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Guerra del Beagle

Se dice que las condiciones climáticas el día que argentina iba a atacar eran tan nefastas en el estrecho de magallanes, y con lo amariconados que son los argentos, los hizo recular.
Los altos mandos se sorprendieron que pasaron las horas y no hubo ataque.

Recomiendo "el año que marchamos a la guerra" de guillermo parvex.


Como anécdota, el tío de mi mejor amigo siempre cue ta que cuando se topaban los barcos en el sur, las guerras de papas de barco a barco eran brutales :lol2: .
No le creo mucho al viejo culiao, pero puta que me causa gracia dicha hipotética situación :lol2:

 
segun analisis que he leido por ahi sumado al contexto y epoca, hubiese sido una guerra lenta y de desgaste. chile tenia la ventaja por ser el pais defensor(un general anciano por ahi en el tvn hace un tiempo afirmaba que el conflicto lo iban a manejar de manera asimetrica con fresquitas tacticas de guerrillas vietnamitas).
de haberse efectuado chile y argentina serian como paraguay y bolivia en cuanto al desarrollo.
PD: encuentro imbecil a los weones que se quejan por los gastos en disuacion (1-5% PIB) cuando las guerras son eventos carisimos que atrasan en decadas el desarrollo de las naciones, ademas de pitearse a generaciones enteras fisica y sicologicamente).
 
segun analisis que he leido por ahi sumado al contexto y epoca, hubiese sido una guerra lenta y de desgaste. chile tenia la ventaja por ser el pais defensor(un general anciano por ahi en el tvn hace un tiempo afirmaba que el conflicto lo iban a manejar de manera asimetrica con fresquitas tacticas de guerrillas vietnamitas).
de haberse efectuado chile y argentina serian como paraguay y bolivia en cuanto al desarrollo.
PD: encuentro imbecil a los weones que se quejan por los gastos en disuacion (1-5% PIB) cuando las guerras son eventos carisimos que atrasan en decadas el desarrollo de las naciones, ademas de pitearse a generaciones enteras fisica y sicologicamente).

Chile destina el 1,99% del PIB en defensa, el estándar exigido para paises OTAN es del 2%
 
Chile hubiera sido la tumba de miles de argentinos, muertos como ratas abandonadas a su suerte, luego la bota de lo grises hubiera desfilado en buenos aires :cool:

El que crea que gracias a la mediación papal argentina caritativamente no se lanzó a la aventura, o es una pobre palomita o es hijo de bubalones primos :sisi3:
El canciller Cubillos, negociador en el tema del Beagle siempre dijo: "yo negociaba sabiendo que Chile ganaba la guerra"
 
El canciller Cubillos, negociador en el tema del Beagle siempre dijo: "yo negociaba sabiendo que Chile ganaba la guerra"


El ataque argentino estaba planificado para las 22:00 horas del 22 de diciembre de 1978. Se iniciaría con el bombardeo naval y el posterior desembarco de los infantes de marina en la isla Nueva para luego seguir con la invasión de las islas Picton y Lenox, ubicadas en el canal Beagle en el mar austral chileno.

En la madrugada de aquel día, el comandante de la Escuadra Nacional chilena, oculta en los fondeaderos de guerra al interior de los canales del Cabo de Hornos, el vicealmirante Raúl López Silva, recibió un cable con una orden perentoria del comandante en jefe de la Armada, almirante José Toribio Merino: “Atacar y destruir cualquier buque en aguas chilena”.

Pocas horas antes, la Flota del Mar argentina, la FLOMAR, había zarpado de su base en la Isla de los Estados en el Atlántico, con rumbo al canal Beagle. La colisión de las dos fuerzas navales era inminente en las próximas horas.

La FLOMAR estaba integrada por un portaviones, un crucero, cuatro destructores, cuatro fragatas, dos corbetas y cuadro submarinos; la Escuadra Nacional formaba con tres cruceros, cuatro destructores, tres fragatas y tres submarinos.

Ambas flotas navegaban bajo muy malas condiciones climáticas sobre un mar embravecido y lluvias torrenciales. Eran las condiciones óptimas esperadas por el alto mando naval chileno. El vaivén constante hacía imposible el despegue de los 15 aviones que llevaba el portaviones “25 de Mayo”. Quedaría al margen de la batalla y a merced de los submarinos chilenos, por lo tanto debería ser protegido por otros buques de la FLOMAR que se restarían también del enfrentamiento principal.

