba el lente de la cámara peligrosamente cerca de las embestidas. Otro de sus sellos era hacerles una pequeña entrevista a las actrices al final de cada escena.
–Leche, leche, dame tu leche– dice una de las chicas, en un español que su contraparte masculina no entiende. El lenguaje corporal trasciende, y el galán dispara sobre su rostro.
–Me hiciste comer, malulo– dice la chilena a la cámara.
El rostro del destape
Hacia 2004, Reichell daba entrevistas a todos los medios, con declaraciones de este calibre: “Me gustaría quedar convertida en sánguche erótico por Amaro Gomes-Pablos, que es muy rico; por Iván Núñez, que tiene un no sé qué de lujuria contenida, y por Marlén Olivari, que se gasta un cuerpo fenomenal y que se nota a la legua que es súper ardiente”. Como un secreto a voces, se fue esparciendo la existencia de las producciones porno nacionales. Y Reichell era la carta de presentación, el mascarón de proa de la pequeña pero ganosa industria.
–Me favoreció ser la primera que dio la cara –reflexiona ella–. Yo creo que eso fue la gran razón de por qué los medios me siguieron. Y a las otras niñas creo que se les subieron ciertos aires de diva. O sea, si yo acá estuviera siendo una mina pesada contigo, y que “se tira los peos arriba del poto” ¿cómo me tratarías después? Sería una vez no más que me entrevistarías. Yo siempre he dicho que los periodistas o te suben o te bajan hasta más abajo del suelo. Entonces, yo creo que por como soy, igual con todo el mundo, porque nunca he cambiado y nunca voy a cambiar, muchos periodistas me tomaron mucho cariño. Y eso también ayudó.
Una verdadera estrella porno no está completa sin su propia película dedicada ciento por ciento a ella. Y el turno de Maritza Gáez llegaría con Las Fantasías de Reichell (2003). La película se grabó en un día y fue dirigida por ella en conjunto con Barrera. El filme es minimalista: se despoja de toda trama y muestra a Reichell en 60 minutos de sexo.
El set principal fue un café con piernas iluminado sólo por los focos de grabación. Reichell tiene como aliada a María José, una chica menuda, con pechos pequeños, cabellera corta, lentes ópticos y rasgos afilados, más probable de encontrar en un vagón del Metro que en una fantasía sexual. Y ambas se enfrentan a una docena de hombres. El fondo negro del café no refleja la luz de los focos. Mientras Reichell es penetrada vaginalmente, le practica sexo oral a otro actor. El que recibe la felación es Atilio, un buzo especializado en caza de tiburones y mantarrayas. Sus 17,5 centímetros de virilidad le aseguraron un lugar en la producción. Cuando se presentó al casting, la misma Reichell le preguntó si se excitaba fácilmente.
–Ve tú, poh –respondió él, desafiante.
Reichell lo palpó.
–¡Está durito! Quedaste.
La paga para cada actor: nada. Como diría Leonardo Barrera años después: “El hombre es el arroz graneado de la película porno”.
–Siempre supe que servía para esto –declararía Atilio al semanario The Clinic en su momento–. No soy ninguna maravilla, pero tengo varias gracias. La primera es mi eyaculación sobrenatural. Me sale mucho. Cuando eyacule al final de la película, alcanzaré a un camarógrafo. Y también tengo mucho autocontrol y aguante; puedo estar toda una noche dándole a una mina como si nada. De puro caliente que soy. Soy tan caliente que soy de los que al ver una mina en la calle, se me para al tiro. Por eso me metí en esto, porque me gusta culear. Tiene algo de sencillo y puro el sexo. En algún momento los hombres debieron aparearse como lo hacen los perros en las calles ¿o no?.
De vuelta en el set de Las Fantasías de Reichell, la protagonista y María José están en el centro del café con piernas. Otros hombres miran apoyados en la barra mientras se masturban por debajo del pantalón. Algunos de los compañeros de labores de las actrices no se sacan toda la ropa. En polera y con sus miembros al descubierto se plantan frente a la boca de ambas, esperando recibir una felación. En algún momento, Reichell está totalmente ocupada. Está siendo embestida en su vagina, ano y boca. Todo eso mientras piensa en cómo se verá el plano detalle de sus genitales.
