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Era que no! Se acusa de maltrato y pitutos en el Museo de la Memoria

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Denuncias en la ACHS e Inspección del Trabajo
Los reiterados antecedentes de maltrato laboral y nepotismo que recaen sobre el Museo de la Memoria



Trabajadores denuncian malos tratos desde 2012 y apuntan a un círculo de jefaturas encabezado por Fanny Santander, donde también se menciona a María Luisa Ortiz, hermana de Estela Ortiz. En cuanto el nepotismo, se acusa la reciente contratación de Francisca Dávalos, quien es hija de Michelle Bachelet, la ex Presidenta y miembro del Directorio.



Hostigamiento, malos tratos y nepotismo dentro del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es lo que acusan varios ex trabajadores del recinto. Un ambiente laboral que se arrastra, según documentos a los que accedió Interferencia, desde hace años, y que incluyen ingresos por enfermedades laborales producto del estrés en la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), denuncias internas y en la Inspección del Trabajo.

Las víctimas de hostigamiento laboral apuntan a una “cultura del maltrato laboral” dentro del Museo, la cual se debe principalmente a las acciones de las jefes de área Fanny Santander, de Administración; María Luisa Ortiz, hermana de Estela Ortíz, y de Colecciones; y Alejandra Ibarra, de Extensión; además de Pamela Ipinza, diseñadora, entre otras personas que son las mencionadas como quienes han ejercido mayores grados de maltrato.

Este ambiente enrarecido llegó a ser insostenible para el área de Comunicaciones del Museo, donde terminaron renunciado todos los trabajadores en el curso de un año, dadas enfermedades laborales relacionadas al ambiente laboral y con cartas de renuncia denunciando estos hechos.



El testimonio de una trabajadora dijo:
“El Museo para mí ha sido uno de los trabajos más importantes en mi vida. Me conectó con mi vida y con mi familia, pero empecé a ver ciertas inconsecuencias dentro del Museo como los tipos de tratos, las reuniones donde no se respetaba la diversidad y se trabajaba con falta de profesionalismo", cuenta Paula Sánchez, quien fue la encargada de Comunicaciones del Museo entre 2018 y 2021 y que renunció el año pasado.

"Creí que podía hablar con profesionales para cambiar esas conductas y trabajar el clima. Pero, de pronto, me vi como una persona atacada, recibiendo malos tratos, donde todo el mundo me decía que no hacía bien la pega. Todo eso comenzó a ser bastante sistemático, era todos los días. Uno llegaba con presentaciones y tenías críticas que no eran constructivas”, explica la ex trabajadora.

Sánchez cuenta que tras un incidente ocurrido en 2019, con una compañera de trabajo que la acusó de haberla golpeado y donde posteriormente las cámaras de seguridad comprobaron que no era cierto, el trato hacia su persona y su equipo, empeoró. En medio de esa investigación, las imágenes de las cámaras demoraron en liberarse, según Sánchez, porque la persona encargada de las imágenes de seguridad es pareja de una de las personas denunciadas por malos tratos.

En paralelo, la comunicadora cuenta que recibió críticas constantes provenientes de personas que llevaban años ligados al Museo y con fuertes nexos con líderes de la Ex Concertación.

Sánchez agrega que debido a este ambiente, a fines del 2020 uno de los trabajadores del área de Comunicaciones renunció. Luego, en mayo del 2021, le siguió otro profesional, mientras que otro periodista se encontraba con licencia en junio del 2021, también por hostigamiento.

“Enfrentarse a esta cosa fue lo que me fue enfermando. Siempre creí que lo podía cambiar. Tenía ese espíritu de que ‘tengo la posibilidad’, ‘conozco la historia’, ‘puedo generar un enlace entre la gente joven y quienes vivieron la dictadura’, pero pequé de ingenua porque la situación adentro estaba muy deteriorada", cuenta Sánchez.

El hostigamiento generó en Sánchez una crisis que la terminó llevando al hospital de la ACHS en mayo del 2021. La resolución respecto a su estado de salud en esa ocasión fue emitida después, en junio del 2021; definiendo que el evento constituía una “enfermedad laboral” y mandatando al Museo a “generar cambios en el puesto de trabajo. Y continuar manejo en ACHS de su región, por condiciones organizacionales hostiles”.

Esta resolución de la ACHS se suma a una denuncia en la Inspección del Trabajo por acoso laboral, realizada por Sánchez.