La “Operación Soberanía”, como se denominaba el plan de invasión a Chile, pretendía invadir las tres islas mencionadas y varias otras de los alrededores. Paralelamente, el Quinto Cuerpo del ejército argentino, comandado por el general José Luis Vaquero e integrado por unos 15 mil efectivos y 200 tanques, acantonados en Río Gallegos, avanzaría sobre Puerto Natales, a sólo 15 kilómetros de la frontera, y de ahí continuaría hacia Punta Arenas y sus alrededores.

Al mismo tiempo, el Tercer Cuerpo, el más poderoso, comandado por el general Luciano Menéndez y con unidades emplazadas en Mendoza, Neuquén, Río Negro y Chubut, penetraría por alguno de los pasos fronterizos ubicados frente a Temuco, Valdivia y Puerto Montt; y también por el Paso Libertadores, con rumbo a Los Andes y Valparaíso. Menéndez, uno de los principales “halcones” de la dictadura militar trasandina, había asegurado que al mediodía estaría almorzando en Los Andes y en la tarde, al ponerse el sol, tomándose un whisky en las terrazas del Hotel Miramar, en Viña del Mar.

En el norte, frente a Coquimbo y La Serena, al mando del general Leopoldo Galtieri, esperaba el I Cuerpo, a la expectativa de ingresar a su vez hacia el territorio chileno.

En los últimos meses del invierno de 1978, de los casi 400 pasos que cruzan Los Andes comunicando a los dos países, sólo unos 60 estaban habilitados. Junto a ellos y desde fines de 1977 se habían concentrado grandes contingentes de tropas y máquinas de guerra.

Brigadas de alta montaña argentinas estaban situadas en la localidad trasandina de Chos-Malal, frente a los nevados pasos de Copulhue, Piocunleo y Pichachén, a la altura de Chillán y Concepción. La avanzada fronteriza de Puesco, 100 kilómetros de Pucón, era estremecida diariamente por los ejercicios de tiro que efectuaban la fuerzas de gendarmería argentina, reforzadas por tropas del regimiento de Caballería de Montaña y el Escuadrón 33 de Gendarmería de San Junín de Los Andes.

En San Carlos de Bariloche permanecían a la espera varias columnas de tanques Sherman y de artillería motorizada, apoyadas por centenares de mulas.


El alto mando chileno, por su parte, había reforzado las dotaciones militares desde Concepción al sur, concentrando blindados y tropas de elite en Temuco, Valdivia y Osorno. En ambos lados de la frontera se multiplicaba la formación de brigadas civiles. Unas pintaban con grandes cruces rojas los techos de hospitales y de escuelas. Otras habilitaban refugios y ensayaban evacuaciones masivas.

En Coyhaique se estructuraron brigadas de escombros, ante lo que se consideraba un inminente bombardeo de la ciudad. Se sucedían los ejercicios de oscurecimiento y el ulular de sirenas estremecía por las noches a los angustiados habitantes de las zonas fronterizas.

Desde fines de septiembre de ese año, los operadores de los radares del centro de control aeronáutico ubicado en la cumbre del cerro Renca, en Santiago, detectaban periódicamente el ingreso de aviones de guerra argentinos al espacio aéreo chileno. Cuando los cazas de la FACh levantaban vuelo desde sus bases en Santiago para salir a interceptarlos, las naves trasandinas retornaban a su territorio.

Las fuerzas militares chilenas instaladas en el norte del país se mantuvieron íntegras en sus destinaciones. Los altos mandos no descartaban una posible guerra simultánea con Argentina, Perú y Bolivia, la temida Hipótesis Vecinal Tres, la HV-3. También estaban listas para emprender lo que denominaban “un gancho de izquierda”, un ataque relámpago hacia el norte argentino rumbo a Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, situándose en la puerta norte de Buenos Aires.

Los estrategas y analistas criollos confiaban en el escalamiento continental del conflicto con Argentina. Los peruanos no podían descuidar su frontera norte, donde los ecuatorianos deseaban recuperar los territorios amazónicos que les arrebató el país del Rimac en 1941. También se esperaba una intervención de Brasil para evitar el expansionismo argentino.

El principal temor de los generales era la mermada capacidad de la FACh, muy afectada por la enmienda Kennedy que prohibió en 1976 la venta de armas y repuestos estadounidenses a Chile por el asesinato de Orlando Letelier en Washington en 1976. La fuerza área argentina, además, contaba con más del doble de los aviones de guerra chilenos, y con una evidente superioridad estratégica. Ellos disponían de bases muy cercanas a la cordillera a lo largo de toda la frontera y en cuestión de minutos podían estar sobre territorio chileno. Como Chile no estaba dispuesto a iniciar el fuego, disponían también de la iniciativa y eso, en la guerra aérea, puede resultar decisivo.