–Fue complicado. Estaba muy nerviosa esa vez –explica la diva¬–.
Una, por la presión de tener que terminar todo en un día, porque el café obviamente tenía que seguir funcionando a la mañana siguiente. Esa presión no me gustaba. Yo estaba muy compenetrada con el asunto de la película. Yo estaba preocupada de todo, pensando en cómo se iba a ver desde afuera. Y veía que las cámaras a veces estaban donde yo no quería. Y, por otro lado, había un actor, un “actor” entre comillas, que no me gustaba y él lo único que le decía a Leonardo es que quería conmigo. Y yo le dije a Leonardo: “No me pongas este tipo, por favor”. “No, si se lo voy a dejar a la Flaca”, me dijo Leo. Después, me tocó un tipo que se juraba bakán, se creía poco menos que Rocco Siffredi [la estrella mundial del porno, con más de 300 películas y un pene legendario]. Y el tipo era súper brusco, muy animal… Entonces, ese tipo de cosas no me gustaban. Fue bien desagradable todo.
A las dificultades en el set se sumaron los rápidos cambios que estaba sufriendo la industria audiovisual en el mundo, y que golpeaban con especial dureza a las producciones triple X. Justo con la salida al mercado de Las fantasías de Reichell, el primer lanzamiento de Barrera en formato DVD, el método del más prolífico director del porno chileno para contener a los piratas, simplemente dejó de funcionar.
–Recuerdo que en esa época todos los videoclubes, todas las distribuidoras, soñaban con el DVD –explica Barrera–. “Con el DVD se termina la piratería”, soñaban. Yo me cagaba de la risa. Lo mismo soñaban con el Blu Ray. Hoy día te compras un buen computador que te costó 500 lucas y haces cualquier cosa. Cualquier cosa. Entonces, cuando llegó la tecnología digital, en vez de parar la piratería, la llevó a la casa ¿Por qué? Porque hoy día el tipo ni siquiera tiene que salir a la calle, no tiene para qué ser pirata. Busca la película en internet y la baja. Se acabó.
Reichell, la co-directora de su propia cinta-homenaje, aporta con otro dato:
–Los mismos dueños de los sexshop y de los videoclubes se estaban ayudando. Entonces, te compraban de una sola vez 200 copias. Cuando después preguntabas si querían comprar de nuevo, decían: “La gente ya no quiere más”. Pero los tipos seguían sacando copias. De hecho, eso me lo ratificó un amigo de un sexshop. “Mucha gente hace eso”, me dijo, excluyéndose, pero sé que él también lo hacía. Entonces, frente a eso no te dan ganas de seguir. ¿Para qué? ¿Para trabajar para ellos?
Luego del lanzamiento de Las Fantasías de Reichell, la diva fue contactada por unos pornógrafos de Valdivia. Le ofrecían una escena por 300 mil pesos. Reichell aceptó. Pero cuando llegó al set se enteró que sería la única mujer que compartirían cuatro noveles actores. Uno de ellos, musculoso y muy bien dotado, no podía lograr una erección frente a las tres cámaras digitales que registraban la acción. Y las emprendió contra Reichell.
–Parece que el tipo era vedeto, qué sé yo. Comenzó a gritar que yo no le gustaba a él de una forma muy desagradable. No se le paraba y me echó la culpa. Para un hombre que llega y se hace el pulento, el canchero, el que cree que va a funcionar y después no funciona, es fácil echarle la culpa al otro. Y después, por otro lado, me tocó otro niño que era hediondo… Lo tuve que mandar a lavarse. Con la ducha se le pasó, pero igual te queda ese gustito amargo. Si sabe que lo van a grabar, mínimo que se lave. Es como que yo pase todo el día en la calle y vaya a grabar una película y no me lave. Esa cuestión choca.
Reichell nunca supo si lanzaron la película, pero esa grabación no figura en ningún registro de creaciones pornográficas nacionales.
Es la escena perdida en la trayectoria de la estrella.