Finalmente, en junio del 2021, la comunicadora solicitó llegar a mutuo acuerdo con el Museo para el término de su contrato. Lo hizo a través de una carta que envió al director del Museo, Francisco Estévez, con fecha 30 de dicho mes, donde describió su situación.

“Nada de esto puede parecerle una sorpresa, ya que con anterioridad a mi llegada ya había historia de situaciones parecidas debido al mal clima, el favoritismo existente de unos por sobre otros, la inequitativa repartición de los presupuestos, la falta de evaluación de competencias y proyectos, los privilegios en sueldos y proveedores, entre otras faltas de transparencias que permiten que se produzcan estas situaciones de abusos”, dice parte de la carta.

Este ambiente enrarecido llegó a ser insostenible para el área de comunicaciones del Museo, donde renunciaron todos los trabajadores en el curso de un año, dadas enfermedades laborales relacionadas al ambiente laboral y con cartas de renuncia denunciando estos hechos.


El equipo de Comunicaciones dijo:
La carta a Estévez no tuvo efecto positivo alguno en contener los malos tratos, pues -según Sánchez y otros ex trabajadores consultados para este reportaje- el liderazgo del director es débil y su actuar obsecuente frente a quienes ejercen el acoso. Por el contrario, “se profundizaron las interrupciones en las pautas, se generaron rumores y difamaciones sobre mi desempeño, y hostigamiento reiterado para realizar tareas más allá de mis competencias”, explicó en su carta la periodista.

De todos modos, tras la misiva, Sánchez pudo llegar a un acuerdo para la finalización del contrato de trabajo. Sin embargo, su equipo, ya fuertemente dañado, finalmente terminó por salir en su totalidad del Museo, a través de varias renuncias voluntarias.

Tres meses después, en septiembre del año pasado, otra trabajadora de la misma área del Museo interpuso una denuncia en la ACHS por sobrecarga laboral y estrés, que fue aceptada por la ,mutual, aunque finalmente, la trabajadora también optó por renunciar a su trabajo.




Otro trabajador del Museo, en un correo enviado a sus compañeros al renunciar el año pasado, expone los problemas de ambiente laboral y hostigamiento en la institución.

“El tema del mal trato y las malas prácticas al interior de la institución es un secreto a voces entre les trabajadores del Museo, y que se arrastran hace ya varios años, sin embargo, al respecto son escasas las denuncias realizadas, lo que nos habla de la inexistencia de mecanismos seguros y efectivos de denuncia”, escribió el ex trabajador al renunciar, en octubre de 2021.

El mismo trabajador, quien solicitó resguardo de su identidad, indica a Interferencia que para él se hizo insostenible presenciar de manera habitual situaciones de maltrato en diversas áreas del Museo.

“Yo no he visto motivaciones ni intenciones claras de parte de las jefaturas ni tampoco de la dirección ejecutiva, a cargo de Estévez, por promover el buen trato y las relaciones sanas de convivencia en la institución. Desde la base, desde los trabajadores, se tratan los temas latentes, pero no de parte de las jefaturas”, explica.


Un comentario que se repite entre las personas que conversaron con Interferencia es la contradicción que hay entre el respeto a los derechos humanos que promueve el Museo y el respeto a los trabajadores y -en general- entre las personas.

“Yo tomé la decisión de salir porque era incompatible lo que profesaba mi quehacer profesional con lo que estaba ocurriendo en el trabajo. Te llevan a ser un cómplice pasivo de la vulneración de los derechos de los trabajadores. Por un lado se promueven los derechos humanos y por otro hay vulneración a los trabajadores”, opina un ex trabajador, que pidió resguardo de su identidad.

Hay documentos que sustentan que al menos desde hace diez años, hay antecedentes de eventos de maltrato a trabajadores, según lo que pudo acceder Interferencia.


Evidencia de históricos malos tratos dijo:
Todas las personas que accedieron a contar su experiencia laboral en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, coincidieron en que esta situación de mal ambiente laboral, maltrato y hostigamiento, es un fenómeno que a la interna viene arrastrándose desde hace años.

En efecto, hay documentos que sustentan que al menos desde hace diez años, hay antecedentes de eventos de maltrato a trabajadores, según lo que pudo acceder Interferencia.

Un ejemplo es una carta de octubre de 2012, dirigida al entonces director del Museo, Ricardo Brodsky, de parte de Concepta Consultores, una empresa externa que colaboraba en labores de finanzas y contabilidad. La misiva expresa que sus trabajadores “manifiestan haber sido objeto de maltratos verbales y comportamientos agresivos inadecuados por parte de la Sra. Fanny Santander”.