La FACh se había estremecida a fines de julio de 1978, cuando la Junta Militar destituyó a su comandante en jefe, el general Gustavo Leigh, y otros 17 generales se acogieron a retiro solidarizando con su jefe. Había asumido en su reemplazo el general Fernando Matthei.

El general Augusto Pinochet y los mandos del Ejército confiaban en la capacidad de la Armada, varios de cuyos y otros equipamientos bélicos buques habían sido renovados durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva. Cinco mil infantes de marina estaban desplegados en las islas australes amenazadas, esperaban contener la invasión argentina e iniciar una fulminante contraofensiva hacia la Patagonia trasandina.

Pinochet, basado en los planes estratégicos que había desarrollado la Academia de Guerra se preocupó durante gran parte de 1978 de preparar rigurosamente la infantería. Creía que la lucha sería larga y sangrienta, pero que finalmente se impondría sobre las tropas enemigas.

Lo mismo creía el canciller Hernán Cubillos, quien incluso afirmaría dos décadas después que estaba seguro que tras una prolongada guerra las fuerzas chilenas llegarían a invadir Buenos Aires
 
Si nos remontamos a la época de la Guerra del Pacífico, Chile por ese entonces no atacó a Argentina para asegurar o recuperar la Patagonia, que por aquel tiempo era territorio chileno, y se dedicó a guerrear contra Perú por un conflicto con Bolivia. Estos últimos pidieron el apoyo de Perú y Argentina, pero los narigones no quisieron meterse en la guerra porque sabían del poder del ejército chileno de aquel tiempo. En cambio, Perú, que no tenía ni siquiera fronteras con Chile, como no conocía al ejército nacional, fue a la guerra, siendo prácticamente violados en su propio territorio (véase el asedio a Lima). Por aquel mismo tiempo, Argentina pensó en que, como Chile tenía conflicto con los del norte, era más fácil ir al extremo sur y hacerse de esas tierras, y los que gobernaban, para no dañar las relaciones también con Argentina (y no convertir a toda Peronia en territorio chileno) les regalaron la Patagonia. Así fue como después los muertos de hambre se subieron por el chorro y quisieron apropiarse del territorio del sur de Chile por completo en la guerra del Beagle, pero Pinochet fue más inteligente y los hizo recapacitar. Si Chile hubiera recuperado la Patagonia cuando debió, la del Beagle ni siquiera se mencionara

Enviado desde mi VOG-L29 mediante Tapatalk
 
Aunque no tiene relación directa...adjunto lo indicado para los eventuales ignorantes y que en Chile abundan (fuente noticiosa y académica al final)

dHkkDlJ.png



Fuente noticiosa

Fuente académica
 
Se dice que las condiciones climáticas el día que argentina iba a atacar eran tan nefastas en el estrecho de magallanes, y con lo amariconados que son los argentos, los hizo recular.
Los altos mandos se sorprendieron que pasaron las horas y no hubo ataque.

Recomiendo "el año que marchamos a la guerra" de guillermo parvex.


Como anécdota, el tío de mi mejor amigo siempre cue ta que cuando se topaban los barcos en el sur, las guerras de papas de barco a barco eran brutales :lol2: .
No le creo mucho al viejo culiao, pero puta que me causa gracia dicha hipotética situación :lol2:


Eso lo hacían los marinos de nuestras torpederas, el caballero no le miente

minuto 47:50

 
Chile hubiera sido la tumba de miles de argentinos, muertos como ratas abandonadas a su suerte, luego la bota de lo grises hubiera desfilado en buenos aires :cool:

El que crea que gracias a la mediación papal argentina caritativamente no se lanzó a la aventura, o es una pobre palomita o es hijo de bubalones primos :sisi3:


El ejercito chileno estaba preparado para ser una maquina de fabricar heroes argentinos, no ibamos a capturar ningún prisionero de guerra, iban a ir directo a bolsas y fosas comunes.
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Se dice que las condiciones climáticas el día que argentina iba a atacar eran tan nefastas en el estrecho de magallanes, y con lo amariconados que son los argentos, los hizo recular.
Los altos mandos se sorprendieron que pasaron las horas y no hubo ataque.

