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Resultado plebiscito 2022: GANÓ EL RECHAZO.

Estado
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Los senadores de RN habrían recapacitado después de una cena que tuvieron con este viejo cachero :cool:

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:monomeon: desbordes
:monomeon:Chahuán
 
Después de 5 días de ese glorioso 4 de Septiembre, por fin me logro poner al día en este tema :alabar:

Yo no sé que más tiene que pasar para que la gente se dé realmente cuenta de las calamidades que se nos quieren imponer como sociedad. O sea, si al principio de todo este proceso ves a Maduro diciendo "El plan va perfecto", y después del domingo pasado lo ves visiblemente derrotado en sus declaraciones... es señal de algo.

Agradezco mi paso por la universidad estatal, porque aparte de enseñarme mi profesión, me mostró como era la mediocridad disfrazada de "conciencia social". Vi como los JJCC, que eran pocos, presidían federaciones de estudiantes, acaparaban las asambleas y acallaban cualquier opinión contraria. Se bailaba a su ritmo, y obviamente no tenían poco apoyo, porque cuando se es joven se tiende a ser más reaccionario. Al final, quienes éramos piola e ibamos a marchas por una razón justa (como alegar contra el CAE) estábamos rodeados de una retórica de mierda que solo hablaba de estar en contra de los pacos, los cuicos, etc. Eso aleja a cualquier moderado, incluso de izquierda, pero también atrae a incautos que necesitan canalizar sus frustraciones. Así que, para quienes dicen que "vemos comunistas en todos lados", probablemente no los haya, sean pocos, pero están puesto en posiciones estratégicas y se adueñan de la frustración legítima de la gente, sin peso alguno. Incluso vi como ya a mediados de los 2000 las JJCC buscaban adherentes entre jóvenes estudiante de media, de liceos públicos y técnicos principalmente. Y todo lo que cuento es a nivel de región. No me imagino como habrá sido al nivel de Santiago, Valpo, etc. No hay teorías conspirativas ni nada parecido al respecto.

Todo lo anterior lo digo porque la misma dinámica la vi para el 18O. Todo este proceso que para algunos era el "Despertar de Chile", para mí siempre tuvo ese tufillo que sentí en la época universitaria, por lo tanto siempre me dió mala espina. Me alegro que todo ese trabajo de más de 30 años haya recibido un portazo contundente de parte de la gente. Es reconfortante saber que hay una aplastante mayoría que no transa toda esta basura. Fue una sorpresa y me recobró la confianza en el pueblo chileno que solo estaba dormido y era opacado por esa gran masa, capitalinos fanáticos principalmente, que hacía más ruido con la complicidad de los medios de comunicación.

Ese 4S, sentí un gran alivio, como sacarse un peso de encima, pero por sobre todo, esquivamos una bala. Yo al principio no iba a ir a votar para el plebiscito de 2020 porque me parecía un show político, pero cuando una semana antes de las votaciones me leí la CPR para saber que tanta wea con la "Constitución de Pinochet", me quedó claro que estaban jugando con la gente y sus ilusiones y que la opción de reformar era la más sensata y moderada. Lamentablemente nunca se tomó en cuenta y nos llevaron a esta polarización.

Eso cilantros, necesitaba desahogarme ya que no había podido después del domingo y había estado tratando de ponerme al día en este tema. Esta wea no para. Es el pueblo de Chile vs los designios globalistas.
 
Imaginen que (...blablabla...)
Solo con iniciar así tu comentario ya te dejaste en evidencia que guardas cosas en tu recto como todo zurdo empobrecedor. La gente de derecha no andamos con ideales ni ilusiones, esas son cosas de los arbolitos fracasados que intentan escaparse consumiendo drogas.

La gente de derecha tenemos valores y vivimos en la realidad
 
El Apruebista y vendedordehumo Carlos Peña, sacó columna

Columna de Carlos Peña: La razón del fracaso"

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Para que no se repita hay que abandonar de una vez el simplismo y el reclamo justiciero, tomar algo de distancia (en vez de simplemente tomar partido) y reflexionar de una buena vez".

El resultado del plebiscito —y el fracaso consiguiente de la Convención— fue, como todas las cosas, el resultado de múltiples factores, pero entre ellos debe haber uno que refulge por sobre todos los demás. Y es que un fracaso tan flagrante y estrepitoso no puede ser la suma de pequeñas discrepancias. Uno de los rasgos de la vida social es que ella siempre tiene una forma de verse a sí misma y ver el mundo en derredor —a eso se le puede llamar cultura— y cualquier reforma o proyecto de cambio que aspire al éxito debe ser consonante con ella. En otras palabras, los grandes proyectos no pueden ir a contrapelo de la cultura.