De acuerdo a la carta, el trato fue insostenible para la primera trabajadora de la empresa contratista, asignada al proyecto con el Museo, misma situación que acaeció con su reemplazo, un trabajador que también decidió dejar sus labores con el Museo y volver a la oficina de su empresa. En la misiva, la empresa de consultores informa que sus abogados están analizando la situación de sus trabajadores, sin embargo, solicitan una intervención del director del museo antes de judicializar el caso.







Otro antecedente corresponde a dos años después, en 2014; se trata de una carta de renuncia de una trabajadora de iniciales A.M., dirigida a la coordinadora general del Museo de entonces, María José Bunster, en la cual señala a Fanny Santander, encargada de Administración y Finanzas, como una persona que ejerció hostigamiento hacia su persona.

“Mi renuncia fue por motivos de tranquilidad personal, ya que, el ambiente laboral no era grato, los constantes gritos, los malos comentarios referidos a otras personas, y la forma tan prepotente de ser de la Sr. Fanny. Son cosas que durante el día a día agotan a una persona, tanto emocional como psicológicamente”, indica la carta





En 2016, otra trabajadora del Museo, de iniciales C.M.B.M, decidió realizar una constancia en la Inspección del Trabajo de Santiago, registrada el 28 de agosto de ese año, donde también hace referencia a situaciones de acoso laboral de parte de Santander y de otras jefaturas que decide no individualizar.

En ella, se registra que la trabajadora “declara que constante y continuamente viene sufriendo acoso y hostigamiento por parte de su jefatura directa y en algunos casos se respaldó por la jefa de Administración y Finanzas y otros colegas del área de Educación, que son cómplices con dicha persona”.





En mayo del 2017, una carta del Sindicato N°1 del Museo hace referencia a la denuncia de otra funcionaria, de iniciales N.M., quien también denunció maltrato laboral ante la Inspección del Trabajo. En su carta, dirigida a Estévez, el sindicato manifiesta preocupación por conductas “repetitivas” por parte de Santander.

Sin embargo, los documentos indican que estas conductas se repiten en otros espacios del Museo y por parte de otras jefaturas.

Un documento de una consultoría externa realizada por el consultor Adolfo Estrella, de agosto del 2018, manifiesta la inconformidad de los trabajadores del Museo respecto al hostigamiento y ambiente laboral en la institución. La presentación Power Point, a la que tuvo acceso Interferencia, indica que entre los grandes temas que plantearon los trabajadores, está -justamente- el “maltrato” y “conflictos”.

Dentro del ítem “Maltrato”, se enlistan situaciones como: “Malos tratos al interior de la institución”, “Naturalización de los malos tratos”, “Temor a decir lo que se piensa”, “Temor hacia algunas jefaturas” y “Falta de respeto profesional”.

Más adelante, el mismo informe señala que “la organización mostró malestar institucional y vínculos dañados y debilitamiento de las confianzas. Manifestó una importante distancia entre lo que la institución exige a sus trabajadores y lo que ofrece a cambio. Y demandó una rotunda intervención institucional”.

Otra carta de marzo de este año, también del mismo sindicato y dirigida al director del Museo y a la presidenta del directorio, María Luisa Sepúlveda, hace mención al ambiente laboral dentro de la institución.


“Hacemos llegar a usted, una serie de requerimientos, opiniones y aprehensiones, surgidas por les trabajadores sindicalizades del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, a raíz de las permanentes denuncias por maltrato y/o acoso laboral ocurridas dentro de la institución”, señala la carta.

“Existe una opinión generalizada respecto a la falta de transparencia para abordar estas temáticas, mal manejo de las denuncias y sus resoluciones, tanto con las partes involucradas, como con los equipos afectados, además de tratos desiguales entre funcionaries sin criterios establecidos, lo que conlleva a sentimientos de impunidad, vulnerabilidad e injusticia dentro del espacio laboral”, agrega la misiva.

Dentro del ítem “Maltrato”, se enlistan situaciones como: “Malos tratos al interior de la institución”, “Naturalización de los malos tratos”, “Temor a decir lo que se piensa”, “Temor hacia algunas jefaturas” y “Falta de respeto profesional”.