Recomiendo "el año que marchamos a la guerra" de guillermo parvex.


Como anécdota, el tío de mi mejor amigo siempre cue ta que cuando se topaban los barcos en el sur, las guerras de papas de barco a barco eran brutales :lol2: .
No le creo mucho al viejo culiao, pero puta que me causa gracia dicha hipotética situación :lol2:


Es que en mar picado los Exocet argentinos no servían.
 
Última edición:
Si nos remontamos a la época de la Guerra del Pacífico, Chile por ese entonces no atacó a Argentina para asegurar o recuperar la Patagonia, que por aquel tiempo era territorio chileno, y se dedicó a guerrear contra Perú por un conflicto con Bolivia. Estos últimos pidieron el apoyo de Perú y Argentina, pero los narigones no quisieron meterse en la guerra porque sabían del poder del ejército chileno de aquel tiempo. En cambio, Perú, que no tenía ni siquiera fronteras con Chile, como no conocía al ejército nacional, fue a la guerra, siendo prácticamente violados en su propio territorio (véase el asedio a Lima). Por aquel mismo tiempo, Argentina pensó en que, como Chile tenía conflicto con los del norte, era más fácil ir al extremo sur y hacerse de esas tierras, y los que gobernaban, para no dañar las relaciones también con Argentina (y no convertir a toda Peronia en territorio chileno) les regalaron la Patagonia. Así fue como después los muertos de hambre se subieron por el chorro y quisieron apropiarse del territorio del sur de Chile por completo en la guerra del Beagle, pero Pinochet fue más inteligente y los hizo recapacitar. Si Chile hubiera recuperado la Patagonia cuando debió, la del Beagle ni siquiera se mencionara

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sorry por el audio me da paja escribir

 
Siempre debemos recordar y estar agradecidos de los paises que nos ayudaron, ya que en ese momento internacionalmente éramos parias gracias a las gestiones de la izquierda en el exilio.

EEUU, Inglaterra, India, Sudafrica, Israel, Brasil, etc.
 
Siempre debemos recordar y estar agradecidos de los paises que nos ayudaron, ya que en ese momento internacionalmente éramos parias gracias a las gestiones de la izquierda en el exilio.

EEUU, Inglaterra, India, Sudafrica, Israel, Brasil, etc.

Te falto Haiti, mal agradecido ctm

sin los exocet que desarrollaron hubiéramos estado hasta el pico
 
El papa no sirvio para nada, en realidad el conflicto se terminó con la renuncia y regalo de Chile a una serie de km2 del oceano, ya que Argentina no paró de exigir territorio que no era de él, y que no le correspondía bajo ninguna circunstancia, y Chile en vez de mandarlo a la chucha, con todas las de la ley, le hacia caso en todas.
 
Chile y Argentina, tienen una de las 3 fronteras mas largas del mundo, esto quiere decir que los combates hubieran sido mayoritariamente de guerrillas, siendo complejo someter al rival de manera total, lo que provocaría una guerra larga...

Argentina tenia un mayor armamento, pero con un recurso humano nefasto por la nula preparación, ademas tenían problemas de mando, en Argentina, no habia una sola cabeza que tomara las desiciones como aca con Pinochet, ademas de existir rencillas de poder en el alto mando...

Guerra compleja, pero a la larga ganable.
Los milicos en Argentina se les llama "Colimbas": Correr, limpiar, barrer. Esa es la formación básica que reciben en el SMO.

En la guerra de Malvinas mandaron a chicos de 18 años, pésimamente preparados, mal vestidos y con poca alimentación para el hostil clima de las islas, mientras los oficiales estaban bien abrigados y alimentados. Cuando llegó el momento de disparar, los casquillos se les atascaron al interior de los cañones de los fusiles por la humedad(No se les enseñó que había que hacer limpieza y engrase de los mismos).
 
Los milicos en Argentina se les llama "Colimbas": Correr, limpiar, barrer. Esa es la formación básica que reciben en el SMO.

En la guerra de Malvinas mandaron a chicos de 18 años, pésimamente preparados, mal vestidos y con poca alimentación para el hostil clima de las islas, mientras los oficiales estaban bien abrigados y alimentados. Cuando llegó el momento de disparar, los casquillos se les atascaron al interior de los cañones de los fusiles por la humedad(No se les enseñó que había que hacer limpieza y engrase de los mismos).


buen intento de excusa pero no es normal, en ninguna guerra, que se rinda un batallón completo casi sin pelear y en superioridad numérica.
 
