WELCOME TO THE DOLLHOUSE (1995)
Dirección: Todd Solondz
Últimamente he estado viendo una película diaria, de todas las épocas y bien tarde en la noche, casi de madrugada, cuando nada más importa realmente. Quiero creer que suelo conectar mejor con casi cualquier tipo de material a esa hora

. Bueno, hoy vi esta que recuerdo haberme repetido en distintos momentos durante los 90, pero verla a esta edad y especialmente luego de tanto tiempo fue una revelación. Es un retrato oscuramente divertido sobre la crueldad de los cabros chicos y el dolor de no encajar, realizado en un tono que probablemente no podría hacerse ahora de la misma manera.
Cuenta la historia de una pendeja llamada Dawn que desde la primera escena tratan como el pico, en una secuencia que captura muy bien el terror y la vergüenza que sentiría una niña nerd hueveada por un grupo de gente en un ambiente como una cafetería ruidosa en medio del recreo. Lo interesante es que la película no busca que sintamos demasiada pena o empatía por ella, porque igualmente resulta ser bastante estúpida con personas que considera inferiores u odia por resentimiento, como su amigo cola o su hermana menor. Diría que es una representación de ese tipo de gente a las que tratan como las hueas, pero que no por eso se convierten necesariamente en personas buenas y/o sabias que logran romper esa cadena. Son personas que se cansan de estar siempre debajo, de ser constantemente vilipendiadas, y terminan atacando a otros que se encuentran peor con tal de ascender aunque sea un poco.
La razón por la que esta película me funciona totalmente, y quizás el principal motivo por el que en su momento tuvo cierto impacto, es porque los pendejos realmente se trataban así, se decían este tipo de weás constantemente, y la película no le hace el quite a eso. Hoy en día, al menos desde mi humilde punto de vista, siento que esto está más suavizado en el cine y la televisión en general. Es como si existiera una versión común, casi homogeneizada, de lo que entendemos por bullying en las películas. Como si supiéramos qué weás son realmente malas, pero nos dieran una versión más limpia e inofensiva que aceptamos, pero que a mí no logra transmitirme realmente cómo se siente vivirlo. Esta película en cambio es incómoda, con una cuota no menor de humor negro, porque después de todo estos son cabros que ni siquiera entienden el significado real de las palabras que usan. Simplemente son pendejos que aprendieron que eso es lo que hay que decir cuando quieres joder a alguien.
En una de esas estoy siendo algo ingenuo sobre cómo son los pendejos de esa edad (séptimo básico) y clase social (media) hoy en día, pero intuyo que algunas cosas de esta cinta podrían resultar chocantes para generaciones actuales. Quizás incluso peor que todos los insultos constantes y ese ambiente totalmente homofóbico noventero, es la parte de un pendejo llamado Brandon, una especie de delincuente flaite compañero de clases que acosa a Dawn con amenazas de violación. Por su falta de amor propio, ella reacciona con una especie de curiosidad ingenua medio horny. Lo digo en serio, pa mí esa weá es incluso más perturbadora que el tratamiento que se le da al tema de la violación en Straw Dogs de Peckinpah. Ellos comienzan a juntarse y pasar el tiempo juntos siguiendo un “juego” de que todo ocurre bajo una amenaza, y aunque en realidad el weón nunca le hace nada, todo resulta medio retorcido y también triste si tienes algo de empatía por el pendejo y piensas cuánto mejor podría ser su vida si simplemente tuviera las herramientas que le permitieran admitir que la cabrita le gusta y tratarla decentemente.
Si bien a medida que la historia va avanzando se vuelve cada vez más oscura, termina sintiéndose como algo entretenido y divertido. Porque como ya dije, no ignora el lado penca de la vida, sino que estos personajes son crueles entre sí por sus propias inseguridades, y la película se toma el tiempo de dejártelo claro. Entonces al final, aunque respire cinismo y venga de la escena indie de mediados de los 90, hoy más que nunca no me queda otra que admirarla profundamente por algo de lo que gran parte del cine de hoy suele carecer: honestidad.