“El club de la carne.
La fracasada historia del porno chileno”
Sebastián Alburquerque y Melissa Gutiérrez.
Periodismo de investigación. Catalonia-UDP, Colección Tal Cual
160 páginas. Precio: $10.900
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LA CARNE

9 de Febrero de 2014

El eterno renacer del porno chileno: Sueños húmedos de una mesera​

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Marlen Doll -una chilena maestra del triple x, escort pornostar y experta en sexo en vivo- pretende resucitar el cine porno de la mano de un director principiante y dos actores novatos. Una tarde de fines de diciembre nos invitaron a presenciar algunas escenas en vivo en el puerto de San Antonio. Esto fue lo que vimos.
Por Macarena Gallo

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Imágenes: Alejandro Olivares
Marlen Doll mira coquetamente a dos clientes que están sentados en una mesa de un bar. Ambos responden con un “uuuyyy, guaaachíiitaaa, tenís las medias gooomas”. Ella les guiña el ojo y sonríe. Corte. La escena se repite tres veces. Pequeños errores de continuidad no dejan conforme al director de la cinta.
Toma siguiente: Marlen les sirve dos copas con mango sour a los dos clientes que, a estas alturas, están más calientes que tetera de campo. Nadie, sin embargo, dice nada. Ninguno de los tres habla. Sólo se miran. Marlen Doll toma la iniciativa y se sienta al lado de ellos. A pedido del director, se abre la blusa y deja al descubierto sus enormes pechugas siliconadas. Luego juguetea con ellas, se pasa los dedos por los pezones y se lame los pechos.
A continuación -también a pedido del director- se baja la falda suavemente. Los parroquianos se incorporan al juego y comienzan a correrle mano. Mientras uno lo hace en la vagina, el otro se concentra en las tetas. Marlen Doll hace lo suyo: baja el cierre del bluyin de uno y comienza a acariciarle el pene. En menos de dos minutos, engulle ambos miembros y deja a los hombres sólo con calcetines blancos.
Acto seguido, se masturba y se pone en cuatro patas. Uno se la mete por la boca, mientras el otro la penetra por el ano. Gemidos desenfrenados. Uno de los actores golpea con su pene la cara de la musa triple x, ahora en llamas, que gime como perra en celo. El actor repite los golpecitos con su pene, pero ahora en el poto de la Doll. El otro actor le mete su verga en la boca desatando una bacanal en el suelo. Los actores se dan como caja. Los gemidos se mezclan con el sonido de una motosierra que viene del patio trasero y uno que otro celular que suena en el set.

La escena que se graba es parte de lo que será la película “Sueños Húmedos de una mesera”, que muestra en cuarenta minutos un día en la vida de una garzona promiscua y caliente que termina en una orgía al interior de un pub. El guión de la cinta fue idea de Marlen Doll para cumplir sus fantasías sexuales que alguna vez tuvo cuando trabajaba como garzona en un pub y se quedaba con las ganas de culear con algunos de sus clientes. La cinta pretende poner fin a largos y duros siete años de sequía en los que no se grabó ni siquiera una paja.
Atrás quedaron cintas de culto, como “Hanito, el genio del placer” o “Apelación Sexual”, grabadas por el profeta del cine porno chileno Leonardo Barrera y que protagonizaba junto a la superestrella Reichell, quien después fue candidata a diputada por el partido Radical.
Mientras que en Estados Unidos la industria mueve cerca de 3 billones de dólares al año y se graba una porno cada 34 minutos, acá la realidad sigue siendo deprimente: en toda nuestra historia se han grabado no más de doce filmes que no han alcanzado notoriedad y los directores la mayoría de las veces han terminado endeudados. Pese al negro historial, Marlen Doll cree ciegamente que su película triunfará en los sex shop y en internet donde espera subirla para ser descargada, por una suma aún no definida, para goce de los pajeros de todo el mundo.
No le tiene miedo a que puedan piratear su película. El director Claudio Bravo -un novato en la pornografía que se dedica a la fotografía de modelos en paños menores- tampoco: “Y si lo hacen, lo encuentro maravilloso, el descueve. Nosotros no vemos esta película como para ganar plata. De hecho lo más probable es que no recuperemos lo que hemos invertido… pero las ganas están y todo ha sido por la buena onda. De hecho, a nadie se le paga. A ningún actor se le paga, están acá porque quieren ser actores porno”.