Aunque no tiene relación directa...adjunto lo indicado para los eventuales ignorantes y que en Chile abundan (fuente noticiosa y académica al final)

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Fuente noticiosa

Fuente académica
Parte de una falsa premisa, la de que "a Chile le robaron un territorio". Chile jamas sufrio un "robo" o una derrota, Chile todos los territorios que ha perdido los ha REGALADO, corta :hands:
 
Pueden ver éste reportaje de Argentina, Brasil amenazó a la junta Argentina y mando amenazadoramente tropas de tanques al norte de Argentina para invadir en caso de guerra con Chile para tener salida al río de la plata además EEUU y la OTAN advirtió Argentina que ellos serían considerado los agresores
 
El ataque argentino estaba planificado para las 22:00 horas del 22 de diciembre de 1978. Se iniciaría con el bombardeo naval y el posterior desembarco de los infantes de marina en la isla Nueva para luego seguir con la invasión de las islas Picton y Lenox, ubicadas en el canal Beagle en el mar austral chileno.

En la madrugada de aquel día, el comandante de la Escuadra Nacional chilena, oculta en los fondeaderos de guerra al interior de los canales del Cabo de Hornos, el vicealmirante Raúl López Silva, recibió un cable con una orden perentoria del comandante en jefe de la Armada, almirante José Toribio Merino: “Atacar y destruir cualquier buque en aguas chilena”.

Pocas horas antes, la Flota del Mar argentina, la FLOMAR, había zarpado de su base en la Isla de los Estados en el Atlántico, con rumbo al canal Beagle. La colisión de las dos fuerzas navales era inminente en las próximas horas.

La FLOMAR estaba integrada por un portaviones, un crucero, cuatro destructores, cuatro fragatas, dos corbetas y cuadro submarinos; la Escuadra Nacional formaba con tres cruceros, cuatro destructores, tres fragatas y tres submarinos.

Ambas flotas navegaban bajo muy malas condiciones climáticas sobre un mar embravecido y lluvias torrenciales. Eran las condiciones óptimas esperadas por el alto mando naval chileno. El vaivén constante hacía imposible el despegue de los 15 aviones que llevaba el portaviones “25 de Mayo”. Quedaría al margen de la batalla y a merced de los submarinos chilenos, por lo tanto debería ser protegido por otros buques de la FLOMAR que se restarían también del enfrentamiento principal.

La “Operación Soberanía”, como se denominaba el plan de invasión a Chile, pretendía invadir las tres islas mencionadas y varias otras de los alrededores. Paralelamente, el Quinto Cuerpo del ejército argentino, comandado por el general José Luis Vaquero e integrado por unos 15 mil efectivos y 200 tanques, acantonados en Río Gallegos, avanzaría sobre Puerto Natales, a sólo 15 kilómetros de la frontera, y de ahí continuaría hacia Punta Arenas y sus alrededores.

Al mismo tiempo, el Tercer Cuerpo, el más poderoso, comandado por el general Luciano Menéndez y con unidades emplazadas en Mendoza, Neuquén, Río Negro y Chubut, penetraría por alguno de los pasos fronterizos ubicados frente a Temuco, Valdivia y Puerto Montt; y también por el Paso Libertadores, con rumbo a Los Andes y Valparaíso. Menéndez, uno de los principales “halcones” de la dictadura militar trasandina, había asegurado que al mediodía estaría almorzando en Los Andes y en la tarde, al ponerse el sol, tomándose un whisky en las terrazas del Hotel Miramar, en Viña del Mar.

En el norte, frente a Coquimbo y La Serena, al mando del general Leopoldo Galtieri, esperaba el I Cuerpo, a la expectativa de ingresar a su vez hacia el territorio chileno.

En los últimos meses del invierno de 1978, de los casi 400 pasos que cruzan Los Andes comunicando a los dos países, sólo unos 60 estaban habilitados. Junto a ellos y desde fines de 1977 se habían concentrado grandes contingentes de tropas y máquinas de guerra.

Brigadas de alta montaña argentinas estaban situadas en la localidad trasandina de Chos-Malal, frente a los nevados pasos de Copulhue, Piocunleo y Pichachén, a la altura de Chillán y Concepción. La avanzada fronteriza de Puesco, 100 kilómetros de Pucón, era estremecida diariamente por los ejercicios de tiro que efectuaban la fuerzas de gendarmería argentina, reforzadas por tropas del regimiento de Caballería de Montaña y el Escuadrón 33 de Gendarmería de San Junín de Los Andes.