La huída de nueve practicantes dijo:
La última situación polémica respecto al ambiente laboral en el Museo ocurrió el año pasado. En paralelo a las renuncias del área de Comunicaciones, en agosto del año pasado, un grupo de cerca de nueve practicantes del área de Memoria y Feminismo, todas mujeres, salieron del Museo acusando malos tratos. Muchas, perjudicadas frente a la pérdida de su práctica laboral, tuvieron que buscar rápidamente otro lugar de trabajo para no perder el semestre.

Según les informó el Museo, dos jóvenes no cumplían “con el perfil del cargo”, aunque ellas acusan que esta decisión se dio tras debatir acaloradamente en una reunión de trabajo con Pamela Ipiniza, diseñadora. Las mismas dos pasantes que hablaron en la reunión fueron despedidas, y ante esto, el resto de sus compañeras renunció. En un comunicado que sacó el grupo de jóvenes, afirman que fueron tratadas “con tono autoritario” y que se les exigían horarios de reuniones que no coincidían con sus horarios, consultados cuando empezaron a trabajar en la institución.

Una de las ex practicantes, que también pidió reserva de su identidad, afirma que fue Ipinza, una de las funcionarias que es parte del comité de Buen Trato, quien ejerció hostigamiento al grupo de pasantes.

“Sentimos que el Museo está instrumentalizando el feminismo, la memoria y los derechos humanos”, señaló la ex pasante.


Nepotismo dijo:
Un punto que se repite en las cartas de renuncia de algunos de los ex trabajadores son las acusaciones de nepotismo por parte del equipo más antiguo del Museo, ligado a la ex Concertación y a familias conocidas como familiares de víctimas de la dictadura.

El Museo fue una iniciativa del primer gobierno de Michelle Bachelet, y varios de sus conocidos trabajan ahi o en su Directorio, el que es una entidad privada sin fines de lucro que recibe fondos estatales. Bachelet, según la web actualizada del Museo, permanece como miembro del Directorio del Museo.

En tanto, una de las últimas contrataciones del Museo fue la de una de las hijas de Michelle Bachelet, Francisca Dávalos Bachelet, como encargada de relaciones internacionales, según aparece en la página web del Museo..

Cabe mencionar que el Directorio está conformado por 15 personas, varias de ellas vinculadas a los gobiernos de la ex Concertación. Tal es el caso de Marcia Scantlebury, militante del Partido Socialista y jefa de prensa de Ricardo Lagos y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. También el de Carolina Tohá, una de las fundadoras del Partido por la Democracia (PPD) y con participación en el gobierno de Lagos como subsecretaria General de Gobierno y posteriormente ministra Secretaria General de Gobierno durante el primer mandato de Bachelet.

Las redes de influencia llegan también a María Luisa Ortíz, quien es hermana de Estela Ortíz, esposa e hija de víctimas de la dictadura. Estela Ortíz es una conocida cercana de Bachelet, amigas desde hace años. Estela también es madre de Javiera Parada- ex militante de Revolución Democrática y quien apoyó a Ignacio Briones, de Evópoli, en las primarias de la derecha, el año pasado- y de Camilo Parada, quien fue candidato a la Convención Constituyente, y quien hoy es encargado de producción del Museo.
El rol de Estévez dijo:
Para los trabajadores y trabajadoras del Museo de la Memoria, Francisco Estévez, el director ejecutivo, ha sido un actor clave en permitir que haya jefaturas maltratadoras y acosadoras, aún cuando reconocen que él, personalmente, no es maltratador.

Esto, pues son varias las denuncias ocurridas durante su periodo como director ejecutivo de la institución en los últimos cinco años, sin que haya habido ninguna medida disciplinaria en contra de las jefaturas acusadas.

El periodo de Estévez en la dirección ya está por llegar a su fin, pues ya cumplió los cinco años correspondientes en el cargo, pese a un extensión por uno más que se le concedió hace unos meses. Según fuentes de la institución, luego de esa prórroga, Estévez ya dejará el cargo.

Consultado por este tema, Estévez declinó comentarlo a Interferencia y aseguró que era un comité con miembros del directorio quienes evaluaban los casos de hostigamiento y maltrato. Esto, a pesar de que las cartas de renuncia, los informes de la ACHS y varios de los documentos a los que tuvo acceso esta redacción hacen referencia a que el director conocía estos casos, pues van con copia a él.

Interferencia intentó comunicarse con el comité mencionado por Estévez, sin suerte.



Zelda

 
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