Historias dieciocheras tengo un montón, la mayoria jugos de corte rural, borracheras, estupideces de madrugada, carreras policiales y paso a disposición del tribunal (como pasajero sí). El jugo dieciochero más ridículo creo que la conté acá, fue una vez que empezamos carreteando un viernes en la noche en Tomé-Concepción y terminé el domingo yo solo a las 12 del día despertando en la plaza de armas de Chillán con unos canutos cantando y predicando en la esquina. Tengo flashes tomando en un campo, en una camioneta jugando dominó y comiendo pollo un dia en la tarde, pero no recuerdo muy bien cómo llegué ahí.