RaccoBinLaden
Plasta
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- 2019/10/29
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A la oficina llegó una compañera nueva de trabajo. Se veía simpática de carácter hasta que fuimos cachando sus opiniones políticas, llenas de prejuicios y moral deconstruida.
Las primeras semanas fuimos varias veces a tomarnos un café (sin leche). Además, usaba la misma línea de Metro que yo, y a veces coincidíamos a la salida y nos íbamos conversando.
Pero caché que su lenguaje corporal era medio compungido, se hacía problemas para saludar, para despedirse, para ubicarse en el espacio, para mirar a la cara, etc.
Una tarde, en el metro, guardó una enorme distancia y le pedí que se acercara más porque no escuchaba qué mierda hablaba, y se negó. Al llegar a su estación, en vez de ponerme la cara para despedirse, me puso el pelo.
Le dije que parara su weá y que yo era de una generación que nunca se hizo problema por leseras y que no iba a aceptar más que me hiciera sentir como un potencial acosador, y la mandé a la mierda.
Las primeras semanas fuimos varias veces a tomarnos un café (sin leche). Además, usaba la misma línea de Metro que yo, y a veces coincidíamos a la salida y nos íbamos conversando.
Pero caché que su lenguaje corporal era medio compungido, se hacía problemas para saludar, para despedirse, para ubicarse en el espacio, para mirar a la cara, etc.
Una tarde, en el metro, guardó una enorme distancia y le pedí que se acercara más porque no escuchaba qué mierda hablaba, y se negó. Al llegar a su estación, en vez de ponerme la cara para despedirse, me puso el pelo.
Le dije que parara su weá y que yo era de una generación que nunca se hizo problema por leseras y que no iba a aceptar más que me hiciera sentir como un potencial acosador, y la mandé a la mierda.
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