Me gustaría escribir feliz, pero no lo es así...
Me dijiste que me amabas. Perdoné los errores que cometiste.
Sufrí por ti. Me la jugué. Te lo entregué todo. TODO...
Me destruiste solamente para volver a componerme nuevamente.
Desarmé todo lo que tenía para poder armarlo junto a ti.
Te entregué mi corazón con mucho miedo.
Lo tomaste y me hiciste el más feliz del planeta, solamente para luego y de pronto, sin avisar, aplastarlo entre tus dudosas manos.
Te pregunté si estabas segura y siempre dijiste que si. Me lo aseguraste. Sé que no juras, pero lo prometiste.
Me dañaste de la forma en que no quería que lo hicieran nuevamente.
Creo que esta será la última.
Cuando se me quiten las ganas de tomar que he tenido los últimos 3 días, voy a comenzar a pensar solamente en mi.
Gracias por mostrarme que la felicidad existe.
Y gracias por dejarme la advertencia de que es inevitablemente temporal.