“Prefiero
no decir mi nombre. Estoy en Dicom y vine a pedir que estar en
Dicom no sea una condena. Lamentablemente, estar ahí no me ha dejado tener trabajo. Soy un
profesional joven, pero me ha costado. Yo siempre he tenido buenos sueldos en mis trabajos. Tal vez por eso me metí en los casinos a jugar. En algún momento eso se salió de control. El casino y el alcohol me dejaron
en la ruina en algún momento, endeudado y con un nivel de estrés que nunca había vivido. Los llamados de cobranzas eran todo el día, tuve que cambiar mi número de teléfono. Tenía
deudas millonarias con los bancos. Eso lo viví durante años. Muchas veces me iba directo del casino al trabajo. Nadie se daba cuenta, pero estaba súper mal”.
“Hasta que conocí a una persona que me sacó de todo eso. Ella no es chilena

. Nos casamos y tuvimos un hijo. Era una relación feliz. Hace un tiempo me
despidieron: 30 millones de pesos me dieron de finiquito. Le pasé toda la plata de mi finiquito a mi señora

para que ella la guardara, porque yo no la podía tener. Los bancos me iban a sacar mucha plata si yo la guardaba. Así que mi señora la guardó en su banco. Pero le descubrí una infidelidad, armé un
escándalo y le dije que nos separábamos, que me devolviera mi plata. Ahí me di cuenta cómo era ella realmente. Me dijo que había mandado la plata a su país y que tenía que velar por el
bienestar de su hija, que no me la iba a devolver. Así que ahora estoy sin plata, sin trabajo y en Dicom. Ojalá que con
Boric estar en Dicom deje de ser un impedimento para trabajar”.
La Moneda chica se ha convertido en un centro de peregrinaje: personas que quieren conversar, tocar, hablar, mirar a Boric, se dan cita allí.
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