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Tata fue siempre un hombre muy sabio e inteligente, antes de irrumpir en el 11, había mantenido siempre un bajo perfil, sin manifestar posición política alguna, razón por la cual el mismo Prats lo consideraba alguien absolutamente leal... quizás con la finalidad de esperar el momento adecuado para combatir a los comunistas que tanto aborrecía, y para eso tenía que mantenerse a raya... solo tenía que esperar la oportunidad correcta y precisa para atacar (recordemos incluso que Pinochet se nego a participar en el tanquetazo de Junio de 1973, no porque no lo apoyará, sino simplemente porque no era la oportunidad adecuada... y posteriormente reconocería que el tanquetazo sirvió para medir las fuerzas paramilitares de la UP, y verificaron que eran mínimas).
Pero acá está la respuesta de como nació su posición política anti-comunista:
Presidente, mi interés se centra en su posición frente al comunismo. Ud. es, históricamente, el único que hasta ahora ha logrado derrocar un régimen de carácter marxista. Para muchos es Ud. el antimarxista por excelencia. ¿Ha sido siempre antimarxista? ¿Conoce Ud. bien el marxismo?
—Mi repudio a los marxistas-leninistas es producto de mi conocimiento de su doctrina, con la que tomé mis primeros contactos cuando estuve a cargo de los relegados comunistas en Pisagua en enero y parte de febrero de 1948 y,
posteriormente, cuando fui Delegado del Jefe de la Zona de Emergencia en el centro carbonífero de Schwager. Allí nuevamente tuve que ocuparme de los comunistas y sus actividades.
Más adelante me adentré en el estudio y el análisis de su doctrina y de sus métodos y me informé de la concepción del
socialismo científico. En esas lecturas observé con preocupación cómo tiende el marxismo a alterar los principios morales que deben sustentar la sociedad, hasta alcanzar su destrucción a fin de sustituirlos por las consignas ideológicas del comunismo.
Así, por espacio de veinte años me fui interiorizando en esa ideología que no vacilo en calificar de siniestra, hasta convencerme finalmente de que la única forma de enfrentar a tan hipócrita y contaminadora doctrina consiste en la fortaleza espiritual y la firmeza y cohesión de quienes la repudian. Asimismo entendí que no es posible pensar en una lucha anticomunista eficaz cuando se está enmarcado en añejos esquemas democráticos. Siempre respeté y admiré esta concepción política, la democracia, pero, no obstante sus bondades, si no media una debida adecuación, es absolutamente incapaz de enfrentar al comunismo. Mucho menos puede detener la acción de una doctrina totalitaria porque, paradójicamente, es en la propia democracia tradicional donde se encuentran las mayores facilidades para destruirla.