Su exposición La casa de arena registra actualmente un récord de visitas en el Museu Europeu d’Art Modern de Barcelona.
Lorca posa con La Emperatriz al fondo | Foto de Ignacio Molina
Una joven pelirroja se acerca a
Guillermo Lorca en la primera sala del
Museu Europeu d’Art Modern. Lo felicita por la exposición. No quiere una foto ni un autógrafo: se presenta también como artista, menciona un trabajo en Milán y le muestra los tatuajes de su brazo derecho. Lorca se fija en uno de ellos, un tigre naranja y negro. Le pregunta por él.
A sus espaldas cuelga
La casa de arena, la pintura que da nombre a la exposición y recibe a quienes entran al recorrido. La muestra reúne cerca de quince años de su trabajo. En el cuadro aparece otro gran felino, junto a una niña, otros animales, muebles y espacios interiores.
La conversación dura unos minutos. Antes de seguir por las salas, la joven vuelve a felicitarlo.
Todo ocurre en el Palau Gomis, un edificio del siglo XVIII de la calle Barra de Ferro, en el Born de Barcelona. Sus techos altos, puertas de madera y muros que conservan las marcas del edificio antiguo rodean ahora los óleos de Lorca. La casa de arena ocupa estas salas hasta fines de septiembre y recorre distintos momentos de la carrera del pintor chileno, nacido en Santiago en 1984.
La respuesta del público podría incluso modificar esa fecha. “La exposición ha tenido récord de visitas. Así que está bueno. Estamos viendo la posibilidad de alargarla”, cuenta a BioBioChile.
A pocos metros del MEAM, en la calle Montcada, el Moco Museum mantiene un espacio dedicado a sus pinturas de gran formato. Allí sus obras comparten espacio con trabajos de Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Keith Haring y la recientemente fallecida Yayoi Kusama. En 2022 presentó allí Esplendor de la noche, una muestra individual que amplió la presencia de su trabajo en Barcelona.
En el MEAM, la joven del tigre será solo una de más de diez personas que se acercan a Lorca durante la conversación y la sesión de fotos para esta nota. Cambian las edades y los acentos. Algunos llevan reproducciones para que las firme; otros quieren una foto. Varios solo se acercan para felicitarlo o comentarle alguna obra. Lorca interrumpe varias veces la sesión, firma un print o dedica unos minutos a quien lo detiene.
“Es lindo ver que ya pase en otros países”, dice sobre ese reconocimiento. “Los lugares más random donde me ha pasado han sido Japón y Londres. Pero eso es por redes, obviamente”. En Chile ocurre con mayor frecuencia. “En Barcelona, por las exposiciones que tuve antes, en Moco y ahora esto, se conoce más la obra que mi cara. Entonces aquí es más tranquilo”.
Lorca pasa parte del año en Barcelona, pero vive entre varios países. Intenta volver a Chile dos veces al año. “Tengo mucha familia, amigos, entonces no puedo perder ese lazo. O sea, me dolería mucho perderlo, no ir para Navidad, por ejemplo”.
Mientras habla, los visitantes cruzan la primera sala. Algunos siguen hacia los otros cuadros; otros se detienen frente a La casa de arena. Otra persona se acerca a Lorca. La sesión de fotos se interrumpe una vez más. Él escucha, responde unas palabras y después vuelve al lugar donde estaba.
Guillermo Lorca frente a Sirena | Foto de Ignacio Molina
El origen de las criaturas
Fuera del taller, Lorca intenta compensar las horas de trabajo en soledad. Entrena, va al gimnasio y a veces juega pádel o tenis. Pero, sobre todo, busca compañía. “Soy muy sociable porque mi trabajo es solitario. Reflexiono mucho sobre distintas cosas, estoy mucho conmigo mismo y después, para mí, descansar es estar con gente”. Este día lleva una polera sin mangas, pantalones muy anchos y zapatillas deportivas. Del cuello le cuelga una cruz.
También ve cine, aunque últimamente le cuesta encontrar películas que lo entusiasmen. “El cine está difícil. Hay muchas cosas que están correctas, pero no terminan de ser buenas o emocionantes, o de tocarme”. La última que vio fue La Odisea, de Christopher Nolan.
“No me terminó de gustar porque encontré que el personaje principal no tenía su conflicto. Si era parecido o no al Odiseo original, eso me es irrelevante; la interpretación puede ser como la quieran hacer”.
Sí rescata algunas imágenes. Menciona al cíclope y el pasaje en que los hombres de Odiseo son transformados en cerdos. La mitología también ha ganado espacio en sus pinturas, aunque no todas las criaturas que aparecen allí proceden de esos relatos.
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