Ahí hay varias cosas.
1) Cadem se debe volver a ganar la confianza. Los errores cometidos son injustificables (errar en 18 puntos hace que los estudios carezcan de seriedad). No obstante, se les debe dar cierto margen respecto de la absurda ley de veda a las encuestas.
2) El único mecanismo válido, legítimo y fiable es y serán las votaciones con voto obligatorio. No hay otra forma. Las encuesta no superarán jamás aquello y no podemos caer en el hechizo de las mismas; no se puede asumir la voluntad de los chilenos por encuestas, menos en cuestiones de primerísimo orden.
3) Ya en la encuesta (con las reservas que implica), tengo varias dudas. Ustedes saben más que yo para que me ayuden.
En la primera lámina se pregunta si se quiere iniciar un proceso constituyente para que Chile tenga una nueva Constitución ¿por qué no formular esa pregunta cómo 'quiere usted mantener o no la actual Constitución'?
Dejando eso de lado un momento, si a la primera pregunta se ha respondido afirmativamente, necesariamente se ha estado de acuerdo con: a) Un proceso constituyete; b) Que ese proceso desemboque en una nueva constitución. Entonces, ¿por qué luego (en la segunda lámima) se pregunta de nuevo por el resultado y, en este momento, se abre la posibilidad de respuesta de que la actual constitución (que, se supone, está descartada tácitamente al responder favorablemente la primera pregunta) sea modificada?
Esto me reafirma que la primera pregunta debe ser en función a la actual constitución, no respecto del proyecto nuevo; debe primero cuestionarse si se quiere mantener la actual constitución sin cambios, modificarla parcialmente o sustituirla. Una vez en el ámbito de la sustitución, se debe preguntar el mecanismo.
No seguir ese orden, según la encuesta, muestra que a septiembre de este año un 67% de los encuestados quiere dos cosas: (i) nuevo proceso constituyente y (i) nueva constitución (o sea, desechan la actual); pero, luego, la segunda lámina me dice que en realidad solo un 50% quiere nueva constitución y un 46% no quiere eso, sino reformar la actual. Para mí eso es contradictorio.
Y no es trivial lo anterior: en un comienzo los porcentajes en favor de una nueva constitución son abrumadores (67 vs 33 en septiembre), pero, luego, los porcentajes entre quienes desean solo modificar la actual constitución y los que quieren una nueva se estrechan casi hasta el margen de error.
4) En cuanto al mecanismo, creo que los porcentajes a favor de la convención mixta son suficientes como para no inquirir tanto como en la situación anterior.
Como sea, no debe asumirse que se quiere un nuevo proceso constituyente ni otra constitución. No hay que subestimar a Chile. Eso debe plebicistarse con voto obligatorio. Si Chile responde esa pregunta afirmativamete, pasaremos a las siguientes. ¿Eso es caro? ¿Engorroso? ¿Se somete a la población a estrés? Sí, pero es el destino político de Chile el que está en juego. Además, bien nos hace salir un poco de la superficialidad en las relaciones sociales en la que nos ubica el sistema democrático capitalista. Es hora de dejar matinales, netflix y telenovelas ( y porno). Debemos mantener este impulso político, pues es una oportunidad única para que a los chilenos no les vivan las vidas, de controlar al poder (no podemos descansar en el periodismo como único y supuesto agente contralor del poder) y de ser -o sentirnos al menos- dueños de nuestro país.