El director también confía en que su película dará que hablar. “No es lo que se hace en Europa ni en Estados Unidos. Es porno made in Chile. En las películas chilenas que se hacían antes se cometió el error de usar mucho diálogo ridículo. Nosotros no vamos a usar diálogos. Usaremos lenguaje corporal, otro tipo de claves para la comunicación para que sea universal”.
El puerto de San Antonio fue el lugar escogido para revivir el nuevo cine califa. Coincide en que tanto el director como los productores pertenecen a esa ciudad. La película, precisamente, se está filmando en una casa arrendada de dos pisos en una tranquila calle residencial donde es común ver a señoras paseando con sus perritos o bolsas de supermercado. Nadie sabe -salvo los curiosos que han leído la prensa local- que aquí, en esta casa con un lindo antejardín, se graba una de las películas más hardcore del último tiempo que promete sexo duro, hiper explícito, dobles penetraciones, primerísimos primeros planos de coitos y lo que más calienta a Marlen Doll: la lluvia vaginal. La performance consiste en meterse una botella de champaña por la vagina para descorcharla en el rostro de uno de los actores. Una escena que, sin ánimo de pelambre, según afirma la misma protagonista del film, carecía el porno protagonizado por Reichell.
El primer piso de la casa se ambientó para asemejarse a un bar. Se pusieron tres mesas adornadas con manteles rojos y blancos. En una de las paredes, se colgaron tres cuadros: de la película Goodfather, de Marilyn Monroe y de Charles Chaplin. También dispusieron de una pequeña barra de bar con copetes que incluía la famosa botella de champaña que se metería Marlen Doll en su escena más deseada. Hasta una máquina de redcompra había de utilería. Pero el día de la grabación, hubo un pequeño percance: se olvidaron de poner focos para darle un toque de bohemia a la escena.

Esta cinta, además de pretender ser la salvadora del porno local, es la primera en la que participan los actores-clientes que le dan como caja a Marlen Doll en la escena del pub. Ambos sortearon un largo y duro casting, donde llegaron alrededor de 30 sementales, que contempló una entrevista con la actriz porno que les terminó midiendo con la mano el tamaño de sus miembros. Ninguno de los dos resultaron ser trípodes, pero quedaron seleccionados por su desplante frente a las cámaras.
Ángel trabaja en una naviera en San Antonio. Tiene 28 años, pero aparenta menos: tiene cara de niño. Es moreno, delgado y no muy alto. No es el típico actor porno musculoso y con pene gigante. No es un Rocco Siffredi, el famoso semental hardcore italiano, pero le pone empeño cuando alcanza sus 15 centímetros estando erecto. “Es juguetón, lo que es importante”, se excusa.
Ángel siempre quiso ser actor porno desde que empezó a masturbarse sapeando revistas “cochinas” en las que aparecían mujeres voluptuosas entrelazadas con hombres viriles. Por eso cuando se enteró que había un casting en su ciudad para grabar una película triple X, no lo pensó dos veces y se fue a meter. Pese a que Sueños Húmedos de una mesera es su primer largo, ha grabado antes escenas hot con Marlen Doll.
Fue en los días previos a que Chile clasificara al mundial de Brasil. Para calentar a la selección, Marlen Doll grabó un video para la hinchada con Ángel teniendo sexo en una cama y en una ducha. Esta última escena retrata muy bien lo precario del cine porno chileno. Se suponía que se grabaría íntegramente en un jacuzzi. Pero algo falló. El agua caliente nunca funcionó y para no cagarse de frío tuvieron que correr a una ducha pequeña, de esas que no tienen tina. Mientras culeaban, la ducha teléfono golpeaba el cuerpo de Ángel. Pero poco le importó: estaba teniendo sexo con una pornostar y lo vería mucha gente por internet. La fama estaba al otro lado. Ahora, sin embargo, la cosa es distinta: habrá más gente en el set y tendrá que grabar un trío. No se le hará fácil la jornada.