Sin embargo, a partir de los hechos de octubre del año 2019 comenzó a cundir una visión simplista del Chile contemporáneo que reducía la casi totalidad del fenómeno social a un problema de desigualdad que solo podría remediarse —se dijo una y mil veces y lo reiteró poco antes de la derrota que se avecinaba el ministro Jackson— con el cambio constitucional. Chile rechazaba —se concluyó— el tipo de modernización que había emprendido en las tres últimas décadas.

El país, se decía, repitiendo los lemas contra el fascismo del Madrid del 36, sería la tumba del neoliberalismo. El proyecto constitucional, aunque no siempre sus detalles se inspiraran en esas ideas, quedó atado a ellas porque quienes lo promovieron (incluido el Presidente y sus ministros) las subrayaron una y otra vez. Esa fue la imagen con la que se vistió el proyecto.

Pero bastaba mirar las calles, el tono generacional de las performances, los grafitis, oír las demandas variopintas que se formulaban, asistir a la revuelta estudiantil (que sigue por estos días), ver los reclamos de veganos y ciclistas, todas demandas muy lejos de las reivindicaciones de clase, para advertir que desde octubre del 2019 se estaba en presencia de un malestar más complicado y difícil de entender de lo que sugería ese simplismo al que tantas personas, de derecha e izquierda, por temor o ignorancia, por oportunismo o lo que fuera, rectores, periodistas, conductores de televisión (que hoy solo se atreven a pronunciar lugares comunes), se sumaron.

En cambio, lo que se ha observado en Chile desde mucho antes de octubre (y conviene no olvidarlo para hacer frente a lo que vendrá) es un conjunto de procesos culturales asociados a la modificación en las condiciones materiales de la existencia: alta individuación de las nuevas generaciones y al mismo tiempo anhelos de comunidad; falta de orientación normativa o anomia que es fruto del cambio rápido que Chile experimentó; transformación de grupos antes proletarios en grupos medios que vieron en el consumo una experiencia de autonomía (y que temen retroceder a las carencias que guardan en la memoria); mayor conciencia de la diversidad de toda índole (étnica, sexual, de clase, de estilos de vida); anhelos de libertad en todas las esferas de la vida, pero al mismo tiempo deseos de alta regulación; temores medioambientales, etcétera.

Esas transformaciones culturales, por otra parte, coexisten con la necesidad de racionalizar la vida social y disciplinarla a fin de hacer posible el bienestar que se anhela.

Se trata del viejo problema (la sociología lo ha descrito una y mil veces) de la contradicción entre la espontaneidad de la vida que la modernización aún incompleta incentiva, por una parte, y la necesidad de disciplina y orden racional que reclama para funcionar, por la otra. Chile está en medio de esa contradicción.

Es cosa de mirar a los más jóvenes que anhelan elegirse y editarse al compás de sus deseos, pero al mismo tiempo saben que los espera la disciplina del trabajo, la racionalidad instrumental y el esfuerzo.

Creer que esa contradicción y esos problemas podrían resolverse, o comenzar a resolverse, o su conciencia apaciguarse, con un discurso simplista o un cambio constitucional que, en vez de articular esos problemas con una estructura capaz de procesarlos, simplemente los suma o los yuxtapone, como lo hizo el proyecto, adquiriendo de esa forma un aire New Age en buena parte del texto, fue un error intelectual y político que solo es de esperar que en lo que viene no se repita.

Pero para que no se repita hay que abandonar de una vez el simplismo y el reclamo justiciero, tomar algo de distancia (en vez de simplemente tomar partido) y reflexionar de una buena vez, y en serio, acerca de las transformaciones que Chile ha experimentado y acerca del sujeto social que ello ha originado.

Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/09/09/1072411/columna-carlos-pena-razon-fracaso.html
 
El Apruebista y vendedordehumo Carlos Peña, sacó columna

Columna de Carlos Peña: La razón del fracaso"

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Para que no se repita hay que abandonar de una vez el simplismo y el reclamo justiciero, tomar algo de distancia (en vez de simplemente tomar partido) y reflexionar de una buena vez".09 de Septiembre de 2022 | 07:17 | Por Carlos Peña51 El resultado del plebiscito —y el fracaso consiguiente de la Convención— fue, como todas las cosas, el resultado de múltiples factores, pero entre ellos debe haber uno que refulge por sobre todos los demás. Y es que un fracaso tan flagrante y estrepitoso no puede ser la suma de pequeñas discrepancias. Uno de los rasgos de la vida social es que ella siempre tiene una forma de verse a sí misma y ver el mundo en derredor —a eso se le puede llamar cultura— y cualquier reforma o proyecto de cambio que aspire al éxito debe ser consonante con ella. En otras palabras, los grandes proyectos no pueden ir a contrapelo de la cultura.