En San Carlos de Bariloche permanecían a la espera varias columnas de tanques Sherman y de artillería motorizada, apoyadas por centenares de mulas.


El alto mando chileno, por su parte, había reforzado las dotaciones militares desde Concepción al sur, concentrando blindados y tropas de elite en Temuco, Valdivia y Osorno. En ambos lados de la frontera se multiplicaba la formación de brigadas civiles. Unas pintaban con grandes cruces rojas los techos de hospitales y de escuelas. Otras habilitaban refugios y ensayaban evacuaciones masivas.

En Coyhaique se estructuraron brigadas de escombros, ante lo que se consideraba un inminente bombardeo de la ciudad. Se sucedían los ejercicios de oscurecimiento y el ulular de sirenas estremecía por las noches a los angustiados habitantes de las zonas fronterizas.

Desde fines de septiembre de ese año, los operadores de los radares del centro de control aeronáutico ubicado en la cumbre del cerro Renca, en Santiago, detectaban periódicamente el ingreso de aviones de guerra argentinos al espacio aéreo chileno. Cuando los cazas de la FACh levantaban vuelo desde sus bases en Santiago para salir a interceptarlos, las naves trasandinas retornaban a su territorio.

Las fuerzas militares chilenas instaladas en el norte del país se mantuvieron íntegras en sus destinaciones. Los altos mandos no descartaban una posible guerra simultánea con Argentina, Perú y Bolivia, la temida Hipótesis Vecinal Tres, la HV-3. También estaban listas para emprender lo que denominaban “un gancho de izquierda”, un ataque relámpago hacia el norte argentino rumbo a Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, situándose en la puerta norte de Buenos Aires.

Los estrategas y analistas criollos confiaban en el escalamiento continental del conflicto con Argentina. Los peruanos no podían descuidar su frontera norte, donde los ecuatorianos deseaban recuperar los territorios amazónicos que les arrebató el país del Rimac en 1941. También se esperaba una intervención de Brasil para evitar el expansionismo argentino.

El principal temor de los generales era la mermada capacidad de la FACh, muy afectada por la enmienda Kennedy que prohibió en 1976 la venta de armas y repuestos estadounidenses a Chile por el asesinato de Orlando Letelier en Washington en 1976. La fuerza área argentina, además, contaba con más del doble de los aviones de guerra chilenos, y con una evidente superioridad estratégica. Ellos disponían de bases muy cercanas a la cordillera a lo largo de toda la frontera y en cuestión de minutos podían estar sobre territorio chileno. Como Chile no estaba dispuesto a iniciar el fuego, disponían también de la iniciativa y eso, en la guerra aérea, puede resultar decisivo.

La FACh se había estremecida a fines de julio de 1978, cuando la Junta Militar destituyó a su comandante en jefe, el general Gustavo Leigh, y otros 17 generales se acogieron a retiro solidarizando con su jefe. Había asumido en su reemplazo el general Fernando Matthei.

El general Augusto Pinochet y los mandos del Ejército confiaban en la capacidad de la Armada, varios de cuyos y otros equipamientos bélicos buques habían sido renovados durante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva. Cinco mil infantes de marina estaban desplegados en las islas australes amenazadas, esperaban contener la invasión argentina e iniciar una fulminante contraofensiva hacia la Patagonia trasandina.

Pinochet, basado en los planes estratégicos que había desarrollado la Academia de Guerra se preocupó durante gran parte de 1978 de preparar rigurosamente la infantería. Creía que la lucha sería larga y sangrienta, pero que finalmente se impondría sobre las tropas enemigas.

Lo mismo creía el canciller Hernán Cubillos, quien incluso afirmaría dos décadas después que estaba seguro que tras una prolongada guerra las fuerzas chilenas llegarían a invadir Buenos Aires
Era humillación garantizada, seguramente los rusos vendrian a webiarnos por ser tan choros.
 
Eso lo hacían los marinos de nuestras torpederas, el caballero no le miente

minuto 47:50



:lol3:


Te encargo un cebollazo en el mate :ohno: :lol2:
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Exacto.
Era exponer su mejor arma a pito de nada, además de la escolta que, por razones obvias, no habría podido entrar en combate, inclinando la balanza para Chile.

Objetivamente, yo creo que la decisión fue la correcta, aunque igual no deja de ser cierto que sus marineros estaban cagados enteros antes de zarpar :sisi3:
 
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