A su lado Marlen Doll tiene a otro actor novato: un stripper de los que llevaba Vicky Barahona para calentar a las vecinas de Renca y que en el circuito de las despedidas de solteras es conocido como el doble del sargento O’Ryan de Pelotón. Se llama Darío, se empina en los cuarenta años, y es un tipo que no tiene empacho en decir que está aquí por califa. Darío, al contrario de Ángel, es más canchero. Y le gusta lucir sus músculos. Usa pantalones apretados para que “se le marque el paquete y el poto”. No por nada, se jacta de tener un pene erecto de 24 centímetros. Darío es el que cobrará protagonismo en la escena del trío.
***
Marlen Doll tiene 30 años, el pelo rubio teñido, los ojos negrísimos y un desplante en la cama que produce envidia. Ella, dice, nació para culear. Es una experta en sexo. Una profesional con vocación al servicio de la manada. A la Doll la calienta estar rodeada de penes que terminen descargando toda su leche en su cuerpo. Y le encanta que todo el mundo lo sepa.
Por eso le encanta ser actriz porno. Si mañana se saca el Loto, dice, seguirá dedicándose a lo mismo: “Realmente es lo que me gusta. Me gusta el sexo y que me miren y sentirme observada”. Pero lo que más le gusta es tener sexo ante miles de personas. En España cumplió su fantasía. En discotecas de Palmas de Mallorca hacía un show que la hizo conocida: se subía al escenario y escogía a los más osados para tener sexo. Una noche podía ser con uno, otra con veinte. O hacían una rifa y el premio era tener sexo arriba del escenario con ella. O a veces no tenía sexo, pero hacía el show de la lluvia vaginal con otras mujeres.
Lograr la fama en un negocio tan competitivo como el español, que mueve alrededor de 400 millones de euros al año, casi la mitad del presupuesto del ministerio de Cultura de ese país, no es fácil. Más aún considerando que hay cientos de actrices que buscan el éxito en la industria del porno. Marlen Doll lo logró cuando tuvo la oportunidad de grabar con Torbe, el ídolo freak de los pajeros españoles, que se jacta de tener la polla más chica del porno mundial.

Él la invitó a participar de sus “Pilladas en la calle”, en las que le ofrece a mujeres desconocidas tener sexo a cambio de dinero. Obviamente, todo es un show. Torbe conoce a las mujeres previamente, pero actúan en cámara como si no se hubieran visto ni en pintura. El video de 34 minutos es uno de los más vistos en la página Puta Locura. Se llama “Carita lefada a cambio de unos euros” y lo grabaron en 2009. La descripción que hace Torbe de Marlén -en el video aparece como Marien- dice así en su página: “Al encontrarme con Marien es inevitable no fijarme en su sonrisa y en sus tetazas… ¡estoy deseando saber cómo son sin ropa! Esta rubia tan simpática termina aceptando tener sexo a cambio de dinero y mostrar sus tetazas amén de sus artes a la hora de mamar pollas y follar”.
Y la descripción que hace Marlén sobre Torbe es: “Tú lo ves feo, pero es buenísimo para la cama: tiene unos movimientos técnicos buenos, buenos, buenos, pero buenos, jajaja. Me gusta, me gusta. En el tamaño, bueno, dicen que hay problemas, pero todo depende de cómo lo manejes, podís hacer hasta milagros. Para mí el tamaño no es importante. He estado con negros, que la tienen así de grande, y no le funciona: tienen eyaculación precoz como los orientales. Las mujeres tanto que fantasean con los negros y resulta que son tan malos en la cama que hay. Son horrible. Lo único que tienen es el tamaño grande, pero no hacen sexo anal, nada. Yo antes miraba los pies de los hombres. De repente, me pasaba rollos y decía “mi amor, usted la debe tener gigante” y después nada qué ver. Era pura publicidad engañosa”.
En tuíter has escrito que te gustaría hacer un trío con Parisi. ¿Quién sería el otro?
-Me encantaría hacer una porno con él y MEO. Con los dos postulantes a presidente, ¿te imaginai? La media fantasía sexual. El Marco me gusta hace tiempo, porque me encantan los hombres morenos. Es rico, atractivo. Y Parisi es irresistible. Y también me gustaría tener sexo con el guatón Salinas. Le mandé un tuit para rodar, pero hasta ahora espero la respuesta. Yo encantada hago un porno con él, pero tendría que ser porno freaky, como de Torbe, chistoso, divertido, interesante.

