Daniel Pesina
Babos@
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Ya, voy a tirar esta idea porque nadie la comenta y es ridículo que sigamos haciéndonos los giles.
En Chile —y en todo el hemisferio sur— vivimos con un calendario emocional que no nos pertenece.
Todas nuestras “fechas importantes” vienen calcadas de Europa, especialmente de los celtas primero y del cristianismo después. Hasta ahí todo bien… salvo por un detalle chico: ellos viven al revés que nosotros.
Allá el invierno es en diciembre.
Acá el invierno es ahora.
Pero igual celebramos como si viviéramos en Escocia.
Por eso tenemos esta escena surrealista todos los años:
Navidad con nieve falsa, viejos pascueros abrigados a 30°, renos, pinos nevados… todo en pleno verano santiaguino.
Y lo peor: celebramos el “fin de ciclo” en diciembre, cuando para nosotros no pasa absolutamente nada astronómicamente relevante. Para ellos sí: es su solsticio de invierno, su noche más larga, su renacimiento del sol. Para ellos tiene sentido. Para nosotros es puro copy‑paste cultural.
En cambio, nuestro solsticio de invierno es HOY.
La noche más larga del año es HOY.
El renacimiento del sol es HOY.
El cierre de ciclo natural es HOY.
Los mapuche lo entendieron siempre: We Tripantu.
Los aymara también: Machaq Mara. (Año nuevo andino)
Los quechua: Inti Raymi.
Todos celebran el nuevo ciclo ahora, no en diciembre.
Los europeos también lo hacían: Yule (Celta)
Pero como acá nos llegó la versión cristianizada, lo rebautizaron como “Noche de San Juan” y quedó escondido bajo capas de catolicismo y supersticiones rurales.
Entonces, si somos honestos, nuestro verdadero Año Nuevo es hoy 21 de junio, no el 31 de diciembre.
Hoy es cuando el sol “nace de nuevo”.
Hoy es cuando empieza el ciclo de luz.
Hoy es cuando simbólicamente se cierra lo viejo y se abre lo nuevo.
Todo lo demás es herencia cultural mal adaptada.
Si celebramos Navidad con nieve en verano, ya es hora de asumir que también celebramos el Año Nuevo en la fecha equivocada.
Acá más info:
es.wikipedia.org
En Chile —y en todo el hemisferio sur— vivimos con un calendario emocional que no nos pertenece.
Todas nuestras “fechas importantes” vienen calcadas de Europa, especialmente de los celtas primero y del cristianismo después. Hasta ahí todo bien… salvo por un detalle chico: ellos viven al revés que nosotros.
Allá el invierno es en diciembre.
Acá el invierno es ahora.
Pero igual celebramos como si viviéramos en Escocia.
Por eso tenemos esta escena surrealista todos los años:
Navidad con nieve falsa, viejos pascueros abrigados a 30°, renos, pinos nevados… todo en pleno verano santiaguino.
Y lo peor: celebramos el “fin de ciclo” en diciembre, cuando para nosotros no pasa absolutamente nada astronómicamente relevante. Para ellos sí: es su solsticio de invierno, su noche más larga, su renacimiento del sol. Para ellos tiene sentido. Para nosotros es puro copy‑paste cultural.
En cambio, nuestro solsticio de invierno es HOY.
La noche más larga del año es HOY.
El renacimiento del sol es HOY.
El cierre de ciclo natural es HOY.
Los mapuche lo entendieron siempre: We Tripantu.
Los aymara también: Machaq Mara. (Año nuevo andino)
Los quechua: Inti Raymi.
Todos celebran el nuevo ciclo ahora, no en diciembre.
Los europeos también lo hacían: Yule (Celta)
Pero como acá nos llegó la versión cristianizada, lo rebautizaron como “Noche de San Juan” y quedó escondido bajo capas de catolicismo y supersticiones rurales.
Entonces, si somos honestos, nuestro verdadero Año Nuevo es hoy 21 de junio, no el 31 de diciembre.
Hoy es cuando el sol “nace de nuevo”.
Hoy es cuando empieza el ciclo de luz.
Hoy es cuando simbólicamente se cierra lo viejo y se abre lo nuevo.
Todo lo demás es herencia cultural mal adaptada.
Si celebramos Navidad con nieve en verano, ya es hora de asumir que también celebramos el Año Nuevo en la fecha equivocada.
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