Sin embargo, a partir de los hechos de octubre del año 2019 comenzó a cundir una visión simplista del Chile contemporáneo que reducía la casi totalidad del fenómeno social a un problema de desigualdad que solo podría remediarse —se dijo una y mil veces y lo reiteró poco antes de la derrota que se avecinaba el ministro Jackson— con el cambio constitucional. Chile rechazaba —se concluyó— el tipo de modernización que había emprendido en las tres últimas décadas.

El país, se decía, repitiendo los lemas contra el fascismo del Madrid del 36, sería la tumba del neoliberalismo. El proyecto constitucional, aunque no siempre sus detalles se inspiraran en esas ideas, quedó atado a ellas porque quienes lo promovieron (incluido el Presidente y sus ministros) las subrayaron una y otra vez. Esa fue la imagen con la que se vistió el proyecto.

Pero bastaba mirar las calles, el tono generacional de las performances, los grafitis, oír las demandas variopintas que se formulaban, asistir a la revuelta estudiantil (que sigue por estos días), ver los reclamos de veganos y ciclistas, todas demandas muy lejos de las reivindicaciones de clase, para advertir que desde octubre del 2019 se estaba en presencia de un malestar más complicado y difícil de entender de lo que sugería ese simplismo al que tantas personas, de derecha e izquierda, por temor o ignorancia, por oportunismo o lo que fuera, rectores, periodistas, conductores de televisión (que hoy solo se atreven a pronunciar lugares comunes), se sumaron.

En cambio, lo que se ha observado en Chile desde mucho antes de octubre (y conviene no olvidarlo para hacer frente a lo que vendrá) es un conjunto de procesos culturales asociados a la modificación en las condiciones materiales de la existencia: alta individuación de las nuevas generaciones y al mismo tiempo anhelos de comunidad; falta de orientación normativa o anomia que es fruto del cambio rápido que Chile experimentó; transformación de grupos antes proletarios en grupos medios que vieron en el consumo una experiencia de autonomía (y que temen retroceder a las carencias que guardan en la memoria); mayor conciencia de la diversidad de toda índole (étnica, sexual, de clase, de estilos de vida); anhelos de libertad en todas las esferas de la vida, pero al mismo tiempo deseos de alta regulación; temores medioambientales, etcétera.

Esas transformaciones culturales, por otra parte, coexisten con la necesidad de racionalizar la vida social y disciplinarla a fin de hacer posible el bienestar que se anhela.

Se trata del viejo problema (la sociología lo ha descrito una y mil veces) de la contradicción entre la espontaneidad de la vida que la modernización aún incompleta incentiva, por una parte, y la necesidad de disciplina y orden racional que reclama para funcionar, por la otra. Chile está en medio de esa contradicción.

Es cosa de mirar a los más jóvenes que anhelan elegirse y editarse al compás de sus deseos, pero al mismo tiempo saben que los espera la disciplina del trabajo, la racionalidad instrumental y el esfuerzo.

Creer que esa contradicción y esos problemas podrían resolverse, o comenzar a resolverse, o su conciencia apaciguarse, con un discurso simplista o un cambio constitucional que, en vez de articular esos problemas con una estructura capaz de procesarlos, simplemente los suma o los yuxtapone, como lo hizo el proyecto, adquiriendo de esa forma un aire New Age en buena parte del texto, fue un error intelectual y político que solo es de esperar que en lo que viene no se repita.

Pero para que no se repita hay que abandonar de una vez el simplismo y el reclamo justiciero, tomar algo de distancia (en vez de simplemente tomar partido) y reflexionar de una buena vez, y en serio, acerca de las transformaciones que Chile ha experimentado y acerca del sujeto social que ello ha originado.

Fuente: Emol.com - https://www.emol.com/noticias/Nacional/2022/09/09/1072411/columna-carlos-pena-razon-fracaso.html
Me sigue sorprendiendo que este viejo csm no se haya ido a ofrecer a algún ministerio o cargo en el gobierno de sus niñes a los que por años les celebraba todo.
 
Debe estar lleno de "expertos constitucionalistas" zurdos po wn

Enviado desde mi SM-G950F mediante Tapatalk
Pero la wea no va ser elegida a dedo por Tellier.

Además, hay muchos más constitucionistas de peso en la derecha y centro, que en la izquierda. De hecho la única carta potente que le quedaría a la izquierda es Javier Couso, que como profesor es como pico (me hizo clases), pero es "famoso" porque siempre fue el brazo derecho de la Bachelet en temas constitucionales.

Domingo Lovera, del frente amplio no cuenta, ya que el ql hace clases de intro al derecho igual que Atria, no es constitucionalista.
 
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