Pese a que ha grabado cinco largometrajes, entre ellos tres con la diva del porno Salma de Nora y más de 20 cortos, Marlen Doll es relativamente nueva en el mundo del porno califa. Recién en el 2006, luego de separarse de su marido “cafiche” con el que estuvo ocho años y de dejar un trabajo como mesera en Valparaíso, donde le pagaban una miseria, ingresó a la industria de entretención para adultos.
Partió de anfitriona en clubes nocturnos en la Quinta Región. Se sentaba a conversar con clientes y por cada copete que se servían, Marlen ganaba una comisión. Al poco andar se fue a Punta Arenas a probar suerte a otro local. Fue ahí donde conoció a un “par de argentinas bien feas” que le contaron que estaba todo pasando en España. Juntó plata ocho meses, pescó su maleta y partió a Palmas de Mallorca. Allá encontró pega en un club nocturno donde iban preferentemente alemanes que buscaban aventuras sexuales extremas.
Un día conoció a dos jóvenes que armaban una productora porno que le ofrecieron ser parte de su staff de actrices porno. Y aceptó. “La primera vez que hice un video porno me pagaron 300 lucas. Cuando entré, me dieron nervios porque estaba la cámara. Pero después me relajé y lo hice excelente. Ese día me dijeron “tú naciste para eso, tenís la vocación para el porno”. Y es así: nací para esto. Me encanta que me graben teniendo sexo”. Dejó su pega en el club, y se dedicó a grabar películas caseras y también a trabajar como escort pornostar. Ahora de regreso en Chile, está prendida. Quiere hacer locuras y ya se le ocurrió una para este verano: hacer un masivo bukake en Santiago. Su meta es romper el record guiness de hombres eyaculando en su cuerpo. Tienen que ser a 500. Dice que no tendrá sexo con ellos, pero que promete tratarlos como dioses.

Todos siguen culeando en el suelo. Han pasado veinte minutos y la escena sigue con la misma intensidad. Han llegado un par de curiosos a mirar la grabación. Hay una joven que trabaja en Angels -el club nocturno que la lleva en San Antonio y que produce la película- que le gustaría tambien ser actriz porno como Marlen Doll.
Atrás del set, el ambiente está más distendido. Hay pisco sour y papas fritas para picar. Suena de vez en cuando algún teléfono o tocan el timbre. Pero el trío sigue en la suya y no se inmuta. Más gemidos.
Marlen Doll está con las patas arriba, mientras Darío la penetra analmente. Ángel se va cortado y se arrincona en una esquina para masturbarse, mientras Marlen y Darío dele que suene. La escena es penosa: Ángel, con calcetines blancos relucientes, trata de resucitar su miembro que no le responde. De vez en cuando mira directo a la cámara. El otro par siguen infatigables. Tras largos minutos, Ángel se recupera a medias, sólo a medias, y trata de volver a hacerle empeño metiéndole su pene semierguido por el agujero desocupado de Marlen. Darío está en llamas. Marlen, golosa, le toma el pene y se lo introduce en su boca. Hasta el fondo. Y comienza a hacerle sexo oral de manera tan estridente que comienza a hacer gárgaras con el pene metido hasta la laringe. El sonido es como si alguien sufriera arcadas o se estuviera ahogando. Más orgasmos. Una mosca se posa en el poto de Ángel y otra en la de Darío. Mientras Marlen Doll hace gárgaras con el semen, me sirvo mi vaso de pisco sour. Me estoy acostumbrando a los gemidos.
Luego de cuarenta minutos, con Ángel vencido en un rincón con el condón todavía adherido a su miembro, Darío se va cortado en la cara de Marlen. Grita “¡Oh, conchetumadre, oh, conchetumadre!”. La Doll sonríe mientras el líquido viscoso rueda por su cara. Está feliz, aunque con dolor de rodillas por estar tanto rato en el piso. Se sienta desnuda en la escalera, aprovecha de limpiarse la cara y pide pisco sour. Le sonríe a nuestro fotógrafo y le pide que inmortalice a su “hermoso clítoris”. Marlen Doll aún está en llamas. Marlen Doll aún está en llamas y, con su copa en la mano, le dice a Darío: “¿Cómo estamos pa la otra?”.



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