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Culiad@
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A qué le llamas emprender? A la empresa en qué suben el sueldo mínimo 10 lucas y reclama que van a tener que cerrar porque tienen que subir los sueldos de sus empleados?...
Repiten el discurso de los weones que tienen el poder de que los impuestos son un robo, pero ahí están de lo más bien alterando sus visitas a las asistentes sociales para obtener beneficios estatales como gratuidad, fondo solidario, becas, manutención de alimentos, alguna wea que pueda caer de papá estado, pero se llenan la boca con el discurso con que los impuestos son un robo y que los logros sociales como las 40 horas no benefician en nada y son los primeros que se van de la oficina porque "no les pagan lo suficiente y su sueldo no concuerda lo que le producen a la empresa" y esa wea no me la cuentan porque está llenísimo de ese tipo de aweonaos...![]()
Estimado,
Gracias por tu comentario. Se nota pasión, pero falta precisión. Cuando hablamos de emprender no nos referimos al caricatureo simplista del “empresario miserable que reclama por 10 mil pesos”. Emprender significa asumir riesgo: endeudarse, invertir, competir, cumplir regulaciones, sostener un negocio cuando los números no dan y, sobre todo, pagar primero al Estado, luego a los trabajadores, y recién al final —si queda algo— al dueño.
A eso se le llama responsabilidad, no victimización.
Ahora, sobre los impuestos e incentivos.
Me acusas de repetir “discursos de poder”, pero curiosamente tu argumento descansa en la idea de que el Estado debe financiar a unos usando los recursos de otros. No cuestiono los beneficios sociales, son necesarios en cualquier democracia moderna, pero la ecuación es simple:
Sin quienes producen, no hay quien financie el sistema.
No hay gratuidad sin impuestos, no hay subsidios sin recaudación, no hay Estado sin actividad privada. Es matemática fiscal, no ideología.
Respecto al supuesto trabajador mártir que critica la empresa y corre a cobrar beneficios.
Ese comportamiento existe, claro. Pero también existe el trabajador que quiere mejorar, que quiere ganar más por mérito, productividad y aporte. Reducir toda la discusión a “los empresarios lloran” y “los trabajadores tienen razón porque sí” no es análisis, es propaganda.
Sobre las 40 horas.
La política pública se evalúa por impacto, no por intención. Si el ajuste mejora productividad y calidad de vida: excelente.
Pero si el resultado es:
- menos contratación,
- más informalidad,
- horarios reducidos,
- costos aumentados transferidos al consumidor,
entonces la pregunta no es “¿quién gana?”, sino “quién paga la diferencia”.
Y hasta ahora, la experiencia internacional muestra que cuando la regulación supera la capacidad real del mercado, los efectos secundarios los paga el trabajador común, no el legislador que la firmó.
En síntesis:
Tu postura es legítima, pero incompleta. No podemos construir un país sólido desde la lógica del “Papá Estado resolverá” ni desde el relato donde todo empresario es explotador y todo trabajador es víctima.
Chile necesita desarrollo, no trincheras ideológicas.
Cuando quieras debatimos con cifras, productividad y modelo económico comparado.
Ahí se verá si hablamos de realidad o de consignas.





